Wolf x Bunny’s Song


~Agony~
The dream that will come true someday becomes a mere unheard whisper
The tears the moonlight trickling down from my hands
The smile that pierced my heart when we met, I want to protect it so much
Even if I writhe in agony, just being able to be close to you
Would bring up distant memories, even if you can cure my sadness from it
As my thoughts keep on revolving, wondering if we will ever come to a peaceful end
This frequently-asked question dances up the heavens, and in the dawn sky it changes into light
Everything is an illusion, they go as soon as they appear

Estado: Soñolienta
Música que escucho: The Headless Waltz (Voltaire)
Download: Voltaire (Discografía)

Endless Story: A continuación podrán leer la segunda parte del episodio titulado “Cane furbetto“.


El tímido y huidizo despertar del bonito muchacho le sugirió la posibilidad de que si no le hubiera ganado en el tiempo de espabilar se hubiera repetido el escape de la mañana. Notó los arañazos sobre el cuerpo de su amigo, se preguntó cómo habían sido hechos. Al escucharlo quejarse por un punzante dolor al incorporarse, no le quedó duda sobre que ambos habían sido compañeros de sexo una vez más. Se dispuso a preguntarle sobre el acto que ya le resultaba evidente pero que estaba rodeado por un halo de misterio, aunque quizás no podría recibir las respuestas que estaba buscando… Apenas movió los labios para cuestionar sobre lo acontecido, antes de emitir palabra fue interrumpido por quien entonces se encontraba sentado sobre su cadera. La amorosa voz, imperativa, le recriminó que cuidara mejor la pulsera, nuevamente una de sus muñecas fue decorada con el enigmático accesorio. Era un tesoro para él, un obsequio de su querido amigo, pero pese al valor sentimental tenía dudas sobre seguir portándola, tenía la teoría de que se había convertido en un sonámbulo controlado por esa magia de origen desconocido… Pero por el momento la aceptó, cuando veía la tierna sonrisa dibujada en aquel precioso rostro le resultaba imposible rechazarla.

-Yo… tuve una horrible pesadilla…-, aclaró cuando el gesto alegre de Azariel se borró dando lugar a una pregunta cargada de preocupación. –Solamente una pesadilla… O quizás no… La sentí tan… real…-, expresó sin ahondar en los detalles, no quería transmitirle una aterradora escena que pudo ser parte del pasado de ambos, lo protegería de ese cruel recuerdo. Si el rey de hielo de sus sueños había resultado ser real, existía la posibilidad de que aquellos bebés también existieran alguna vez. Apoyó el brazo sobre sus ojos cuando sintió que más lágrimas derramaría, buscando contenerlas para no preocupar más al joven. –Me duele la cabeza…-, dijo la verdad, pero era una expresión que surgió de sus labios para excusar el cubrirse los ojos de esa manera. –Esta noche… quédate conmigo… Te necesito a mi lado…-


-¿Una pesadilla?-, cuestionó. Lo oyó atentamente sin agregar más cuando anexó que se trataba de algo más real, así que tal vez era sobre su vida anterior; le iba a pedir que le dijera más así podía calmarlo con mayor gentileza pero notaba que Caesar no deseaba hablar sobre el tema, así que sólo le permitió encerrarse en sus brazos sin dudar ni por un instante más en darle protección, aunque no pudiera cubrirlo del pasado al menos en ese presente deseaba ser su apoyo.
Lo abrazó más fuerte. -No te preocupes, te haré compañía tanto como quieras.- Era su amigo, debía de recordarse eso, era consciente de lo que allí había pasado, él había entregado su cuerpo a su amigo no sólo una vez sino más, y aún así… Realmente estaba confundido pero en ese instante Caesar lo necesitaba como su amigo y como nada más, no, en realidad tal vez al final seguirá siendo así.
Dejaba lentas caricias sobre la espalda de su amigo, repitiendo esas palabras en sus pensamientos tanto como fuera posible, sólo debía recordarlo… En sus pensamientos recordó antiguas cosas que le contaba sobre esa persona que amaba, los caminos que llevaron, así que era posible que esa pesadilla se relacionara sobre aquella persona, y se dio cuenta de que tal vez él no era la persona que debía estar allí. Apoyó su mejilla contra la cabeza del mayor para acunarlo mejor entre sus brazos, refugiándolo en su cuerpo, al menos ese abrigo podía darle.

