Goodbye’s Song


~Good-bye My Loneliness~
It seems like you’ve seen into my heart
Even if I turn my eyes away, you still noticed the raindrops in the foggy city
I was shivering, what I’m afraid of is becoming alone again
Good-bye my loneliness, I want to jump into the gentle tenderness of your heart
That’s why I want you near me now, hold me, before our dreams disappear
You can never see the future through the rain, the teardrops in the hazy city

Estado: Creativa
Música que escucho: Katyusha (Abney Park)
Download: Kamisama Hajimemashita II (cap5)

Endless Story: Esta vez traigo un episodio titulado “Arrivederci“. Meses sin nuevo capítulo, fue todo a causa de indecisiones sobre qué hacer con las vidas de mis personajes, especialmente la de mi hermosa Ran. Fue todo un proceso con bloqueos y escritos anulados, hasta llegar a giros inesperados interesantes que espero me permitan retomar el buen fluir de los episodios.

Me topé navegando por Tumblr con un genial meme, el Leopardo escritor (http://fyeahwriterleopard.tumblr.com/), con los siguientes carteles me sentí especialmente identificada: “Volverte nocturna, porque escribes mejor en la noche”; “Pasar horas y horas viendo/leyendo porno, por investigación”; “El momento incomodo en el que estás leyendo un libro y tus personajes demandan atención”; “¿Dónde concibes las mejores ideas?, en la ducha”; “Demasiadas ideas para escribir, abrumarte y terminar dormida”; “Decidir escribir cinco horas, instantáneamente terminar en Tumblr durante cinco horas”; “Accidentalmente terminar shippeando a dos de tus propios personajes, AWW YEAH”; “Mejor amigo ayuda al personaje principal con su interés amoroso, desear que el mejor amigo sea el nuevo interés amoroso”; “Esperen, ¿está mi protagonista teniendo sentimientos secretos por el antagonista? CÓMO PASÓ ESTO”.


Dos senderos en el bosque de lo más profundo de su corazón, y ella debatiendo cual de los dos tomar. Dos mordedores de especies distintas, uno en cada extremo, ¿a cuál de los dos debía su apasionado cuerpo entregar? Sintió a su ser congelarse en el tiempo, como si no existiera un futuro para ella. Luz de luna o de fuego, necesitaba una cálida señal para descubrir su verdadero destino. Y entonces, un camino se volvió súbitamente oscuro causándole inseguridad, mientras el otro rebalsó de un cálido brillo lunar donde podían leerse mensajes de dulce amor alentándola a continuar viaje. El camino apagado no perdía atractivo, pero no se sentía en ese momento una valiente leona lista para emprender tal peligroso camino, era más bien una niña indefensa que se aferraba a la amorosa protección paternal. La romántica luz poco a poco fue descongelándola, como Caperucita Roja se dispuso a continuar su cuento.

Más no tardó en aparecer en su camino un cazador a advertirle sobre la verdad del lobo itálico seductor, quien la había estado encantando con tiernos ojos de cachorrito ocultando un cruel engaño. El que acababa de profesarle amor la traicionaba comiéndose a alguien más, se enteró. Escuchó atenta las palabras cargadas de rencor de aquel hombre que se declaraba prometido de Azariel, y comprobó la infidelidad espiando a los proclamados criminales a través de su espejo portátil impregnado con magia. Vio al lobo abrazado a la Caperucita Blanca sobre el lecho, aquel que osaba ocupar su papel en la historia debía ser teñido en rojo sangre. El joven intruso se encontraba descansando plácidamente con cálida compañía, cuerpo envuelto en níveas sabanas, plateado cabello húmedo en albear toalla. Ante sus ojos, aquella era claramente la imagen de un amante recién devorado. La luna se eclipsó bajo el maligno poder de la traición.

Vestida para matar y reclamar su amor, en la arabesca mansión para aniquilar al usurpador de pasiones. Fría espada nacida de un corazón de hielo apagó el calor que compartían los pecadores. El robot alado que decoraba la pared de su dormitorio adquirió con una muerte vida, cabeza metálica fue reemplazada adquiriendo el ángel mecánico un rostro de tersa piel humana, cabello de plata envuelto en velo manchado de sangre, y unos ojos de diamantes decorados con lágrimas secas color carmesí. Cada vez que hiciera el amor en esa cama, podría presumir ante esos ojos de cielo que Caesar pertenecía a ella. ¡Admirad, conejo blanco!, a la ingenua Caperucita Roja convertirse en mujer, a la ahora despiadada Reina Roja violar al travieso Sombrerero declarándolo suyo. Vestidito y caperuza al suelo, nada más que corazones cubriendo sus pezones, para volver loco de placer a su encadenado querido. Pero el lobo ya no estaba en celo, sino lunático atormentado por la muerte de una adoración. Ojos ámbar llorosos, ya no podían mirarla a ella, solamente al otro. Boca que debía ser callada con amargos besos, cuando era liberada llamaba el nombre del conejito, palabra mágica suplicante para que las agujas del reloj averiado volvieran a correr. “Azariel”…

Visión con eco del pasado, la escena se pintó con colores de antaño que por mucho tiempo habían permanecido olvidados. La reina ya no estaba sobre el cuerpo del sombrerero, debajo suyo atrapaba a Alicia. Imagen gloriosa restituida, de pronto el deseo de volver a encerrar por el resto de su vida en el mundo de las maravillas a la criatura de cabellos rubios, más precisamente en el castillo de su corazón. Una nostalgia dulce invadió su alma, pero la perfecta imagen no tardó en mostrarse como continuación de terrible pesadilla. Supo que los ojos dorados tampoco la miraban a ella, y una nueva exclamación a un maldito fantasma torturó sus sentidos. “Kysley”…

Supo al despertar por qué había suprimido el deseo de matar esa triste madrugada dominguera, por no querer volver a vivir un amor desdibujado en rencor. Había creado un tercer camino, sin fuerzas para luchar por un amor destinado a la desdicha. La persona junto a ella preguntó si se encontraba bien, al notar los ojos bicolores humedecidos por el dolor. Si no hubiera sido una huida del país repentina, se hubiera asegurado de comprar ambos espacios para evitar soportar a un desconocido. Sin responder al entrometido, se levantó de su asiento y ocultó su entonces lastimera apariencia en el baño del avión. Se sentó sobre la tapa del sanitario para aguardar a calmarse, no podía detener el fluir de las lágrimas al pensar que jamás volvería a ver al que consideró su preciado padre e incluso algo más. Desabrochó los botones superiores de su blusa de seda y acarició el nombre mágico que compartía con el ser que le había dado una nueva vida. Por qué, por qué si tenía a otro, ese animal se había hecho responsable de ella, si al final la destrozaría. Ese desgraciado había estado intentando conquistar su corazón para terminar mal gobernándolo de esa manera. Sacó del bolsillo de la chaqueta el pequeño redondo espejo, el vidrio había sido quebrado por un golpe en un ataque de ira desatado al descubrir a Caesar en la cama con alguien más. Tomó uno de los pedazos y para liberar el estrés cortó sobre aquel tatuaje que marcó el inicio de una nueva tragedia, no quería volver a ver ese nombre decorando su piel…


La tarea se había realizado al parecer a la perfección porque sintió el movimiento entre las sombras, la atención era mínima, no solía meterse en esos asuntos, sólo continuó con su pequeño pasatiempo hasta el momento donde no quedó ni un cliente más, no encontró grandes cosas ese día, pero los “artículos” que había “adquirido” valían la pena al menos un poco. Saliendo decidió volver a su hogar temporal o al menos esa era la idea porque se encontró con un pulgoso en su recorrido.

