White Song


~White Song~
Yes on and on falls the snow, like diamonds from the sky
Our broken hearts – paint them white, lead us into a wonderland
Pure as the snow – virgin white, a new beginning
I hope snow will fall upon us soon, everywhere
The whole world veiled in white
I’d be reset to face the seasons once again

Estado: Relajada
Música que escucho: Expired Lover (Emily Kinney)
Download: Nada…

Endless Story: Esta vez traigo un episodio titulado “La reine des neiges“…


Dormitorio de cuatro paredes tapizadas en color beige, suelo forrado con baldosas del mismo color con pinceladas abstractas en blanco; muebles de un oscuro marrón brillando en barniz, placar espacioso, un escritorio junto a un sillón de almohadillas salmón frente a una gran ventana cuyas cortinas acromáticas ocultaban la vista al Canal Rideau, una cama de dos plazas cubierta con mantos blancos entre dos mesitas de luz.

Abrió el porta mascota soltando a su gato blanco Lüdérc apenas llegó a la habitación, liberado en un espacio amplio y cómodo, atendido con alimento y caricias, el animal no tardó en calmar los nervios y el estrés del largo viaje. Un empleado le facilitó una caja con piedritas para sanitario de este. De rodillas sobre el suelo se quedó, para en ese bajo nivel poder mimar a su bola de pelos que se encontraba en proceso de llenar el estómago vacío.

-Señor afortunado, debe estar complacido con el destino que le ha dado buena compañía de recamara.-, dijo desviando la mirada del felino hacia el pajarito petirrojo, con quien a falta de más habitaciones compartiría. Temporada alta, Château Laurier explotaba en fama. –Lo supongo muy conforme, por su rápida aceptación, o hubiera ido en busca de un solitario cuarto en algún otro hotel… Yo tampoco me quejo, mientras usted esté a mi lado no sufriré pesadillas.-, agradeció el grato descanso que había disfrutado en el vuelo gracias al refugio de las cálidas alas del ave demoniaca.

-Supongo que no planea ir al restaurante vestido informal…-, cuestionó sabiéndolo desprovisto de equipaje, gateando se acercó al pelirrojo que se encontraba sentado sobre el níveo lecho. –Además, quedó algo manchadito…-, agregó volviendo su tono de voz meloso, abriéndole en un repentino movimiento brusco las piernas, contemplando en ese ángulo el color blancuzco sobre la tela negra, en una pose felina y cercanía tal para crear la ilusión de ser una leona lista para seguir devorando…

Tras unos segundos de sexual suspenso sacó del bolsillo unos billetes, y enrollados los dejó coquetear medio colándose bajo presión de las prendas inferiores contra la piel del hombre, como si estuviera pagando a un bailarín erótico. –Vaya a comprar vestimenta elegante apropiada, mientras yo me preparo. Me gustaría acompañarlo, pero es tarde, será mejor que bien nos organicemos con el tiempo. Sorpréndame con su buen gusto…-, decidió confiar en el sentido de la estética de su compañero.

Se puso de pie. -Bueno, bañarnos juntos es otra manera de enlistarnos más rápido…-, jugó con una propuesta pícara. Se quitó la chaqueta prestada arrojándola al dueño, siguiendo con las prendas rotas que dejó caer al suelo, desnudando su torso ante la presencia de aquel que aunque no pudiera verla percibía el acto sugerente. -Jaja, ¡bromeo!… Es más duradero el baño de dos que se vuelven uno, que el de dos separados…-, concluyó dirigiéndose al cuarto de aseo.


El arribo del avión fue sin problema, no hubo contratiempo ni siquiera del clima, en el momento de aterrizar tras el recogimiento del equipaje buscaron alojamiento. Un improvisto los llevó a compartir habitación, no debatió ni siquiera en buscar otro lugar, aún cuando no solía compartir su espacio con más personas debido a su mirada, pero debido a ella sólo aceptó.

-No ten…- Las palabras se detuvieron en un instante cuando la leona se acercó de aquella forma lenta hacía la invasión de sus piernas, la presencia de aquella dama le hacía portarse nervioso, un sentir inquietante pero agradable a la vez. Sonrió cuando los billetes acariciaron su piel, la sensación fue interesante por el papel que le daba, la vio moverse hacia un nuevo destino, él mismo tenía uno pero aún no se disponía a ir.