No decía nada porque sencillamente no sabía que decir… Y menos cuando él mismo estaba confundido, era como despertar en él algo que hace muchos años atrás había dejado olvidado aunque… Se mordió el labio, sus ojos se humedecieron pero se negó a dejar escapar alguna lagrima de ellos, cerrando sus parpados apagando aquellas pequeñas cristalinas, así borrándolas para que se atraparan en sus pestañas. Todo estaba bien, seguían y seguirían siendo los mismos amigos de siempre, le besó la cabeza.
Desde muy joven se había dedicado a comprender al mayor, su relación se había hecho muy cercana, su mente había crecido rápidamente para poder comprenderlo y ayudarlo, sus sentimientos también aunque algunas cosas quiso ignorar como el amor, y las relaciones, era por ello que sobrevivió a todo hasta conocer a… su “primer amor” y único… Al menos así debió continuar, pero de hecho venía bien, él mismo había lastimado al que más amaba, así que tal vez era una especie de karma. Se preguntaba porque en ese preciso momento estaba pensando en tanto, tal vez estaba algo sensible, lo cual era gracioso.
Y de pronto todas las ideas se borraron cuando cayó en cuenta en el lugar, y…. Bueno… Se sonrojó de golpe. -Cae… Es mejor ir arriba.-, trató de no sonar apenado volviendo a su habitual, debía continuar así o sólo haría la vida de su amigo más caótica y no deseaba eso, como le había dicho en el día anterior lo primordial sería seguir con la persona amada.


Se incorporó quedando sentado con el menor sobre su regazo, manteniendo su cadera atrapada entre las piernas ajenas. Fue envuelto en suavidad de conejito, era una confortable medicina de ensueño contra pesadillas. Su querido amigo era adorable, eso siempre lo había pensado, pero entonces se descubrió pensando en que Azariel sería un esposo maravilloso… Y no lo estaba considerando como esposo para alguien más, estaba deseando atarlo a él, pero… Amaba a Ran, finalmente su relación con ella estaba tomando el rumbo tan esperado y… No podía pretender tener a ambos, no de la misma forma…

Era mejor ir a la planta alta como Azariel decía, era tentar al infortunio estar más tiempo en ese salón expuestos. Su ama podía llegar en cualquier momento, y no quería ser descubierto así. Si la muchacha realmente había comenzado a interesarse en él como amante, una escena así le causaría sufrimiento. Era el soldado dedicado a proteger a la reina, no olvidaba que la había salvado de un infausto amor dispuesto a hacerla vivir un hermoso romance, no se perdonaría ser él mismo quien la hiciera soportar una relación amarga. Él y Azariel habían gozado en esa vida de una generosa amistad, podían seguir juntos de esa forma.

Se puso de pie siguiendo a su amigo, lo cargó en brazos al saberlo adolorido por la penetración y lo llevó al segundo piso de la casa. En ese recorrido hacia el cuarto de baño, dejó fluir su magia para curarlo, aunque no por completo, solamente los arañazos. –¿Realmente no debo preocuparme, conejito huidizo?… Esta mañana rompiste tu juramento, desperté desamparado… Siento que tendré que esposarte a mí para que no se repita…-, le recriminó. Al llegar a destino lo sentó sobre el acolchado puff. –Te dejaré seguir sintiendo el dolor en tu colita, como un dulce castigo por faltar a tu palabra…-, declaró. Y también como un castigo por estar encantándolo en esa manera arrebatadora, era criminal ser tan adictivo. Consciente era de que ese dolor duraría varios días y causaría incomodidad al albino, pero no podía tener la consideración de sanarlo cuando era una preciosa evidencia de la unión de ambos. Aquel acto no debía volver a repetirse, así que era una forma de dejarse sentir dentro del cuerpo ajeno un tiempo más.