Una conversación interesante si se podía decir porque había ciertos puntos que hicieron fruncir su entrecejo, no le molestó la nueva tarea que había adquirido pero desquitó un poco una sensación desconocida con un par de inocentes para adquirir los boletos necesarios para el avión, se miró, su ropa cubierta de sangre, suspiró, mirando al pulgoso con cierto enojo pues lo acusaba de tenerse que cambiar, una tarea que no le gustaba mucho.

No buscó un lugar para cambiarse, sólo se desnudo allí en ese callejón para ponerse un cambió de ropa, era suerte que siempre llevara una cuando hacia el papel de fénix, así que todo terminó rápido, pisó uno de los cadáveres para entregarle sus cosas al pulgoso y que él se encargara de eso, aunque lo había hecho con algo de fuerza casi como si fuera una herramienta para castigar y la estrellara contra el otro.

-Bien, me encargaré de ello.-, declaró con una sonrisa acomodándose su cabello tras colocarse la venda de manera segura, era tiempo de tomar su lugar dentro de aquel avión del destino, y esperar el momento adecuado para atacar a esa persona. No necesitaba encargarse de nada y tampoco era necesario llevar equipaje, compraría las cosas necesarias al llegar, sólo era un ir y venir así que no importaba, si no fuera porque apreciaba a su pulgoso no haría tal viaje que parecía más un parpadeo.

Miró el destino con indiferencia, no veía porque allí, pero no importaba analizando las trayectorias podía hacer que llegaran al lugar más conveniente para lo que deseaban…. El despegue fue sin problema así que nada anunciaba que tendría otro destino, eso le venía perfecto para el juego que se le ocurrió, esperaría hasta el momento adecuado para hablarle, aunque…. La vio pasar yendo hacía el baño, eso le iba bien, ahora sólo debía verla de regreso.

-¡Oh! Qué sorpresa… No vi en su destino un viaje…-


Escuchó por el altavoz anunciarse la pronta emisión de películas para el entretenimiento de los pasajeros. Podía ser una buena distracción, consideró. Claro, siempre y cuando hubiera al menos una que no tocara tema que hiriera su actual sensibilidad. Solían proporcionar tres producciones diferentes a la vez en los vuelos, intentando cubrir así diversos gustos e intereses, por lo tanto esperaba que al menos un film pudiera ayudar a su mente a escapar por unas horas de su realidad.
Decidida a dejar el escondite, arrojó al cesto de la basura el vidrio ensangrentado, se acercó al lavabo donde se enjuagó las manos más el rostro, y se acomodó las prendas de vestir. La herida recién pintada sobre su pecho derecho dolía, y la seda se pegaba como lengüetada al húmedo tinte escarlata que emanaba.

Caminaba hacia su asiento cuando a sus oídos llegó una voz de ultratumba conocida. -¿Fénix?, la sorpresa es mía… ¿Realmente este encuentro se trata de una mera casualidad?, ¿será acaso que ha decidido perseguirme para cantar mis desgracias del pasado y futuro durante la eternidad?…-, cuestionó y se concedió el permiso de ocupar el lugar vacío junto al adivino. –Reservó este asiento para mí, imagino… Los de su oficio tienen fama de ser unos sádicos que prefieren alimentarse con historias de vidas ajenas desdichadas, más que afortunadas. Si es su caso, supongo que en mi encontró exquisito material para su entretenimiento.-, expresó con una sonrisa amarga dibujada en el rostro que se burlaba del propio dolor para no llorar más.

Se detuvo junto a ella la azafata, con el carrito de comida, ofreciendo los dos posibles platillos para el almuerzo de ese día. Bandejitas envueltas en papel aluminio, contenían pollo o mostacholes a elegir. La comida servida en los vuelos solía resultarle insulsa por falta de buena condimentación, pero su cena había sido interrumpida y no había desayunado, así que tenía demasiado apetito como para rechazar lo ofrecido. –Pollo. Y para tomar agua gasificada.-, pidió a la mujer. Cuando esta se retiró, fijó la vista en la pantalla que estaba incrustada en la parte de atrás del respaldo del asiento frente a ella, mirando en el mapa de ruta cuanto faltaba para llegar a su refugio, aunque presentía que esa persona siguiéndola no significaba buen augurio. –Canadá… He considerado que aquel paisaje podrá camuflar mi desesperación, pero… ¿Será que allí me aguarda una suerte terrible para que me este usted siguiendo como ave de carroña?-, preguntó a su inesperado compañero de viaje.


-Que alegría ver que me ha reconocido.-, expresó al oír su nombre de adivino, acarició la venda de sus ojos como un simple reflejo al oírla hablar sobre la coincidencia, rió como una misteriosa respuesta que podía dejar un “tal vez” de forma silenciosa, y es que en parte era como ella sospechaba, no era para nada una casualidad, era por la obra del deseo de su pulgoso y nada más que eso.

Sadismo, un sentimiento que le acompañaba aunque no propiciamente por su ofició, en realidad ni era su profesión real, era un pequeño pasatiempo que le venía perfectamente, una de las razones para ser como un buscador de tesoros pero en lugar de ir a excavar en parte del mundo lo hacía en recuerdos. La azafata llegaba con su natural ofrecimiento, no deseaba nada, estaba bien, aunque de pronto percibió una esencia conocida.

Arrugó su nariz, el aroma era fresco, miró a la azafata pero no se trataba de ella, volvió la vista sobre su compañera de asiento, lo percibió más fuerte como un latido intenso por todo su cuerpo, no era simple sangre, era magia, rocíos carmesí de alimento. Cerró los ojos acariciando con sus pestañas el vendaje en un mínimo movimiento en el que limitaba, y se concentró en su lado humano.

-Tal vez sea lo contrario.-, recargó su espalda completamente en el asiento. -A lo mejor lo que me atrajo a usted fue que desafió su destino, el ver que ha decidido por un tercer camino en lugar de los dos que le he expresado… Eso me parece más atractivo…-
Extendió su mano con palma hacia arriba como si de allí aparecieran aquellos destinos que le mostró, era como si de pronto volvieran al cuarto oscuro donde la vio por primera vez, pero, no era eso, el avión estaba tal cual, sólo era una sugestión de ir envolviendo en sus palabras.

-¿Pero será el dios del tiempo y de la creación tan benévolo con usted como para permitirle huir?-
Una sonrisa curvó en su rostro, moviendo aquella mano donde reflejaba aquellos imaginarios destinos rozó sobre donde el aroma resaltaba aunque no lo pudiera percibir, sus dedos hicieron presión en el lugar antes de volver hacia su espacio personal acariciando aquellos dedos con su lengua.
-O le mandara señales de su verdadero camino.-


Calmó su fiero instinto de leona a la defensiva al ser halagada, palabras sedantes para su alma frustrada, aceptadas con satisfacción por provenir no de cualquiera sino del anticuario al que había confiado el trabajando de restaurar su historia de antaño. Estando a punto de abordar el avión se había reprochado por no rendir más en batalla, por permitirse perder sus tesoros, por exiliarse como reina derrocada; pero una fantasía perturbadora mezcla de regresión y premonición advirtió la vieja enseñanza de aprender del pasado para no volver a repetir los mismos errores; y ahora el único que podía ver como su confidente la aliviaba enalteciendo su dudoso proceder. Dejó de verlo como el ave carroñera que la acechaba por su decadencia, le parecía entonces un pajarito petirrojo que migraba siguiéndola por una curiosidad sin malicia. De pronto sintió la necesidad de convertir a Canadá en escenario de la historia más interesante con ella como protagonista, para no aburrirse ni defraudar a su seguidor.