La chaqueta golpeó contra su rostro, su mirada se cerró rápidamente cuando la retiró porque jaló la venda que cubría su mirada, y aún con ella podía ver la silueta de su compañera por lo cual significaba que había intensa luz en aquella habitación, una que podía ser lastimera para su visión. Caminó hacía ella mientras invocaba el danzar de las sombras que volvieron aquella habitación oscura, reinó la noche para brindarle la oportunidad de abrir los ojos, y apreció la parcial desnudez de la dama, la espalda acariciada por cabellos oscuros sin prenda de por medio.

Abrazó por la espalda a su compañía que no satisfecha con provocarle una ferviente reacción en el avión volvía allí a seducirlo. Su mirada ahora libre de velo podía apreciar con claridad la tez de la bella doncella y el tinte del pelaje de sus apéndices. Una de su manos acarició vientre arriba, rozó en la naciente de su pecho, subiendo en curva, los dedos tocaron la areola delineando el contorno con la yema de sus dedos, no tardó en pellizcar el pezón jugando con él en suaves roces.

-Ha sido muy amable conmigo, así que debería de retribuirle tanta gentileza.- Descubrió el cuello, sus colmillos acariciaron la tersa piel, su aliento caliente parecía marcarla, y en un roce más profundo se clavó sus caninos en ella, la sangre acarició su garganta dándole un sabor dulce en el recorrido de aquel delicioso néctar. Su mano libre de atenciones rozó la entrepierna de la joven sobre el pantalón ajustado, una leve presión de sus dedos podía apreciar aquel lugar cálidamente húmedo que se escondida bajo la egoísta piel de pantalón.

Relució como un brillo en su mirada completamente negruzca, era como el despertar de un instinto más profundo, el cosquilleo estaba siendo más agradable y tenía un deseo de más, un leve instante de su razón rompió el contacto de sus colmillos con aquella fuente de vida, lamiendo sólo los hilillos que quedaron en la herida. Apartó su mano de lugar tan cálido para buscar abrir la prenda, bajarla para que su intromisión sobre aquel lugar fuera directo, sólo un jugueteo caliente en la sensación húmeda de sus dedos a rozar blanda calidez.


Sorprendida por el abrazo de la oscuridad fue, se encontró perdida en la seducción de su nuevo camino pasional sobre el cual las luces de la luna y del fuego no requería, porque ahora aprendía de los toques amatorios cautivadores de la misteriosa sombra, a quien descubría como el ente más cálido y acogedor. Caricias conquistadoras sobre su desnudo torso femenil, tentadores senos recibiendo la merecida atención. Segundo beso de vampiro, esta vez sobre su delgado cuello que incitaba al mordisco, lo apreció como toque afectuoso cuando ya no temía si no confiaba en él ahora sintiéndolo no como su amenazante enemigo si no como su galán amador. Dedos tanteando sobre terreno completamente virginal, los reconoció dispuestos a invadir muchísimo más. Amansada leona en celo, vibrando en calor deseó mucho más. Anhelo concedido, cuando aquella traviesa mano traspasó los límites de la muralla de tela; paseo idílico campestre sobre sus frondosos rizos púbicos, adentrándose en tierra hasta ahora de nadie, intima zona de doncella donde hasta ahora ningún ser había llegado a gobernar; el vicioso diablillo frotando su sensible paraíso, abriéndolo como hábil arquitecto, delicada gema del cielo genital encontrada aumentando vehementemente el calentamiento. Un dedicado arte lujurioso impartido por la criatura que había mutado de pasivo pajarito a un activo lobo que marcaba territorio tierno con garras y colmillos.

Suspiros de éxtasis escapando de su boca. Cola de leona danzando entre piernas de asaltante. Calidez abrasadora creadora de dulce humedad, su cuerpo con temblores presagiando precipitaciones climáticas más fuertes. Fruta símbolo del pecado en forma jugosa que fue consumida en abundancia al recién arribar al sueño canadiense, queriendo escapar de una vejiga que perdió el control en el toqueteo estimulante. De la esponjosa nube privada de mujer terminó emanando un fluir orgásmico acompañado de una lluvia dorada, mezcla de jugo de amor y manzana escurriéndose en piel de demonio.
Levantó mano gentil para acariciar el rostro del vampiro. -Baño de dos que se vuelven uno…-, pronunció a la víctima manchada en su obscena micción, marca animal que lo declaraba de su exclusiva propiedad. –Esta noche te deseo con tu más sensual traje, viste tu preciosa desnudez para mí…-, pidió con amable voz a su adonis.