Movió los grifos para rellenar la bañera, estaba tentado a pedir al joven compartir la calidez de ese baño, pero no era correcto prolongar ese intimar propio de los amantes. Estaba preparado ese baño para el albino, él tenía trabajo que hacer en la casa, tomaría uno más tarde… Pero cuando estuvo listo, la necesidad de estar pegado a Azariel prevaleció, se metió a la tina invitando a su amigo. –Ven… Entra conmigo… Te ayudaré a enjabonarte…-, dijo esperando que aceptara. Ran aún no lo había declarado solamente suyo, se daría permiso de concluir ese placer culpable con esa inmersión de los dos.


Debatió que podía andar solo cuando su amigo lo llevó en brazos, pero al parecer no pasaría eso, aunque en parte realmente le agradecía porque su cuerpo estaba resentido de aquel encuentro, la sensación caliente en su interior de aquel simiente aún permanecía con un leve ardor por la profanación, su cadera por igual estaba débil como para sostener bien sus pasos sin mostrarse como el andar de un patito.

Era verdad, en la mañana terminó escapando pero fue sólo porque no pudo razonar nada más, y es que no era como si aquel evento fuera común entre ellos, era normal que la impresión de ese pequeño desliz le provocara irse lejos. -¿Es tu forma de esposarme?-, cuestionó con aire travieso aunque buscaba sólo sonar relajado llevando su relación normal, por alguna razón salió un timbre diferente; la sensación era vivida aún pero lo aceptaba, sería como un tatuaje temporal pero con el sentir de uno permanente.

Pasó sus dedos sobre su cabello echándolo hacia atrás como si lo cepillara para poder hacerse una coleta, cerró sus ojos unos instantes escuchando el fluir del agua que iba llenando la tina, y soltó sus mechones claros cuando lo escuchó. Se movió lento esa corta distancia que lo separaba de su amigo, metiéndose en la tina sintiendo pronto el acariciar del agua, fue causando una sensación de relajamiento en sus músculos provocándole soltar un suspiro.
-Me alegra haber venido a visitarte….-, comentó con tranquilidad, eran unas palabras que abarcaban mucho aunque no comentaran tanto, pero en muchas razones daba paso para su alegría, en varios puntos había sido buena esa reunión.


Abrió las piernas haciendo espacio para que el joven se acomodara usándolo a él como respaldo. Lo abrazó al escucharlo hablar, y le respondió susurrándole dulcemente al oído. –Y a mí me alegra tenerte de visita.- Permaneció unos minutos inmóvil, en silencio, disfrutando de la estrechez de aquella cercanía.
De pronto oscuridad, no supo si fue un problema eléctrico externo que afectaba a toda una zona o interno, después del baño revisaría si saltaron los fusibles. Con su magia creó una luna llena en miniatura, esfera luminosa que dejó flotar sobre el agua irradiando lujuria y amor, podía invocar una luz más potente pero tenue le parecía romántico para decorar el intimo momento entre los dos.

-Adelántate un poco, te enjabonaré la espalda.-, indicó al albino que tomara algo de distancia para comenzar el aseo, le pasó el shampoo para que mientras lo untara en el cabello de plata. –¿Has pensado alguna vez en la posibilidad de casarte?… Te imagino, puro y precioso conejito de nieve, sobre el altar luciendo un elegante traje blanco…-, dijo mientras refregaba la espalda ajena con la jabonosa esponja. Tosió apenado tras descubrirse expresando lo que sonaba como una proposición, estuvo mal exteriorizar ese deseo cuando debían mantenerse como amigos. -Es que estaba pensando en que seguro serás un esposo maravilloso… Será afortunado quien se case contigo… ¿Podrá tu viejo amigo y maestro ser quien te entregue ese día?-, preguntó considerando que la relación de Azariel con los padres era negativa, y aclarando que su papel en esa boda no sería la del novio.