Se creyó firme en la decisión sobre qué dirección su vida debía tomar, sin embargo un astuto Cheshire cuestionó a dónde realmente quería llegar. Su nueva realidad se diluyó en el mundo de las maravillas; el sombrerero la invitaba a una fiesta de té, posando sobre la mesa como aperitivo principal; los soldados naipes encadenaban al pequeño Alice a la cama para ser desvirgado una vez más.

Sintió punzante el dolor sobre su pecho herido, grito carnal que le provocó el anhelo de que los amorosos dedos paternales redibujaran el emblema de la sagrada unión en mágicos toques. Seguramente Caesar ya había descubierto el regalo de despedida, el paquete con los símbolos eróticos de una historia que pudieron representar juntos como amantes pero acabó con diferente protagonista, y un retrato animal firmado por conocido artista indicando un paradero que se había convertido en falso. Descubierta la traición pensó primero asesinar al usurpador, luego consideró ir en busca de su primer amor, más sin fuerzas en el aeropuerto optó por resignar a los dos seres queridos a su pasado. No había marcha atrás, sin embargó en la añoranza surgió el deseo de que el estúpido perro cometiera el descargo de buscarla, que fuera capaz de abandonar al conejo jurando pertenecer solamente a la reina… No, aún si así fuera no debía perdonarlo cuando había desprestigiado dulces palabras de amor revolcándose con otro. La ilusión se borró volviendo a ver solamente un único camino posible.

-Qué modesto pajarito petirrojo, creyéndose un dios. El halago por un momento me distrajo de los fundamentos verdaderos de su bastarda religión. Testarudo como mi ex-director de artes teatrales, cuando me asigna un papel no puede aceptar fácilmente que lo rechace. El Jean Racine que pretende escribir la tragedia de mi vida… Sin embargo, como usted sabiamente ha expresado, yo misma puedo ser la escritora de una historia más interesante, con giros inesperados que ni usted, señor oráculo, mi espectador, pueda predecir…- declaró enfriando el interior del avión con su magia, y acto seguido se sentó sobre el regazo de su acompañante cubriéndose a ambos con una frazada, para camuflar el acto lujurioso que se avecinaba. Podía dormir a los pasajeros para darse privacidad, pero sería más divertido verlo esforzándose por pasar desapercibido.

–El frío es romántico, acerca a las personas… puedo darle el más intenso calor incluso en este ambiente invernal. Esto es inesperado hasta para mí, no estaba en mis planes agregar tal género a la historia de mi nueva vida. Le prometo que conmigo no se aburrirá, pajari…to…-, pausó el juego pícaro al notar en la pantalla frente a ambos una escena de una película donde su amante de antaño se dejaba ver cometiendo un asesinato, y en un acercamiento al bello rostro sintió como si aquellos ojos dorados inquisidores perforaran su alma acusándola por adulterio. Una tontería, ese lazo había sido cortado, incomoda presionó el botón de apagado que se encontraba sobre el posa brazo. Supuso que su acompañante se había encargado de que pasaran ese policial con actor conocido. El film restauró de pronto en su mente otro recuerdo de vida pasada, el rey de fuego masacrando con recelo a un recién formado harem personal.

Apenas rozó los labios de su compañero de viaje, puesto que no podía continuar aquello tras recordar el lado posesivo de su viejo amor…–Si él estuviera a bordo y nos encontrara en esta situación, sería usted consumido por el fuego, me pregunto si realmente podría resurgir de las cenizas como Fénix…-, rió enamorada por imaginar a su minino preparando pajarito rostizado, se apartó del pelirrojo volviendo a su sitio.


“Dios”, en realidad no se creía realmente él aunque podía jugar el papel, su verdadero objetivo siempre fue destruir lo que aquel ser divino de las alturas había hecho, y era así mismo como adoptó la visión del ave fénix, una legendaria creación que podía destruir hasta los dioses mismos, un ser mitológico que era mucho más poderoso que Dios por revelarse al descanso eterno, reviviendo así una y otra vez, era su afán de regresar al mundo con mayor fuerza además de altos conocimientos de los tiempos. Era por ello que le venía de maravilla ese nombre, esa criatura que en cualquier cultura existía pero con diferente nombre, no importaba en que parte del mundo estuviera cualquiera hablaría de la misma ave milenaria que se alzaba por sobre el fuego.

Rió oyendo aquellas palabras notando la intensión de revelarse en el camino que le imponía, y además llevarlo a él mismo como un detonante de cambio, una estrategia maravillosa si no fuera porque realmente no era así, al menos no de corazón, lo distinguió al titubeo de su afán cuando aquel rostro apareció sobre la pantalla, no podía distinguir con claridad pero aún así estaba seguro de que aquella participación en la pantalla era de ese príncipe que ella añoraba.

-Él no me tocaría.-, aseguró con tranquilidad, el calor del cuerpo de la mujer lo abandonaba y agradecido estaba de ello pues el control era algo que no poseía con demasiada firmeza, era por ello que evitaba tener tan cerca a las personas con magia y más aún cuando estaban heridas, porque provocaba el palpitar intenso de sus colmillos con el cosquilleo de los nervios, un afán que no se apagaba aún cuando pasara su lengua sobre ellos, era doloroso. -El fuego, el agua o en su caso en el elemento del frío… Son dones que son consumidos fácilmente por la oscuridad…-

Rozó esa pantalla oscura, un movimiento lento extrayendo su negrura hacia el exterior, y así hilándola con las sombras de los pasajeros, sólo una demostración breve pues no deseaba provocarse más hambre de la que ya estaba sintiendo por el aroma fresco que continuaba naciendo como riachuelo virgen de montañas. Aunque esa misma hazaña le recordó algo que podía funcionar para su juego, concentrándose sobre la palma de su mano invocó una caja oscura, una creada de sombra, el elemento que podía manejar por su naturaleza.

Un diminuto cubo que no parecía nada especial, sólo era profundamente oscura, la abrió brevemente notándose de su interior como un danzar de fuego dorado con destellos azulados y apenas roces carmesí, era un tricolor muy inusual pero eso no era lo importante, si no la tonada que empezó a escapar de aquel compartimiento, en breve apenas en un desliz de instante se oyó a punto de una voz pero la cerró en el misterio.