El calor húmedo de la leona acariciaba sus dedos de una forma atractiva, el surcar aún más profundo en intimo lugar era como un deseo que se iba consumiendo en su cerebro, en una reacción de hambruna lujuriosa, el deslizarse lento hasta hacerse sentir levemente atrapados pero sin traspasar el velo virginal que existía en tal templo, era el roce de su pulgar contra la clítoris, el tentar de las yemas de sus dedos por la cavidad en el deseo de sumergirse más en esa húmedad que se iba haciendo palpable, en el palpitar de una invitación a romper el silencio del desconocimiento.

Cosquilleo le provocaba el movimiento de aquel felino apéndice, deslizándose sobre sus piernas, y roce en su muslo como un atrevimiento que no iba calmado su ansia por el pecar si no que al contrario se iba avivando más al atrevimiento que se hundía en un centro más privado, en el fluir de aquel roce que lo sumergía en la oscuridad invocada por él para borrar su control.

El rocío cálido cubrió su mano, una sensación entre mezclada por la debilidad de aquel cuerpo, esa mezcla eminente que seducía en el lecho blanquecino cubierto con la dominación territorial sobre su persona. Retirando su mano de tan privado lugar, esa calidez femenina abandonó la sensación de su piel, y enfrente de ellos su mirada oscura apreció tal liquidez recorrer sus dedos, tintar la palma y dorso de su mano, una sensación viviente que hizo que embozara una sonrisa.

-¿Ahora que me has marcado te dices mi dueña? ¿Debería responder como fiel servidor? Cuestionó en profunda voz, el roncar de su pecho se gobernaba por la agitación de la expectativa del deseo, su mentón se apoyó en el hombro de la doncella, y aquella mano cubierta de territorio de lujuria se acercó a sus propios labios, líquido que podía ser esencia exquisita al mismo tiempo que algo inmoral para otros parecía ser la mezcla prefecta de su éxtasis prohibido.

-No me negaría a tal gusto pero puedo ver más de lo que sus labios expresan….- El paladar había saboreado ambas esencias, la mezcla había gobernando en su gusto, y el recorrer de su lengua apenas podía verse por el serpentear de ella sobre sus dedos, el velo rojizo de su flequillo cubría su mirada para no ser apreciada aún cuando su compañera se volteara aún no era momento de que conociera tal oscuridad.

-No desea ser la dulce doncella que es gobernada por romanticismo fantasioso de una “princesa”, no, no desea tal servició, desea ser la salvaje reina que es gobernada por un sirviente del averno y conquistada por la gala del amor.- Acarició aquellas piernas, en un tacto suave y salvaje pues sus garras parecieron crecer en la oscuridad, en la dominación de las sombras que rasgaba de todo el pantalón que no se había deslizado por su fijación en piel morena, y cayendo por perder resistencia bajo sus uñas dejaba algunos hilillos rojizos al descubierto pues también se había dañado delicado cuerpo. Cubrió la mirada bicolor guiando una sombra para hacer una venda sobre la mirada, la limitaba de aquel sentido para lo que se avecinaba.

Un segundo, una espera minina para saberla confundida, la levanto entre sus brazos para llevarla a la cama donde la dejo caer, cuerpo desnudo pues la ultima prenda tentadora en resistirse en dejar la visión profunda de tan bella silueta cedió, la miró allí tendida en la cama, una injusticia había cometido la vendad a no permitirle ver tal diosa. Acariciando los muslos separo las piernas, y miró aquel camino íntimo hacia la gloria, un palpitar en su pantalón marcaba su deseo por profanarlo, pero en lugar de acariciarlo con su hombría su rostro se acerco a tal roció privado, la naciente de la virginidad fue saboreada una vez más a deleitarse su lengua en lamer tal camino, en olfatear el aroma más intimo de la joven.