Quitó el tapón para que el agua hiciera camino hacia las tuberías, terminarían de enjuagarse con la lluvia. –Acércate…- indicó al joven para volver a la distancia inicial, dejándole en evidencia su erección. Dejó la esponja a un lado, enjabonó sus manos y las deslizó sobre el tórax. –Pero… Sería un problema si me negara a entregarte…-, agregó pellizcando los pezones para ponerlos erectos, hechizado por el erótico momento. Su cuerpo y mente reclamaban que ese muchachito debía ser suyo. –Un gran problema… Por eso es un error que nos estemos acostumbrando a este tipo de cosas… Eres consciente de ello, ¿verdad?-, se recriminó con sus palabras, pero sus manos siguieron asaltando al menor al deslizarse una intrusa hacia el miembro viril ajeno.


Estremeció por la caricia del aliento de su amigo en su oído haciendo cosquillear su cuerpo, sonrió, ambos compartían la alegría de aquel momento. Su mirada se oscureció aún cuando sus ojos estaban abiertos, la noche había gobernado, al parecer había sido una falla pero dejó de pensar en eso cuando la luna cayó desde lo alto de ellos acariciando el brillo del agua de la tina, dándoles una luz que seducía en un ambiente intimo, uno que era agradable en compartir.

-Si.-, contestó con un corto monosílabo porque le sorprendió la pregunta, se empezó a lavar su cabello mientras lo oía, oyendo el porqué de aquella duda. Un matrimonio, si, había pensado en uno años atrás, pero en esos instantes ya no lo pensaba, era posible que fuera porque no encontraba la persona adecuada para desposar, así que por ahora sólo estaba en un pensamiento oculto. -Si en un momento llega a pasar ese maravilloso día si lo permitiría, la primera persona que desearía cerca sería a ti, no hay nadie más en mis pensamientos para compartir la felicidad de un día así.-

Sus glúteos rozaron contra la erección de su amigo provocando un sentir caliente en su cuerpo, pero no fue hasta que las manos jugaron con sus pezones que se pegó aún más de lo que ya estaba, su espalda rozando con el pecho firme de su amigo, y sin pensarlo un leve mover de su trasero que parecía una provocación infundida por aquellas caricias atrevidas.

-Ahm… Si… Lo es…-, su voz escapó algo entrecortada por la distracción del roce de su muslo, en el profundizar hacia su entrepierna los toque de aquellos dedos, en el movimiento de su cadera por la reacción sólo hacía que chocara más con la excitación reflejada en el cuerpo ajeno, era como tango de placer en un iniciar lento que iba avivando de nuevo las brazas del momento. -N-No deberíamos.-… Jadeó sin delatar su convencimiento, al contrario titubeante era su timbre pues estaba cediendo a la sensación, su mano bajó cubriendo la ajena como confirmando la guía del movimiento que debía seguir, mostrándole qué ritmo quería que siguiera.


-Eres travieso, obligándome a seguir tocándote en vez de apartarme… Vamos a mancharnos otra vez… Estás muy sucio últimamente, conejito…-, sonó su voz pícara al ser guiado por la mano ajena. –Me provocas ser un maestro demasiado exigente… El coqueteo de tus nalgas… Ahm, se siente tan bien contra mi miembro… Me invitas a penetrarte otra vez…-, expresó y le mordió con suavidad el lóbulo. –Mmm… Como soldado debiste ser entrenado para soportar el dolor… ¿Podrás resistir esta gloriosa noche otro enfrentamiento más en esta guerra de placer?…-, desafió tras desprenderse sus dientes de la oreja del albino.