-Años atrás me encontré con un niño que fervientemente deseaba recordar… Cada noche tenía un mismo sueño, un mismo recuerdo, el destino lo llevo a mí… Un blanco felino completamente orgulloso que aunque acusaba de blasfemia mi arte interrogó…-, deslizó sus dedos por la punta de aquella caja tocando con profundidad cada esquina. -Decidí jugar con él así que le pedí lo más valioso que tuviera… Y aunque era sólo un juego su orgullo lo llevó a aceptar con bastante testarudez…. Una canción y los sentimientos relacionados a ella, eso fue su pago…-

-¿Cuál crees que fue el final de esa persona?-, le cuestiono a la nueva víctima de su juego. -Un primer, un segundo, un tercer camino no son nada… Esos todo el mundo lo tienen, pero un cuarto… Ese siempre es mejor…-, Su mano posó sobre el pecho de la mujer donde la herida seguía enjuagándose en su mismo dolor. -Puedo darte un camino más perfecto del que habías pensado, uno donde poseas todo lo que deseas como únicamente tuyo sin confrontaciones-


Oscuridad, descubrió que su compañero de viaje y oráculo era un amo de las sombras. Encantada con la naturaleza dominante de un peligroso depredador de las tinieblas, la necesidad de colosal poderío se dejó sentir en su cuerpo exigentemente. Contempló el juego espectral de la negrura infinita, baile hipnotizante que activó otro viejo recuerdo. Siendo una niña había conocido brevemente por palabras de Caesar sobre el incidente causante de su amnesia, un enfrentamiento contra Heartless. Sin embargo recién entonces comprendía que ella misma había buscado a esos seres, con el objetivo de volverse más poderosa para cautivar a su amado, más no solamente eso, borrar de su cuerpo que entonces era masculino y robado la coexistencia de una segunda alma. Celos, le preocupaba que Kyrus se estuviera enamorando del otro. Y odiaba ese cuerpo pero a la vez lo anhelaba, por la consideración de ser del gusto de su querido.

La caja negra de música apenas dejó sonar la voz adorada que la estremeció, deseó arrebatar el cofre del tesoro a aquel que osó privarla del sagrado mensaje, pero temió que al entrar en contacto con sus manos humanas se desvaneciera. En ese momento de ansiedad hasta creía que el mismísimo Chesire se esfumaría dejando su sonrisa burlona desaparecer por último. Escuchó atenta cómo había sido grabado de la memoria ajena, su curiosidad aumentaba segundo a segundo, ya que sospechaba era material motivador considerando la aparente intensión de su compañero de viaje, ¿se trataba de una composición amorosa sobre la unión de ambos?… No, negativa buscó aplacar esa pasión que invadía su corazón con esperanzas, no podía permitirse caer en el deseo más hermoso pero dañino. Comprendió que esos sentimientos podían ser su fortaleza, pero contradictoriamente también su debilidad, por ello era mejor despojarse de ellos.

Se sumó una propuesta prometedora, del demonio que buscaba hacer un pacto con ella. –Wow, ¿tantas ganas tiene de chuparme como para llegar al punto de ofrecerme un mundo ideal?-, preguntó divertida y apartó la mano intrusa que tocaba su pecho, reconociéndolo como especie sedienta de sangre. –Ja, lo que plantea es una utopía…- Llegaron a sus oídos unos chillidos de jóvenes admiradoras del prominente actor teñido en carmesí como precioso rubí. –Sobre todo cuando la joya es tan codiciada… ¿Qué planea?, ¿dedicarse a mi durante la eternidad para encargarse de mi trabajo sucio? Los enemigos que uno encuentra en su camino, el que se reduzcan a insignificantes con el poder del amor es una prueba de bella unión… El problema radica en ser insuficiente. Incluso si usted como mi aliado extingue a mi maldita competencia, no debería tomar el asunto a la ligera, ¿realmente puede asegurarme que no tendré confrontación con el corazón que quiera poseer?, el arte de amar es demasiado complicado…


Rió, las dudas emitidas por ella no estaban ni cerca de indagar lo que realmente era su afán por fundir su nuevo destino, no deseaba darle una utopía, ni siquiera ser su ángel vengador, deseaba una participación mucho más profunda, deseaba ser aquel que gobernaba su destino, era un objetivo que estaba fijado en él, era una participación para ayudar… Lo cual podía ser irónico, el arruinar la vida de alguien para ayudar a vengarse a otra, pero entendía bien las razones, lo único que podía consolidar como su verdad era su propia venganza.

-Al contrario es simple, sólo que los humanos la complican.- Recargó su cuerpo en el respaldo del asiento, se hundió en la profundidad de sus pensamientos escuchando los miles de murmullos de las personas, oyendo los comentarios sobre aquel acto que parecía cautivar con las dos vistas de su cara, una película donde el bueno en realidad era malo pero que nadie lo sabe ni siquiera el mismo, en un locura sumergida para poder seguir existiendo con sus crímenes sin tener remordimiento alguno.

-El amor es la visión máxima de lado posesivo.- Giró la caja sobre su palma, la movía de forma como si fuera agitada por el viento, era sólo la ilusión de irla manejando de forma lenta. -Desear tener todo pero mentir con el cinismo de decir que lo puedes dejar por su felicidad…- Hizo rotar el cubo sobre su dedo, y en un movimiento desvistió la piel que se cubría de carmín, dejando ver aquel fulgor plasmático que empezaba a dejar su estado líquido, el asomar de aquel nombre tallado por la herida del despecho que cubría su huella por hilarse de nuevo notándose escribir una vez más, viendo como se curaba el nombre y porque desprendía tanto aroma a su olfato.

-El amor es amor, una existencia pura que no está ligada a nada, ni siquiera a un nombre.-
Lamió el nombre antes de clavar sus colmillos en tensa piel sin importar la visión alrededor, sus colmillos perforando con gala de desgarrar el nombre de tal forma que no se volviera a sanar pues en ello infundía un poco de oscuridad para que esa herida fuera fresca sin importar los días que pasaran, al menos hasta que su “veneno” se diluyera.

-Aquello que se infunde con traición no es amor…- Se separó de ella relamiéndose los labios, mirando aquella herida que había formado, movió el cubo enfrente de esta, y lo dejó caer. -Esa es tu respuesta… El que sigue vivo no es tu amado pues si fuera así hubieras podido asesinarlo por el deseo eminente de que fuera solo tuyo aún si fuera un cadáver…. Pero tú lo fuiste, un congelado cadáver que era admirado por esa persona… Por tu verdugo… La existencia de esas notas está en tu memoria…-

Le señaló aquella cajita que seguía girando para ser atrapada. -Puedes decir destruirlo u oírlo, pero, si decides lo segundo tendrás que ir donde está el dueño de la voz para seguir viviendo…. Jaja, ya que accidentalmente lo mezclé con un hechizo de muerte…-


Quien para entonces recordaba haber sido en el pasado rey de hielo tiránico inspirado por un amor no correspondido, convulsionado en un egoísta pero precioso sentir llegando al punto de devastar a la tierra prospera y al amante dedicado del ser anhelado, arrebatando cruelmente todo para convertirse en el único mundo de esa persona adorada, no necesitaba una clase básica donde el maestro del tiempo dictara una lección sobre el carácter fundante del verdadero amor. En realidad ese era un concepto arraigado en su alma que no había sufrido sepultura alguna aún con el paso del tiempo y su desmemoria, porque incluso antes de refrescarse en su mente el retrato del felino dorado como prisionero de su amor, había tenido al lobo itálico aún más en cuenta en su decisión al saberlo apasionado ladrón, aquel día cuando el oráculo lo declaró como tal en su primera sesión.