“Dueña”, glorioso título con el que había estado soñando desde el vuelo del cóndor, una voz que había callado el deseo de autodenominarse poseedora del híbrido se había terminado expresando en un acto animal a través de sus impacientes labios vaginales y se transmitía en lenguaje humano su significado por profesional etólogo. Preguntas emitidas retóricamente cuando el sabio amador sabía las respuestas claramente aún en la oscuridad de su silencio, porque su cuerpo emanaba apasionadas feromonas de conquista.

Hechizante narración de dramaturgo le vendía una historia de amor ideal en la cual ambicionaba papel estelar. Reescritura perfecta de cuento de hadas, ella Reina de las nieves aspiraba a que su corrupto Kay pudiera, dentro de ese mundo cruel, con ojos de espejo de Troll solamente apreciar belleza en el reflejo de la soberana. Quería capturar una efímera aventura en su palacio de hielo para conjurarla como “eternidad”, palabra mágica que necesitaba fuera pronunciada como juramento por fiel servidor para recuperar la seguridad en el amor.

Caricia filosa de amable bestia desvistiendo y rasgando su tostada piel, causante de un placer masoquista. Piernas liberadas de su prisión de tela para el directo seductor manoseo; ojos restringidos por la más intensa negrura de repente dejaron de percibir la luz del exterior que atenuada por el cortinaje bañaba suave el dormitorio. El suspenso fundiéndose con las ansias, en un segundo despiadado en el que se perdió todo contacto físico…

Cargada como una novia fue, por sorpresa. Nevado lecho recibió en mullido abrazo ardientes cuerpos de amantes que derretían. Carne ablandada por la nocturna pasión, sus piernas dócilmente se abrieron ante tiernos toques dejando camino para una nueva invasión, prediciéndola como más intensa y profunda para la completa dominación íntima. Lengua de demonio danzó hundiéndose en la pureza de su suciedad, haciendo que su cuerpo de virgen se estremeciera locamente en el húmedo cosquilleo, al compás de sus armoniosos gemidos lujuriosos.


Delineaba el sabor de aquella jugosa cavidad, aroma que surcaba sus sentidos más perceptores de entre todos, una profundidad que iba recorriendo en sus membranas como una atracción natural en un profundo deseo, en una demanda que iba guiando su glotonería en sentir el roce caliente de aquella intimidad contra su lengua, el paseo que percibía la palpitación de aquellas paredes que cobijaba el surco más intimo.

El calor que surcaba en su cuerpo como ráfaga de infierno hizo que desnudara su torso, la prenda se perdió entre la oscuridad conjurada, el roce con la piel ajena era cercano al estar entre la delicia de esas piernas, el sostenerlas firmes para mantenerlas abiertas y acariciarlas, rozando hasta el punto de su tobillo, conocer la suavidad de esa tez.

Sus oídos empezaban a conocer la intensidad de cada gemido, la profundidad de ellos que se desprendían ahogados conforme aquel cuerpo se calentaba, lo veía cerca de ese delicioso punto de ebullición donde su alimento nacía de hermoso templo, caprichoso deseaba disfrutar de nuevo, pero había una parte de su cuerpo perfectamente necesitada de hundirse en húmedo lugar, en saborear la intensidad de aquel rocío santo que se abría con delicia para él.

Olfateó sobre el monte de Venus siguiendo la delicia del aroma hacia la cuna entre los pechos, delgado sendero que apenas su lengua acarició, la tentación de aquella dulce montañas estaba cerca, y era más el deseo de morderla, el aroma dulce nacía de una de ellas, siendo más tentadora que el rocío de manzana.

Liberó su hombría entre la impaciencia de sus dedos, orgulloso se mostró erguido y palpitante, la estimulación del aroma femenino surcó hacía bajo sur donde gobernó la pasión, sus dedos acariciaron el sendero como un preludio del toque ardiente de su cuerpo, no podía esperar más y sólo sentía la fluida entrega del desliz de aquel lugar puro que parecía desear dejar de serlo. Los pensamientos se borraron viendo a su presa a separarse un poco, jadeante, pulida en el matiz brillo de la pie, y delirante entre estremecimiento.

Admiró los apéndices, hermosos, una inocencia a la cual le pediría perdón por acabar, su cadera de acercó a la ajena, el toque fue suave, la calidez íntima rozó contra su miembro, sus labios compartieron el sabor con su compañera, y apretando uno de los pechos empujó contra sangrado lugar abriéndose paso en ella entre la húmeda sensación de la estimulación.