Su amigo levantó la cadera, su arma fue introducida en el campo de batalla preparada para detonar. Ya estaba mojado, no necesitaba lubricación. La luna frotó atrevidamente sobre la punta del falo ajeno. –Mi magia te ha estado acariciando con su luz… Ahora exige retribución, recibir tu impacto… Un cráter, uno profundo, que llevará tu nombre…-, expresó haciendo que el miembro viril excitado del menor perforara al astro. Gimió al sentir la penetración, él y la luna estaban conectados sintiendo como un mismo cuerpo. –A… za… Muévete ahora…-, sus palmas contra las palmas ajenas dieron soporte, dando al cansado guerrero la fuerza que necesitaba para agitar la cadera.


De sus labios casi escapaba un “No me importa”, en un segundo realmente así eran sus pensamientos, mientras se ensuciara con su amigo estaba bien, pero esas palabras eran tales que no podían liberarse más allá de su mente, y es que aún dentro de ella provocaron el colorear de sus mejillas. -… Si…- No necesitó más para alzar sus caderas, le permitía invadir de nuevo su cuerpo, le concedía ese permiso sin reserva alguna.

Jadeó en el acariciar del dolor de una nueva invasión, una sensación que surcaba por su vertebral como punzante corriente eléctrica, era el cruce de un relámpago sobre su cuerpo que sólo delataba su presencia. Cerró los ojos relajándose, le permitió a sus sentidos acariciar aquel momento donde su tacto era el más gobernante, el sentido más importante en ese preciso instante donde sus cuerpos se volvían parte de uno mismo. Su cadera se mantuvo quieta acostumbrándose a la invasión esa que había ya compartido más de una vez pero que seguía siendo como la primera, compartiendo nuevos sentimientos en cada enlace de su ser. La voz de su amigo llegó en el mismo instante que él deseó sentir más la invasión, ayudándose de aquel apoyó brindado pudo agitar su cuerpo en un movimiento lento siendo pausado en la sensación de desliz de aquel sexo en su entrada que se encargaba de atraparlo.

No deseaba ser escandaloso pues en el baño el eco era mucho más sonoro que en cualquier otra habitación, su voz resonaba como si escapara de un potente aparato de sonido, se avergonzaba de sí mismo, de cómo se movía, el buscar más de aquella embestida de entrelazar sus cuerpos en una invasión consumida hasta la locura. Sólo un poco más se decía, necesitaba llenarse más de aquel hombre para sentirse satisfecho, pero pareciendo que algo en lo más profundo de su alma sólo avivaba aquella hambre.

-Caesar…Cae…- ¿Por qué no podía dejar de decir el nombre de su amado?, era como si hubiera pasado mucho tiempo sin decirlo, una sensación cosquilléate en su voz que deseaba que se llenara el ambiente de la imploración por aquella persona, en la mezcla del sonido cubierto por la morbosidad del ambiente, los golpes húmedos de sus glúteos contra la pelvis ajenas cuando la invasión era completa. Sus cabellos claros cubrían su mirada vergonzosa, el llorar de placer que nublaba su mirada entre abierta dejándose consumir por la luz, y en el acariciar de su vaivén deseaba que cayeran esos hilillos completamente pero se unían a su cuerpo de forma reserbada para delatarlo.


Estaba penetrando, y siendo penetrado a la vez. El conejito de la luna se activó tras su indicación, dispuesto a saciarle su feroz apetito sexual, preparando con dedicación el dulce batido de crema con amor. Su trasero se sobresaltaba dando golpeteos contra la superficie de la tina al sentirse dentro del brillante astro las punzadas causadas por el alargado meteorito. Auditorio de acústica maravillosa, escuchar su nombre entre gemidos cantado por ese hermoso ser que adoraba lo embriagaba al punto de considerar una insensatez. Creyendo que no fluía una pizca de magia en el cuerpo de Azariel, pensó que podía usar su propio cuerpo para engendrar a los gemelos destruidos. Deseó transformar un pasado de pesadilla en un futuro soñado, dando a los bebes que habían sido privados cruelmente de la vida una nueva oportunidad de existir. Podían ser recreados para gozar de un mundo mejor, donde esta vez pudieran crecer en armonía… Pero recapacitó haciendo desaparecer la luna, siendo sumidos en la completa oscuridad, para evitar aquella tentación antes de que Azariel se corriera inyectándolo en semen. Debía resignarse a que no podía restaurar el tesoro perdido en esa época, porque hacerlo causaría un profundo sufrimiento a la otra persona que amaba. En esa vida ya había firmado la promesa de hacer feliz a su querida reina, era con ella que debía planear tener una familia. Había un límite en la cantidad de sueños que podía cumplir, excederse al final solamente haría de la vida de todos ellos un caos.