Inesperadamente un ataque, seda y cuero marrón reducidos dejando parte de su busto, delicado atributo femenino, en exposición para mayor excitación del sediento vampiro. Buscó apartar a la criatura con sus cadenas invisibles, sin embargo estas se pintaron de un tono oscuro hasta pudrirse. Fue sujetada con una fuerza física descomunal, no insistió demasiado en el forcejo inútil reconociendo su desventaja contra el Fénix. Sintió cosquilleo por aquella lengua acariciar su herida piel, y luego perforación atrevida de colmillos hechos para clavarse en carne humana. Creyó que por cuestionar los designios de un horóscopo maldito su destino sería un quinto, el perecer por haber perdido su vida sentido. Primero sintió terror por pensar desaparecer por completo, más no tardó en convertirse en aceptación al considerar que su sirviente debió mejor dejarla perecer antes de encantarla con un nombre mágico que solamente terminó volviéndola más desdichada. Cerró los ojos resignada, en espera del momento en que ya no sintiera más nada…

Y su vida continuó, por suerte o por desgracia. Sintiéndose mareada cedió al descanso sobre el respaldo del asiento al ser liberada, reclinándolo, donde guardando reposo escuchó la conclusión del oráculo. Acomodó su ropa tajada lo mejor que pudo para cubrir la marca que era su vergüenza, por haber sido domada fácilmente. Tardó en responder porque su mente se perdió entre remembranzas, como si el pájaro cucú inmortal picando la Monarda didyma hubiera reproducido más recuerdos en flor. –Las pasiones violentas, tienen finales violentos…-, citó a reconocido autor que estudió en clases de literatura impartidas por Caesar. –Romántico. Sin embargo, usted mismo expresó en nuestro primer encuentro que en mi relación con esa persona el engaño siempre prevaleció… Mi cuestionamiento lo tengo, aunque comparto su concepto sobre el amor, pues ahora recuerdo que pese a llegar a captar algunas de sus señales afectuosas, él hacia regir entre nosotros una hostilidad demoledora… Si realmente el amor se volvió mutuo, me pregunto, ¿por qué no fue capaz de poseerme en vida con el arma más brillante, el sincerar sus sentimientos?, optó con sus acciones por tenerme como muñeco inanimado en caja de cristal…

-El amor si es complicado… No puedo pensar más, no con el estomago vacio…-, dijo tras unos minutos meditando si aceptar o no la canción, sin lograr decidir. Se incorporó para comer el pendiente platillo. -Usted estará muy enérgico por haber degustado a la más exquisita dama, después de probar mi tipo de sangre especial le advierto que seguramente otras pasaran a resultarle insípidas… Ahora es mi tiempo de almorzar, aunque mi comida es deplorable, tendré que conformarme…-, reclamó tregua ya que no estaba en condiciones mentales y físicas para gobernar su vida.


La oía y con esas palabras podía ver su destino, el sendero que seguiría no iba hacía donde él le guiaba, el afán de mandarla a ese lugar sería una forma impráctica de ayudarle al pulgoso, así que tal vez por esa ocasión debía permitirle al destino actuar, aunque, sólo sería parte de un juego, en realidad la dejaría como un pago por su sangre, ahora que su visión no estaba nublada por la hambruna de su lado salvaje podía razonar mejor.

-Si sus palabras se hacen una verdad definitiva tendré que buscarla cada que tenga hambre., comentó con una sonrisa, apoyando del todo su cabeza sobre el respaldo, era de cierta forma como si estuviera mirando el cielo, la sensación de poder ver las estrellas, aunque sólo tenía que mirar hacia fuera pero aún así nos la vería realmente, rozó el filo de su venda.

-¿Entonces debería de compensarla con una cena al llegar a nuestro destino?-, cuestionó brindándole atención nuevamente, estaba entrando al juego de azar en ese momento, y extrañamente le parecía divertido, era como cuando hizo la travesura con aquel par que estaban sumergidos en el mismo destino que su ahora compañera de vuelo, aunque como siempre le brindaba su toque especial.


Desenvolvió el alimento y probó un bocado confirmando la falta de sazón. –No debería cobrar por adelantado, ni estar pensando en cómo podría seguir recompensándolo. Esta sesión inició por su cuenta, y no he decidido contratar su seguro contra futuro caótico ni usado su servicio de mensajería musical.-, respondió a la exigencia anticipada del bebedor de sangre. Vio dibujarse la sonrisa de Chesire, que interpretó como señal de que confiado estaba de poder dirigirla por el camino que le placía. Orgullosa de sentirse reina de su propio destino, en un acto impulsivo decidió. –Soy realmente impredecible, señor oráculo… ¡Destrúyala!-, exigió. Consideraba a un hechizo de muerte innecesario, ya que estaba segura de que el escuchar cantar a su amante de antaño bastaría al encantarla con un apasionado deseo de recuperar lo perdido; por eso mejor que quedara en el olvido, no quería una motivación que la condenara a repetir un trágico amor. La caja de oscuridad se diluyó en el aire consumiendo la canción, explosivo Big Bang que expandió su universo de posibilidades.

Lo vio relajándose en el asiento, manteniendo la sonrisa aunque ella había rechazado cada generosa y maliciosa oferta. Ese hombre era curioso, aún se preguntaba sobre el por qué se había tan empecinado con su caso. Recordó el halago, quizás el que su convicción por seguir el camino que ella misma trazaba se volviera fuerte le resultaba realmente un resultado satisfactorio.

Su acompañante no tardó en romper el silencio entre ambos, invitándola a cenar. –Me…-, su respuesta cesó cuando notó que unos niños que ocupaban los dos asientos de adelante osaron asomar sus cabezas sobre los respaldos. -¿Desean algo?-, cuestionó a los espías, esperando que volvieran a acomodarse en sus lugares. -¿Por qué…? ¿Por qué si es grande aún toma como bebé?-, preguntó el inocente menor, de aproximadamente unos cinco años, por una escena que había visto y causado extrañamiento. –Jajajaja… Es que es un bebé grande. Algún día te volverás un adulto y lo comprenderás.-, contestó divertida insinuando una necesidad que incluía a diferentes especies de hombre, no se refería al beber sangre. Su atención se desvió al mayor, de unos catorce años, notando que miraba muy concentrado su pecho, las prendas rotas por haberse inclinado sufrían una caída dejando esa zona al desnudo porque incluso el sostén se había dañado. Se quitó la chaqueta de cuero tajado y la aventó sobre la cabeza del mirón obstaculizándole la visión, y acto seguido exigió la chaqueta al Fénix para dejar de estar en exhibición. –Se la devolveré esta noche, en la cena…-, expresó aceptando la invitación.


Lo sospechaba, de cierta forma en su mirada se había dibujado un nuevo destino aunque no lo veía completo, era una fragmentación de sombras, esa mujer junto a alguien que no podía ver, era sólo una ilusión antes de borrarse como si hubiera algo que impedía que viera completamente la historia, en ocasiones pasaba cuando el nuevo destino no estaba del todo escrito, pero con lo que veía era más que suficiente.

Oír aquellas palabras lo llevaron a destruir aquel contenedor, la voz atrapada en ese lugar ya no era requerida, le permitió destruirse dentro del olvido, tal vez en su egoísmo regresaría a quien la entregó, o tal vez sólo se perdería para siempre sellando eternamente lo que significaba, la oscuridad de la maldad caprichosa decidiría.

Rió a carcajada abierta cuando escuchó la pregunta del niño, era cierto, su infancia fue tan anormal que ni siquiera había pensado en ello cuando bebió de su compañera, y posiblemente jamás relacionaría algo así con algo tan propio a una vida familia sin importar cual infantil fuera, era por ello que le causaba tanta gracia, oyó la respuesta que dejaba sin contestar nada. -Buena respuesta.-

Aceptó como un trato, normalmente era de evitar las relaciones con los humanos, pero, esa mujer había pasado a dejar de serlo, era un personaje interesante. Le entregó su chaqueta sin algún problema, era entretenido como un par de niños habían sido los cómplices de su acto, mirando sus vidas eran cortas y notaba que una no llegaría a ser más larga, pero no estaba en obligación de decirlo, las vidas siempre se esfumaban tras un soplido de cambio.