Avanzó la excursión sobre su cuerpo, lengüetada sintió surcar el puente entre sus pechos, en lado izquierdo donde se ocultaba el corazón de las montañas resonaba sismo frenético marcando pasión, el lado derecho como volcán que alimentado por la traición se mantenía en erosión rebosando lava carmesí abría sed vampírica. No hubiera imaginado que la marca de un rencor resultara ser carnada para una nueva afición, y que en el jugueteo de desafiar al destino como una Moira intrusa cambiaría la negra lana de Décima dejándole en cesta carrete dorado.

En el cese de sus gemidos percibió el sonido del cascabel del inquieto Persa que deambulaba por la habitación, que le causó fugaz nostalgia. Opresión en su palpitar al recordar el instante de aquella noche rumana en la cual acarició blancas orejas felinas, y joven felino acarició unas pardas orejas de leona que pudieron pertenecerles una vez más. Sin embargo su corazón no se llegó a congelar en el recuerdo por sentir pronto dedos acariciar la entrada a su paraíso virginal en un dulce consuelo, jadeó suplicante en la ansiedad por ser gobernada por completo por el tórrido imperio de su nuevo amante para que su alma huyera de las crueles garras del pasado para siempre.

Como haciéndole honor a su nombre proveniente de raza vampírica de leyendas húngaras, el Lüdérc se dejaba sentir en aquel ambiente amatorio adoptando la presencia del hombre que moría en su corazón. Sin embargo, el efecto de atarla locamente al anhelo de restaurar el pasado no funcionaría correctamente en viuda que era asesina, mucho menos en una que ya había sido mordida por vampiro más poderoso que con maravillosos actos de seducción la arrebataba de aquel desalmado amor.

Sintió la punta del falo presumiéndose en un leve rozar sobre su intimidad deseosa, su boca fue devorada con vehemencia, su seno derecho amasado haciendo hervir el rojizo brote en una erupción. Necesidad desesperada concedida, cuando la virilidad latente tiernamente arrasó terreno fértil, su gemir fue sofocado por el beso francés que le quitaba el aliento, sus ojos heterocromos desprendieron cristales que brillaron dentro de la nebulosidad. Sus piernas y brazos rodearon enjaulando en carne a su preciosa ave inmortal, en el temor de que volara al escuchar su pedido. –Quiero descubrir… el secreto de tus ojos…-, reclamó al demonio al que abría cuerpo y alma en un amoroso pacto diabólico.


La petición llegó como un rocío frío, una sensación que congeló sus movimientos por unos instantes, ese deseo no era descabellante, sin embargo… Era un recuerdo el que volvía en su memoria, la sensación parecía extenderse, pero, el rocío palpitante de aquella dulzura encontrada en la unión de sus cuerpos lo volvieron al realismo, en ese instante se encontraba de nuevo donde tomaba a la dulce mujer, la gobernaba embistiendo su ser, encontrándose en lo más profundo de su flor, era acogido con júbilo y lo orillaba a ser más ferviente acariciando sus cadera, rozando sus piernas, sosteniéndola en ese abrazo que rodeaba su cadera para sentirse más profundo en ella, y resonar en aquellos sonidos morbosos en cada galopar.

Suspiro acarició unos de los pezones, sólo el cálido aliento rozaba ese botón oscuro, y en el instante de verse tentar en morderlo cambió al segundo, le brindó lo que al primero le negó, sus labios lo atraparon, lo chupó, suave era el movimiento, rozando contra su lengua entre succión, jugueteando con una especie de gula… La había escuchado perfectamente bien aunque pareciera que no, la respuesta era clara y aunque él no deseara aceptarlo sabía que en el fondo debía mostrádselo, la reacción podía ser favorable pero si por lamento de algún dios era lo contrario, bebería completamente de ella para llevarla a la muerte, una… Expresión de arte.

-En el éxtasis te dejaré verlos…- Una promesa ronca en lujuria, la voz resonó en el oído como profundo hechizo, le permitiría ver aquello que pocos conocían, personas contadas fuera de su familia, y aún los miembros de su cuna pocas veces lo veían. Era más un tabú que un propio destino, el podía ver, no había nada que se ocultara a su vista, ese era el gran problema, su visión era tan amplia que llegaba a lastimarse así mismo con los rayos intensos de luz que eran como mil focos enfocado en su pupila o el propio sol quemando su retina.