Tras descargarse su sexo dentro de su amigo, después de soltarse su falo de la prisión apasionada, permaneció abrazándolo durante varios minutos. De pronto la luz eléctrica volvió a iluminarlos, había resultado ser un problema general en la zona. Se paró y alzó la mano para desprender de la altura la regadera, se arrodilló sobre la tina y roció al agotado joven ayudándolo a lavarse, luego continuó con su propio cuerpo.
Salió de la bañera y cargó al muchachito envuelto en toallas, lo trasladó a su dormitorio. Lo apoyó con delicadeza sobre el lecho, haciéndolo ponerse colita arriba para más comodidad. –Descasa, te prepararé algo para cenar…-, dijo al menor mientras se vestía, se puso una camiseta negra y un pantalón de jean azul.


Era un gozo doble, un sentir que embriagaba en el deseo de aquellas embestidas en su interior y así mismo sentir que él perforaba el ser ajeno, en ese astro plateado que acariciaba su sexo donde su hombría se hundía de forma gloriosa, una lujuria entre mezclada que iba confundiendo sus sentidos hacia la nada haciendo borrar cada pensamiento de su mente que estuviera lejos de aquel momento, sólo era disfrutar el acto.

Jadeó en la sensación borrada de su cuerpo cuando aquel astro se esfumó sólo dejando la sensación acariciada de la oscuridad, el aumentar de aquel resonar de su corazón, y escuchar el jadear de su amigo que acompasaba muy bien con sus propia voz, el respirar hondo tropezado por el sentir bombeando de su corazón que le daba un esfuerzo doble.

Hundió las emociones en la satisfacción completa cuando acarició el clímax, en un rocío sobre su piel, y en el sentir cálido en su interior que una vez más era rociado por aquella simiente. Agotado, se sentía, sus ojos se mantuvieron cerrados así que no se dio cuenta de que la luz había vuelto. Sólo se permitió limpiar en un escalofrió por el cubrir del agua, no hizo el intento de levantarse porque ni estaba cercano a estar seguro de que podía, así que se dejo llevar dócil acomodándose en la cama cuando fue depositado en esta.

-Bien, gracias…-, dijo escuchando los pasos de su amigo irse, se cubrió un poco mejor manteniéndose cómodo en ese lecho, pero empezó a sumergirse en un sueño profundo por el cansancio de tales momentos tan satisfactorios, sólo dormiría un poco, seguro que se despertaba cuando volviera su amigo así que no se resistió aunque sólo caía más profundo su descanso.


Recordó el desorden dejado en la sala de estar, antes de cocinar debía recoger las evidencias del crimen. Miró a las agujas del reloj, era muy tarde. No sabía si sentirse aliviado por la aún ausencia de su ama, o preocupado. Juntó los trozos de tela y vidrios, y refregó las manchas de semen de la alfombra lo mejor que pudo, al día siguiente se encargaría de contratar personal para una limpieza más profunda y cambiar la ventana rota.