-¡Sádico!-, llamó al Fénix el mayor de los espías antes de volver a acomodarse en su asiento, demostrando una interpretación más adulta sobre la escena percibida. –Imagino que debe estar acostumbrado a ser llamado así…-, dijo por anteriormente haberle inspirado a ella misma también denominarlo con ese adjetivo. Dirigió su mirada a la pantalla del frente, donde consultó cuanto tiempo se estimaba faltaba para llegar a Ottawa. –Unas siete horas de vuelo por delante, largo tramo. Será mejor que duerma algo más antes de llegar, o esta noche irá usted a cenar con una zombie.-, comentó a su convidante sobre su falta de descanso. Destapó la botellita de agua y se sirvió en el vaso para beber.

Cuando terminó el almuerzo la azafata retiró los recipientes. –Adelantaré trabajo. Llegaremos tarde, mejor ir buscando alojamiento.-, expresó tomando una revista de turismo que se encontraba en el bolsillo del respaldo frente a ella. -Fairmont Château Laurier, me gusta. Es un palacio elegante y céntrico. Se encuentra cerca de un shopping importante y un extenso parque.-, propuso a su compañero de viaje tras unos minutos dedicados a la sección de hoteles lujosos recomendados. -¿Qué opina sobre mi elección?, ¿puede su poder construir mentalmente el lugar donde nos hospedaremos?-, preguntó curiosa al hombre de ojos vendados, mientras con su vista recorría las fotografías del edificio estilo gótico renacentista. –Su ceguera… ¿es de nacimiento?-, se atrevió a preguntar. La naturaleza pudo haberlo privado del uso de ese órgano, pero generosa había sido dándole un sentido extrasensorial maravilloso que le otorgaba una visión mucho más amplia que la de muchos. -¿O sufrió alguna lesión?-, agregó. El fénix ya sabía mucho sobre ella, ahora era su turno para conocer sobre él.


No le sorprendió la dominación de aquel humano, era cierto, era un sádico, le gustaba infundir el dolor aunque no por ello podía decir que en lo sentimental también, no tenía un punto de comparación porque ni en la traidora deseaba pensar, sólo había sido una ilusión pasajera, se había llegado a convencer de ello porque no había nada que lo siguiera atrapando hacia aquel dolor, así que no fue el centro de su vida se dijo así mismo. Delineó en una breve sonrisa como respuesta al comentario, no estaba negando nada pero tampoco aceptándolo, y aún así la respuesta podía estar clara.

Oía la voz de su compañera, una persona, no sabía sin tacharla de entusiasta o era sólo que se había acostumbrado ya a su compañía aún cuando eran apenas conocidos. Le atrajo el nombre del hotel, lo recordaba brevemente, buscando en su memoria podía ser que alguna vez se hospedó allí, y la atención hacia los hoteles era mínima, sólo le importaba que pudiera descansar y que fueran discretos para ciertos comentarios.

-No soy ciego… Y tampoco poseo ni una herida, mis ojos son perfectamente sanos.-, respondió, no era una enfermedad, no era una herida, sólo eran especiales aún para los de su raza, tal vez por el pecado que había cometido al nacer o sólo fue una jugarreta del destino para permitirle enfocarse en cosas más interesantes. -Pero me temo que no puedo mostrárselos…-


El contrato de camaradería pronto tuvo cláusula de prohibición, no tenía derecho a contemplar los ojos de la criatura hibrida. –Me recordó usted a cierto personaje de ficción… Un actor que en sus años mozos fue famoso por representar a un príncipe en una película taquillera, se encuentra frustrado al sentir que su estrellato se debió solamente a un atractivo físico y no a su actuación, y pensando con pesimismo que no volverá nunca a conseguir un papel que vuelva a hacerlo brillar. Adorador de los reptiles, es cliente frecuente de un vendedor de mascotas exóticas, quien un día le otorga una mujer lagarto de la especie Basilisco. “¿Por qué tiene los ojos vendados?”, pregunta el comprador, quien desea que la venda sea desatada. El comerciante cuenta que según la leyenda, esa especie era manipulada en el pasado como arma seductora asesina, cuando el enemigo era atraído por su belleza esta se quitaba la venda descubriendo unos ojos capaces de convertir en piedra. Llamada Medusa, como la criatura de la mitología griega. En el contrato de venta, por lo tanto, prohibido está quitarle esa cubierta… Al final, el actor se ve reflejado en los ojos de Medusa como el príncipe que alguna vez fue, y al morir se convierte en leyenda siendo recordado como tal… Me pregunto, si yo me convirtiera en dueña de usted, ¿cuánto tardaría en caer en la tentación?… ¿Vería entonces en sus ojos, “la dulce oscuridad llamada desesperación”? Me vería como el príncipe que alguna vez fui, y que en vida ya nunca volveré a ser… Podría entonces usted llevar mi cadáver con aquel que puede darme más fama en la muerte que en vida.-, expresó identificándose a sí misma con el nostálgico protagonista del episodio.

Al quedar en silencio, las voces de los alrededores le llegaron nítidas. Las dos mujeres de los asientos traseros fuerte y claro se escuchaban en sus convulsiones por la emoción de admirar al asesino cautivador. Una presumió haber visto en poco tiempo esa película cinco veces, mientras que la otra compitió ganando con unas diez. Lamentaron la desaparición del felino, y se preguntaron cuando podrían apreciar nuevo film de este. Y ella se preguntó por qué habría dejado el espectáculo sin avisar a los medios, sin dar motivo, pensó que el oráculo en ningún momento le confirmó que en esos momentos Kyrus se encontraba en su tierra natal. Y aunque a ese amor se había resignado, al escuchar de aquellas el rumor de que la razón había sido la existencia de un amante, celosa se sintió al imaginarlo en los brazos de alguien más.
Perdida en los comentarios de las pasajeras de atrás, tardó en prestar atención a la azafata que bocadillos le ofrecía. Cuando la voz de la trabajadora de la aerolínea logró captar su atención, notó los paquetitos transparentes que portaban chocolates en forma de hojas de maple, aceptó. –Dicen que el chocolate combate la depresión…-, comentó a su acompañante cuando la azafata siguió camino para convidar a los demás viajeros. Probó uno, al menos el postre si era deleitoso. –La compañía de una buena mascota, también…-, agregó fijando su mirada en él. –Pruebe, es una delicia…-, dijo acercándole a la boca una hojita dulce.


Oía aquellas palabras con detenimiento, el narrar de cada una de ellas iba haciendo en su mente una búsqueda de dicha historia tal vez alguna vez leída por él, una mezcla de ficciones, la mitología griega por si misma era interesante, esa criatura con cabellos de serpientes que congelaba a todos sus enemigos hasta que fue vencida, pero, en el relato que su compañera le estaba contando era completamente diferente, era una visión paralela de la “felicidad” que tanto añoraban los humanos, el mito de verse siempre recordar.