Comprendía que aquellos ojos enigmáticos, que al tacto había notado que ya no en faja de seda se ocultaban, eran libres para recorrer cada parte de su cuerpo a cambio de su visión restringida. Quizás era un límite imposible de quebrantar y los ojos de ambos por alguna fuerza superior tenían por siempre prohibido cruzarse, pero en ese ambiente de confianza se tentó su curiosidad impetuosa a probar por si acaso se trataba de un derecho que podía ser adquirido. Al sentirlo quieto en el acto del coito, creyó que estaba a punto de conocer lo que ocultaba esa mirada…

Gimió de placer al agitarse la tregua de demonio, al sentir voluptuosidad viril reanudar la oleada en su fecunda natura en un apasionado movimiento de vaivén. A pesar de la demanda, sus ojos permanecieron cegados a la verdad. Aquella lengua muda que tampoco largaba el secreto, calló respuesta aferrándose al saboreo del salado pico de su majestuosa montaña. Contemplativa aceptaría si no era el momento de saberlo, acarició las hebras rojizas en un cariñoso contacto con el que buscaba transmitir afinación con la determinación dada… Más no tardó en pronunciarse una positiva voluntad de cumplir en el clímax su caprichoso deseo.


Lamió la piel rojiza que marcaba aún el sendero carmesí de la magia que buscaba borrarse por la dueña, mordió sobre él nombre, entre sus dientes dio la caricia que capturaba aquellos grabados perfectamente chupando la zona que se calentaba en el misterio de saber que era tentado por alguien de la oscuridad, un hijo de Heartless, su voz se ahogaba contra aquella piel. Su vista pasó al rostro, y siguió la visión hacia esa cabellera que ahora revuelta se mostraba sobre la cama pero aún dejaba ver aquellos apéndices que daban pequeños destellos de brillo, era posible que eso no fuera visible para nadie en realidad pero él lo notaba por ser luz.

Mordió uno de los apéndices dejando que la uítima sensación que nacía de ellos aún llegara a su dueña, un instante, él que había viajado para marcarle un camino, había terminado por capturar a la reina haciéndose de su voluntad o tal vez era perfectamente al revés, él había terminando por otorgar completamente su voluntad a ella, era su destino, él que adivinaba esos hilos del mundo podía decir eso, los caminos eran misteriosos y los cambios siempre se guiaban de una forma que podía resultar con un solo segundo.

-Hmm.- El calor era más constante en su cuerpo, su corazón también palpitaba como loco en el albergar de aquel profundo eco de placer, esa sensación que iba llegando a la cumbre. La promesa que se había dado no estaba olvidada, esa sensación que llenaba y borraba los pensamientos tampoco dejaba en ignorancia aquel deseo de la mujer, miró aquella venda de sombras para hacer que se desvaneciera lentamente de aquella mirada bicolor.

Lamió los labios, sus colmillos acariciando rasgaron un poco la delicada piel que no tardaba en chupar saboreando en todo el momento su sabor, no sólo el que se desprendía del cuerpo que brilloso se volvía en una visión placentera sino también de aquel carmín. Sostuvo esas caderas para sentir el fervor de las ultimas embestidas en el deseo de marcar con presencia aquel cuerpo como suyo, la doncella ahora se volvería parte de su mundo, era como conjurar un juramento eterno mucho antes de decirse en palabras, su mirada se cubría por el danzar de su cabello en las embestidas, se rompió el fluir cuando sintió el palpitar de su propio cuerpo fundirse con el manto cálido de la leona.

Pasó su mano sobre su cabello haciendo los hilos húmedos por el sudor hacia atrás de tal forma que dejara en descubierto su rostro, el movimiento de su cadera era en suave oscilación, disfrutando el último cosquillear del bautizar aquel templo donde se coronaba como conquistado, y le permitía ver su mirada tan profunda como la noche.