Tomó su teléfono móvil dubitativo, quería enviar un mensaje para informarse del estado de Ran pero a la vez temía molestarla. Tras pensarlo unos minutos decidió escribirle, si había sido desencadenado significaba que la reina le había perdonado su desobediencia. “¿Qué desea cenar mi capitana?, ¿regresará pronto a la base?”, tecleó en el papel de soldado siguiendo la orden que aún seguía vigente por no acabarse el sábado. “Voy camino a un hotel con un lindo gatito, no me esperes.”, no tardó en recibir la respuesta. Aunque había muchos felinos en el mundo, al leer la denominación “gatito” pensó en Kyrus como acompañante de Ran. ¿Qué derecho tenía de celar cuando él acababa de tener sexo con su amante de antaño?, se reprochó. Sonó la melodía anunciando otro mensaje. “Fue una broma, ¿te asusté? (♥)… Salí de compras con una conocida del teatro. Te compré regalos, aunque por haber sido un perrito malo estoy dudando si dártelos… No sé a qué hora regresaré a casa, cena y descansa sin esperarme.”, aclaró la muchacha dándole un suspiro. “Si me asustó, capitana desalmada. Me quedo tranquilo, entonces. Cuídese. La amo (♥)”, escribió con cariño.

Se dirigió a la cocina, donde se dispuso a preparar una sopa de zanahoria para el conejito. Tras mezclar los ingredientes dejó hervir durante treinta minutos, mientras comió unos emparedados de jamón y queso, y ordenó el lecho de la dama aprovechando el intervalo. Para acabar el platillo licuó las sustancias dándole una consistencia cremosa, calentó durante otros diez minutos y agregó hojas de cilantro como toque final.
Posó la vajilla sobre una mesita de cama, y la llevó a su huésped. Empujó con el pie la puerta para abrirse paso al dormitorio donde su amigo descansaba. El muchachito se había quedado dormido, era de esperarse después de tanto ejercicio. No quería interrumpirle el sueño, pero tampoco quería dejarlo pasar la noche con el estomago vacio. –Aza… Aza… La cena está lista…-, le avisó.


El sueño sumergió completamente su consciencia haciendo que lentamente los velos de la ilusión gobernaran sus pensamientos, una mezcla de imágenes que no tenían coherencia alguna, era como si fuera algo fantasioso producto de alguna droga tal vez; pero en un instante como si espolvorearan algo pasaron a cambiar las imágenes haciendo una neblina granulosa que iba dando paso a una nueva función, una que sin lugar a duda no parecía un sueño o al menos así lo sentía.

Disfrutaban un día de campo o eso parecía, se encontraban rodeados de vegetación, un prado hermoso se notaba abastecer de vida, el movimiento suave de la hierba larga se agitaba con una brisa cálida. En su regazo descansaba un pequeño conejito que parecía aplaudir juntando sus manitas entre suaves balbuceos que escapaban de sus labios como una conversación entretenida con un pequeñito más.

Alzó la vista para poder ver a su agradable acompañante que compartía aquel momento llevando en brazos un pequeño lobito, pero en el instante que sus vistas se cruzaron empezó a desvanecer todo como si de pronto el sol hubiera cubierto de rojo, y las cálidas nubes soltaran gotas de sangre. Un frío surcó por su cuerpo lo que hizo que buscara proteger a sus cachorros, pero el que se encontraba cerca de él pareció desvanecerse como cenizas entre sus dedos.

Un sobresalto causó que despertara de aquella pesadilla abruptamente causándose dolor en su parte baja por tal suceso, pero eso era nada en comparación con el dolor que se instaló en su corazón. En el movimiento brusco pareció golpear algo que resonó ruidosamente hacia el suelo, pero en sus oídos no era más que sonido lejano, estando completamente blanco como una hoja por esa terrible impresión sintiendo su piel erizarse de miedo. Sus manos parecieron irse a proteger su vientre pues lo cubrió como si allí guardara un tesoro, aunque no había sido más que producto de un sueño, una pesadilla al final, aún así sentía ese sentimiento de proteger aquella cuna de vida que algunos podían otorgarla muy opuesto a él.