En realidad podía decir que parte de aquello podía ser similar a lo que había vivido anteriormente con un compromiso que por un instante aceptó, aunque, no le demostró una vida eterna ni siquiera desesperación, era un sentimiento completamente diferente, sintió padecer por aquella que alguna vez estimó pero luego fue sólo un lejano sentimiento de realidad como si se hubiera dado cuenta de que la humanidad por si sola valía nada, sólo era parte de un juego donde él podía participar como un truquero.

-Me pregunto si será alguna de esas posibilidades…-, divagó sin dar respuesta fija porque realmente no había un determinado hilo para saber qué pasaría si vería sus ojos, la muerte o tal vez la paz, una de las opciones podía estar, aunque por ahora sólo una persona fuera de su familia había sobrevivido a verlo, y tal vez sería por ser también un demonio como él.

Notó el cambio de ritmo de aquella compañía, una tensión en su cuerpo, las murmuraciones siempre llegaban como soplo de hojas, y ahora resonaba el porqué cuando se aislaron las demás voces. Era cierto, el felino blanco estaba perdido pero no por lo que ellos decían, el conocimiento estaba en él pero no era algo que diría gratis ya que esa oportunidad había acabado.
Aceptó el dulce sin ni una protesta, deslizándose el sabor sobre sus labios cuando estos rozaron, el tinte de aquel chocolate fue quedando lentamente para la invasión de su paladar.


-Ahora, chocolate blanco.-, dijo acercándole una hojita de maple de diferente gusto. Sus dedos aflojaron la firmeza al sostener en el trayecto, dejando caer el bocadito entre las piernas ajenas que abiertas se apoyaban sobre la suavidad del asiento. –Ups, qué torpeza…-, jugó al inocente accidente, y su mano descendió para aventurarse en la búsqueda del dulce en recóndito territorio viril. Se adentró al punto donde su tacto pudo percibir el tesoro masculino oculto, a fondo inspeccionó atrevida el rincón más íntimo del hombre. –Qué problema, si se pone demasiado caliente se va a derretir…-, pícara se expresó como si su mano intrusa estuviera palpando exclusivamente en el trabajo de hallar la golosina, intensificó el lujurioso movimiento. El chocolate ya se encontraba entre sus dedos, lo frotaba para ablandarlo con la calidez corporal de su compañero.
-Oh, pero si aquí está…-, fingió recién encontrarlo al sentir su mano pegajosa. –Sabe, mi sangre vale demasiado. Además de la cena, quedaremos en equidad si ahora como postre puedo probar su sabor, tal como usted probó el mío.-, exigió colando su mano chocolatosa entre las prendas, dándose el permiso de acariciar en un contacto directo el falo.

Una llamada de atención llegó a sus oídos, una titubeante, tartamuda, nerviosamente apenada. Giró la cabeza, sin dejar de tratar el miembro del Fénix, para ver a la azafata que se presentaba esta vez como intrusa. Era esta una mujer jirafa que aún mantenía sus apéndices de animal, de cabello rubio y considerable altura. –Estoy ocupada, no moleste.-, recriminó con fastidio. –Que por evitar la caída del avión usted no pueda meterse entre las piernas del piloto, no significa que aburrida deba estar interrumpiendo la diversión de sus clientes.-, dijo para molestarla con una broma, sin ser realmente consciente de que su elección de personaje había atinado al deseo secreto de la dama. La azafata sonrojada les dio la espalda resignada, la escuchó emitir un mágico conjuro, deducible era que se trataba de un hechizo para esconder la indecente imagen a los demás viajeros, y se retiró veloz.
Dejó de acariciarlo, su mano estaba bañada en una mezcla blanquecina exquisita de chocolate y semen, lamió saboreando la fusión húmeda y caliente de sabor dulce. –Podría yo también buscarlo cada vez que tenga hambre…-, expresó. Se puso de pie y escapó al baño excitada, con sus pensamientos alborotados por el acto que acababa de hacer.


El movimiento apenas fue el danzar de una sombra bajo la venda, lo siguió en la trayectoria hasta escuchar la voz de la dama que daba expresión de un pequeño accidente, pensó en tomar él mismo tal chocolate que se había curvado entre sus piernas y el asiento, pero antes de ni siquiera poder hacer un movimiento la mano delgada de la mujer ya se sumergía entre sus piernas, en un intento de no causar ni un accidente quedó prácticamente pegado al asiento quieto en su totalidad.

Los roces de tales delgados dedos estaban provocando cierto cosquilleo, la falta de orejas podía hacer que le pasara por un adulto, pero, la realidad era que no tenía nada de experiencia en esa área, así que era una provocación en virginal cuerpo con el que no podía competir, sostuvo la respiración calurosa que estaba creciendo en su pecho.

Oía aquel buen negocio, era como si de pronto la felina hubiera tomado el valor de sus apéndices, estaba saboreando su bocado, una imagen completamente diferente de la que había estado mostrado, una doncella completamente herida ahora afilaba sus garras para saborear algo que no estaba en el menú, y no dio oportunidad de responder porque ya estaba en ello, dejando sentir la calidez de sus dedos con la mezcla del chocolate que le dejaban una sensación rasposa pero agradable que invocó un jadeo en avivar el calor peligrosamente.

Palpitaba su miembro con gusto de ser atendido por tan bellos dedos que ni la intromisión de aquella azafata fue pausa para la lujuria que iba despertando aquella leona, la vergüenza mezclada con el morbo era lo apreciado en su cuerpo, relajándose completamente tensado su cuerpo, apoyando la punta de sus pies sobre el suelo mientras en un jalón llegaba al clímax.

Sólo le permitió huir sintiendo los últimos residuos de aquel nuevo efecto que había aprendido su cuerpo de ese orgasmo, suspiró, estaría aceptando aquello como un caprichoso deseo del destino… Un momentáneo deseo. Se acomodó sus prendas mientras se volvía a enfriar su cuerpo y así mismo sus pensamientos que se volvieron remolinos.


Se encerró en esa pequeña cabina que había tomado como refugio. En su mente se terminó de dibujar el episodio de ella rey y su harem personal. Temporalmente lo ubicó, unos cinco meses de invasiones sobre el ser adorado habían transcurrido. La obra de arte del león guerrero, elaborada por querido artista, era presumida en el salón del trono como el decorado más valioso. Pero aunque descubrir esa dedicada pintura había llenado su alma de la más tierna esperanza en el amor, parecía nada haber cambiando cuando el felino dorado hostil seguía ante sus avances de conquista desilusionándolo. Cada encuentro sexual era una violación, el gatito continuaba mostrándose negado a tal acto y lo culminaba cada vez invocando no su nombre sino el del fantasma. Sufrió por la tensión del no ser correspondido una disfunción eréctil, preocupado por la falta de pasión en su cuerpo acudió a su sirviente consejero y este dijo que era normal considerando la complicada situación sentimental que enfrentaba a diario. Este además se ofreció a tratarlo actuando como doctor del corazón, asegurando que volvería a hacer que se parara, lo corrió del dormitorio aventándole un almohadazo. Se encerró en cuestiones gubernamentales evitando durante varios días a su complejo amante, el lobo observador se presentó en una ocasión asegurando que notaba que el abandono si estaba afectando negativamente al prisionero y era una buena señal. Fue en ese momento que concibió la idea de encontrar peones para dar celos a su rey de fuego. Tres mascotas compró, las cuales comenzó a pavonear al desnudo paseándolas por todo el castillo para terminar encerrándose con ellas en la alcoba. Eran dos cebras gemelas, del género femenino, preservaban aún su virginidad luciendo sus apéndices, de piel muy pálida con líneas negras tatuadas en los brazos, ojos café y cabello bicolor blanquinegro largo hasta la cintura, de veinte años; y un tigre blanco también virgen, albino de cabello corto, ojos azules, de catorce años. Posaron en su cama, los miró con indiferencia cuando las dos mujeres a la vez comenzaron con delicados toques a estimular el cuerpo del menor. Él solamente estaba esperando la llegada del deseado, una irrupción magnifica… Pero no llegaba. Una de las féminas se le acercó para invitarlo a participar, la empujó a la cama con violencia alejándola. Expresó firme y claro que los había comprado para aparentar y nada más, porque en el mundo solamente dedicaba a una persona su arte especial de otorgar placer sexual. Impaciente, descontento por la ausencia del esperado, les ordenó a los tres extasiarse en el acto hasta perder los inocentes rasgos animales. Si el felino no reclamaba, entonces le haría creer que bien había gozado de las criaturas compradas y no lo necesitaba más. Aunque antes de que estos concretaran la orden, su ira pronto en fuego se consumió, junto a los cuerpos de los pobres tres desdichados…