Seno emancipado de la tutela paternal entregado en una frenética boda de sangre, su vehemente dhampiro una vez más succionó el fluir venenoso naciente de la deslealtad, bestial pero gentil medicina que aliviaba su enfermedad de mal amor en cada toque. Su magia adorando al encantador demonio se dejaba percibir poderosa en el coqueteo con las tinieblas, descontrolada en un delirio de pasión invocó en cielo canadiense una romántica nevada que fue mezclándose en oscuridad de noche acogedora. Orden de la reina de las nieves para los súbditos perdidos en el dominio idílico del invierno súbito, que se calentaran en flameante abrazo amatorio.

Tal como ellos dos. En ese momento ella era leona apareándose en calidez de sabana, una de sus orejas de animal atrapada en mordida afectuosa fue, más no tardó en sentirla desprenderse en el despido de la inmadurez sexual. Se preguntó si alguien ya había arrebatado la castidad de su compañero, ¿acaso había consolado a otros clientes interesantes? No lo sabía, pero su ser anheló posesivamente que el servicio amatorio a partir de ese momento fuera de su uso exclusivo. Deseaba que se hiciera responsable de tal unión lujuriosa, porque esa noche bienaventurada ella le había entregado su valiosa virginidad.

Su mirada percibió una tendencia a aclarar. Su lengua se movió para saborear la mezcla de la saliva ajena con su propia sangre, plantando beso francés en aquella boca inquieta. Ya sin obstrucción sus ojos investigadores, vieron… Sin embargo, los mechones de pelo rojizo ocultaban el secreto, era como uno de esos perritos adorables con el fleco sobre la vista, un tierno antiguo pastor. Más no tardó en pensarlo una vez más como criatura fantástica de romance terrorífico, ¿acaso había emitido un pedido demente a Medusa? Si ella perecía, ¿la mascota amante se suicidaría con su propia tóxica mirada, para estar juntos en el trágico lecho de muerte?, fantaseó como reina egipcia egoísta que buscaba llevarse su nuevo tesoro al descanso mortuorio del sarcófago, para que no cayera en manos de alguien más…

Su amante se apartó un poco mostrándole la esbeltez elegante de su dorso al desnudo, y corrió la cortina de fuego dejando en exposición esos ojos… Negrura infernal y divina, creyó que esa mirada hipnótica solamente era leyenda urbana.
Se intensificó su gemido en el orgásmico intercambio de sensuales fluidos. Comprendió que esa noche era demasiado gloriosa para culminar en tragedia, que ese individuo por el contrario la estaba reanimando en vez de matando.

Al desprenderse el falo viril se arrodilló sobre el lecho, aún sentía sus paredes vaginales cosquillear por el recuerdo de aquella caliente caricia masculina. Dedicó al vampiro mimos gentiles sobre el rostro, contemplando en la mayor cercanía la intensidad de esos maravillosos ojos. Él le otorgaba fama en vida, en esos preciosos ojos no se veía reflejar en una desesperación nostálgica como el príncipe que fue hace tiempo, si no como orgullosa soberana de un mundo nuevo lleno de expectativas. –Exóticamente hermosos…-, los definió encantada.


La entrega había unido sus corazones por un momento, pero ahora que lentamente se abría la distancia entre ellos sólo era la espera de una reacción… Oír aquellas palabras que escaparon de los labios de la mujer junto a esas caricias, le sorprendieron, no se ocultó aquella verdad tal vez porque en el fondo estaba el miedo por creer que sucedería igual que en el pasado, pero no fue así y aquel síntoma de odio hacia aquella que ya yacía muerta se borró. No quedó ni un sentimiento por aquella que aún se cargaba en los recuerdos, era como si sencillamente se hubiera borrado de su memoria para no dejar nada más que un eco sin imagen alguna, sólo se había diluido y la gobernante de sus memorias era la que estaba frente a él. Le sujetó la mano, le acercó sus labios para darle un beso en el dorso.

-Es sin lugar a duda una reina.-, Le sonrió. -Que ha doblegado a un fénix con sus encantos.- Él nunca hubiera imaginado tener tal situación en su vida pero aún no reprochaba ni un poco al destino porque estaba feliz. Vio los apéndices, notando como ahora estaban sin vida y viéndose sólo como un par de accesorios. ¿Entonces era así como se veían?, Era la primera vez que podía ver unos porque aún cuando se veía como un adulto no lo era, lo conveniente sería decir que también ese día había sido su primera vez, aunque, aún cuando tuviera apéndices no caerían porque era hibrido. -¿Me concede el honor de guardarlas?-

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