Un choque en el despertar abrupto de Azariel provocó que el platillo y cubiertos cayeran al suelo, dejó a un lado la mesita y se dedicó a intentar calmar a su alterado amigo, era claro que había sido atormentado por una terrible pesadilla. Se preguntó si ambos habían sufrido por un mismo recuerdo, lo notaba aterrado, y en el gesto de aferrarse al vientre se le figuró una madre durante el embarazo atesorando a su creación. Se sentó junto al albino, le acarició el rostro cariñosamente. No podía cambiar el pasado, lo único que podía hacer para atenuar el dolor era hacerlo sentir acompañado. –Aza… Yo… Lo siento… Discúlpame porque no pude…- No logró completar la frase, su voz se quebró en el intento de contener el deseo de llorar, en ese momento debía mostrarse fuerte para no angustiar aún más al menor. Se mordió el labio lleno de rabia, provocando sangrado, se sentía tan impotente por no haber podido proteger a sus hijos en el pasado. Quería volver a sepultar esa tragedia en el olvido; pero a la vez con intriga quería seguir torturándose recordando aún más sobre aquel incidente, conocer al culpable de arruinarles la vida…

Se recostaron juntos, abrazados. Esperaba con su gentil calor darle dulces sueños, aunque era consciente de que su presencia por el contrario también podía ser causante de más pesadillas. Su mente, asistida por una influencia mágica desconocida, reveló el misterio del asesinato de los gemelos. La fatalidad volvió a reproducirse en su cabeza, esta vez agregándose a la cadena la imagen del agente provocador de la desgracia. El hombre que lo había hecho sentir miserable en su infancia, su propio padre, había sido el asesino. Él estaba agonizando, y Giovanni victorioso declaró que Azariel tendría un castigo peor que la muerte… Despertó con una preocupación más sabiendo que su amado había sido sometido a horribles torturas, su odio hacia su padre era descomunal. Más que nunca sentía la necesidad de que su preciado amigo se asentara en Roma para tenerlo cerca, sabía que el conejito tenía programado permanecer solamente veinte días allí, debía retenerlo. “Lo haré cuando decidas vivir conmigo”, resonó la tierna voz del muchacho en su mente, podía pedir a Ran el favor de hospedarlo en esa casa. La idea le agradaba, pero de pronto reconsideró si lo más seguro para el joven era permanecer cerca de él, más aún en la capital donde Giovanni había vivido años atrás… Intentó calmarse, convencerse de que Azariel estaba a salvo… No había tenido noticias sobre ese sujeto en más de cuarenta años, y esperaba que siguiera fuera de su vida, le gustaba pensar que estaba muerto…


El abrigo de su amigo al consolarlo le dio algo de paz, los pensamientos eran tormentosos; la claridad se iba borrando conforme estaba más tiempo despierto, aún así la sensación continuaba viviendo en una gran angustia, no tenia forma de sacarlo. Escuchando aquellas palabras le concedió un abrazo también, no sólo se refugió en él sino que también le dio consuelo; ambos sufrían por aquello pero en ningún momento lo culparía, no podía.

Volvió a conciliar el sueño con el abrigo de Caesar, se permitió descansar una vez más para olvidar todas aquellas memorias, aunque era una oleada de recuerdos que iban y venían como el movimiento del mar pero se iban alejándo haciéndose menos presentes, permitiéndole por fin dormir sin mayor preocupación buscando siempre el calor compartido con su amigo.
Aún en lo profundo de sus sueños sintió la agitación de su amigo, así que sin saberlo sólo se movió de forma instintiva abrigándolo más, le compartía la misma confianza que él le había dado, uniéndose para poder dormir sin mayor pensar hasta que sus cuerpos se vieran descansados.

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2 respuestas a Wolf x Bunny’s Song

  1. Creo que he muerto por la hemorragia nasal…

    • Venecia Lamperouge dijo:

      Esposa mía, ¡volviste de la guerra! Fue una sorpresa enterarme de que tenía una esposa, he *Haciendo referencia al hiatus con lista de afiliadas-waifus* XD

      Me alegra que mi blog vuelva a ser manchado con tu sangre fangirlera~

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