Relamió su mano, el sabor y olor del líquido seminal y chocolate derretido regresaron su mente al presente, una nueva era en su existencia en la cual ya no se reservaba para el rey de fuego, ella ya no pertenecía a esa persona. Por un instante se reprochó, estaba procediendo como patética mujer desesperada tocando a cualquiera para olvidar las penas de amor, pero concluyó que el oráculo no era “cualquiera”. El Fénix le parecía realmente un individuo interesante, misterioso, poderoso, atractivo, y… No podía negarse la emoción que la invadió al sentirlo dócil entre sus garras, fue una sorpresa porque al comenzar el acto pensó que sería apartada e incluso consideró el terminar asesinada. El canto erótico de pajarito, deseó escucharlo una vez más gemir de placer.
Salió del escondite y se dirigió hacia donde se encontraba su compañero de viaje. –Será mejor que limpiemos su pantalón, acompáñeme…-, dijo al pelirrojo y tomándolo de la muñeca lo guió hasta el baño. Ya adentro, encerrados juntos en ese estrecho espacio, sacó del bolsillo un pañuelo que mojó en el lavamanos y se arrodilló en el suelo para limpiar. Era más práctico que este se los quitara para refregarlos en la pileta, pero su verdadera intensión era continuar el juego de los roces accidentales para estimularlo una vez más. –Tener que encargarme de limpiarlo… Realmente es usted como un bebé grande…-, expresó con una sonrisa pícara mientras su mano se colaba en vaivén en la entrepierna ajena, frotando el trapo húmedo. Le bajó el pantalón y la ropa interior al percibirlo duro, acarició la erección con el pañuelo. –También su piel se ensució con el chocolate, y otra cosita…-, saboreó en un coqueteo con su lengua el falo chocolatoso. –Bebé pervertido, tal parece que volverá a ensuciarse… Con gusto me encargaré de limpiarlo cada vez…-, agregó. Absorbió el miembro con su boca y chupó intensamente para hacerlo en éxtasis secretar el espeso líquido viril.


Cerró sus ojos bajo la venda cuando apareció un remolino de imágenes dentro de sus pensamientos, un desconcierto por estar tan desubicado de lugar, y era que empezaba a ver más destinos de lo que deseaba por estar en un avión lleno de humanos. En realidad había sido agarrado descuidado, se había quedado con muy poco control que buscaba enderezar de nuevo dentro de sus memoria como ubicando de nuevo cada película en su propia sana con un sonido moderado antes de soportar más la revuelta de estos.

Abrió su mirada al oír la voz de vuelta de su compañera, volviendo se encontraba con ella siguiéndola, en un instante llegó a ubicarse de nuevo dentro de un apartado más privado para escucharla en su deseo de limpiarlos, en realidad se sentía tonto en estar prácticamente congelado delante de aquella mujer, y era porque la había agarrado de bajada en el desconcierto que no terminaba de ubicarse hacía lo poco que sabía que en realidad era casi nada.

-…- Iba a expresar algo pero en ese instante que podía decir, un rechazo o una muestra de deseo por más, era complicado porque cuerpo y mente estaban en contradicción, la sensación húmeda de esa lengua causó que se apoyara contra el lavabo estremeciéndose por aquel gusto nuevo que estaba conociendo que brindaba un jadear por el agradable sabor de aquella emoción en su boca.

Una de sus manos acarició los cabellos oscuros de su… No sabía cómo denominarla ahora, pero por un segundo la palabra “dueña” pareció sonar bien. Enredando sus dedos en aquellos hilos fue una sensación cortante cuando los agarró fuerte al sentir de nuevo aquella liberación pero esta vez en tan cálida cavidad.


-Pasó de hablar mucho, a gemir mucho… Voz bien expresiva de pajarito.-, dijo tras tragar el caliente jugo de la pasión. Se preguntó cuantas víctimas habían llegado a ser encantadas por la sensualidad del vampiro, más aún, cuántas de ellas habían resultado lo suficientemente atractivas para que el chupa sangre concediera tales deseos especiales. En un destello de obsesión, con recelo surgió la aspiración de enjaularlo para que nadie más que ella gozara de tal privilegio. Un absurdo, una humana no tenía el poder necesario para crear barrotes resistentes para adueñarse de una suprema ave inmortal. Le acomodó las ropas, y se mojó en el lavabo limpiando los restos seminales y también buscando bajar un poco la temperatura ardiente que emanaba su cuerpo. Debía tomarlo con calma, disfrutar de una efímera aventura sin complicarse con anhelos codiciosos, porque por partida doble había probado lo difícil que era poseer a una persona, mejor no encariñarse creando molestos sentimientos innecesarios.

Volvieron a sus butacas, dejó pasar al Fénix al espacio que se encontraba junto a la ventana. Ella se dio el permiso de sentársele en el regazo de este, usando su propio asiento como apoya pies, dejando sus botas en el suelo. Tiró de la palanca para reclinar hacia atrás el respaldo de su compañero, y por consiguiente el cálido pecho que ella usaría como cama. –Quiero dormir plácidamente, sin ser atormentada por crueles pesadillas… Quizás resguardándome en la presencia de un poderoso demonio pueda viajar en el mundo onírico sin ser atacada por los males de amor.-, expresó sintiendo sus parpados pesar. Relajada por ya no encontrarse perdida en soledad, el dulce sueño pronto logró conciliar.


No buscó analizar el momento, era una de esas situaciones completamente imprevistas. Salió tras de ella, se acomodó en su asiento para recibirla, oyendo aquellas palabras, sólo sonrió, y es que no había nada más que decir, se habían tomado demasiada confianza, y resultaba raro pero al mismo tiempo como si fuera ideal aquel trato, era desconcertarte, lo cual le parecía divertido en haber terminado en tal conflicto emocional.

La acunó bien, y descansó con ella lo que restaba del viaje, una sesión agradable, no hubo necesidad de decir nada más porque encontró también algo de descanso así que sólo fue continuar el trayecto hacia el aterrizaje para allí tomar una habitación en el hotel elegido y preparar la reservación de la cena.
Era realmente bastante irónico como iba todo girando de una manera bastante inesperada, pero, extrañamente se sentía entretenido, era como una diversión nueva así que sólo lo permitiría.

Esta entrada fue publicada en Mis obras, Rol y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *