Vampire Queen’s Song


~Vampire~
She’s a vampire, desire darker than black
Reach higher, no turning back, her wings are curtains of the night
Dead are the places where this goddess has been
Cold is the skin that this creature has seen, her universe is an ocean of blood
The night is blind, the mistress she is calling you to be by her side forevermore
Follow her until her thirst is sated
An immortal lie, heartblood

Estado: Relajada
Música que escucho: Rose (Lee Hi)
Download: Nada…

Endless Story: A continuación podrán leer el episodio titulado “Galleria dei ricordi“. Se introduce un nuevo personaje en la historia, Lowell, escrito por mi compañera de rol Suan.


Tras confirmar vía mensajes de texto con una conocida del trabajo punto de encuentro, se preparó para salir. Vistió un pantalón ajustado de cuero negro; una blusa de seda marrón; sobre esta una chaqueta de cuero marrón con cuello solapa, con hombreras de peluche del mismo color, cierre delantero y cinto ajustado con una hebilla dorada con forma calavérica. Calzó botas de tacón bajo, de cuero marrón, acordonadas en zig-zag, largas hasta las rodillas. Como accesorios se puso una gargantilla de cuero negro con tachas y un anillo de león dorado con ojos de rubíes. Se pintó sus largas uñas de dorado.

Lista salió de su casa, se llevó el auto. Camino al lugar acordado, se detuvo unos minutos en el primer bar que encontró para comer algo, no había almorzado. Abrió la carta y en la lista figuraba primero “Ensalada Caesar”. –Maldición, ¿por qué apareces hasta en mi menú?…-, dijo refunfuñando. Siguió su vista la lectura en recorrido descendiente sobre el repertorio de platillos, decidió ordenar un medallón de carne vacuna con salsa fileto y manzana, y para beber un vino Brachetto.
No había mucha clientela en ese horario de la tarde, así que su pedido fue cumplido sin demora. Considerando el detalle de que Caesar solía juntar gajos de manzana sin pelar de a pares, formando con la superficie roja labios de vampiresa, cuyos colmillos eran almendras cortadas en forma puntiaguda pintadas en salsa roja, ver los trozos de fruta desparramados de esa manera tan simple le resultaba aburrido. Al menos sabía bien, determinó al probar bocado, la cocción de la carne y la condimentación de la salsa se adecuaban a su gusto. Ella misma podía no ser dedicada en la cocina, pero eso no le impedía ser exigente con aquellos a los que daba el deber de agasajar su paladar. El vino era uno de sus favoritos, una agradable combinación de fruta y chocolate.

Después de comer se dirigió sin más intervalos al sitio indicado por su compañera teatral, un corredor de negocios llamado Dante Inferno. Apenas bajó del automóvil fue recibida por La muerte, con rostro esquelético, manto negro y guadaña, quien le entregó un volante que anunciaba un ciclo de cine del terror que se realizaría todos los sábados durante ese mes, en la sala única de proyecciones de la galería. A las nueve de la noche de ese sábado sería la primera función, mostrarían dos películas que habían sido producidas antes de su nacimiento, no las había visto así que consideraba el asistir. Un nombre captó su atención, Masamune Thalassinos, en un sitio web había leído que ese hombre pudo tener el papel protagónico en una de sus series favoritas, tenía curiosidad por ver actuar a esa persona de buena fama que pudo ser Drácula. Nunca había visto un film donde apareciera, solamente un par de fotografías que acompañaban a un artículo donde se explicaba por qué había rechazado el papel, en una figuraba solo y en otra junto a la esposa.

Recordó un sueño que había tenido luego de ver aquellos retratos, se descubrió sintiendo atracción más por la pareja que por Thalassinos cuando su mente le dio protagonismo en una imaginación libidinosa, mostrándola vistiendo un corsé negro enlazado al frente con una cinta roja, unas bragas de encajes rojos, y una capa larga negra de cuello alto. La vampira albina, sentada sobre una cama, bebió de una copa de forma salvaje provocando que el líquido sanguinolento chorreara por entre las comisuras de los labios. La fantasía había sido breve limitándose a ese solo acto, porque su gato Lüdérc la despertó. Eso había sido poco después de regresar del viaje a Rumania.

En la entrada la estaban esperando la invitante y otra mujer que desconocía. Su colega, una mujer un poco mayor que ella, de tez clara, cabello rubio lacio en corte carré, ojos azules, trajeada ese día completamente de blanco, presentó a la otra invitada como la novia. Era esta una estudiante del último año de la preparatoria, de tez clara, pecosa, cabello pelirrojo enrulado largo, ojos verdes, en sus prendas de vestir predominaba la tela de jean azul. Se adentró en la galería con esa compañía.


Eclipse púrpura: Se tallaba en un letrero de oscuro color, la representación era de un pergamino roto por el costado derecho, era de tal forma que se mostraba a medio rasgar la ultima letra, cada carácter era delineado en tono plateado con un fondo morado haciendo breve contraste donde se hacia la fusión de los tonos como si las pinceladas fueran toscas y casi desearan salir del contorno.

La puerta se presentaba en el centro de dos vitrinas, una que señalaba tras su vidrio un letrero de “Abierto”. La puerta se dividía en dos por la mitad horizontal, en la parte inferior parecía ser de barrotes más sólo era una simulación de estos ante un pintar pulcro, en la parte superior una mirada carmesí oculta en oscuridad. En la vitrina derecha se presentaba en forma de ramas las principales líneas de la lectura de la mano, y resaltaba colgando de estas finas letras que describían los principales artículos a encontrar además de una agradable interpretación de adivinación. En la vitrina izquierda se notaban las cartas de tarot caer en semejanza con una lluvia en un arte borroso para el efecto de movimiento, y sobre el borde se notaba el desfile de varias velas de diferente formas además de presentaciones anexando algunas con peculiares semillas.

Un cuervo, era el ave que alertaba el empujar de la puerta cuando se abría para poder entrar, su canto se escuchaba breve instante. La visión del amplio espacio no tardaba en visualizarse bajo la nítida iluminación de candelabros eléctricos que colgaban del techo en nacimiento de collar, el cableado era oculto por artesanía, una ave entre dos flores de campanillas púrpuras, y una jaula en el terminado donde agradablemente descansaba el foco que iluminaba en azulado.

Los estantes se presentaban en un diagrama simple, en los visuales principales algunos libros de atracción popular sobre el ocultismo: El poder de las velas, Hechizos, Leyendas, entre otros títulos de atracción. Continuaba con un desfilar de pequeños frascos de diversos colores donde almacenaban esencias, en compañía las velas que parecían tener función complementaría con tales frascos, y otros artículos del mismo tema. Se visualizaba la caja registradora del pago atendida por una joven que se vestía de negro, y su pintar era de estilo gótico, en costado de la caja se veía un desfile de sillas con tapizado púrpura, una cortina que separaba con otro apartado donde era especial para las lecturas viéndose ocupar los asientos por aquellos que deseaban esperar un turno para conocer su futuro o presente, y algunos más místicos el pasado olvidado.

En un vistazo de la joven cajera les indicaba como sentarse para saber cómo iban los turnos, el espacio en ese día era contado pues era un adivino especial según decían cuando brevemente le cuestionaba sobre el oráculo. En caso especial era recomendaciones por clientes frecuentes sólo con ese adivino, le indicaba también horario de la otra adivina que estaba allí de forma fija pero que cedía su lugar cuando llegaba aquel que esperaban con ansia. La cortina apenas y se agitaba cuando alguien salía, pero aún así del interior nada se apreciaba más que una sola voz que anunciaba el permiso para que pasara el siguiente consultante.


Ingresó a “Ultimo banchetto”, una joyería donde la mercancía se exponía en bandejas de plata, sobre una larga mesa de roble. En uno de los extremos de la mesa, un esqueleto ocupaba un asiento de terciopelo azul. Era una representación de un banquete mortal, un individuo había perecido durante un festín y los restos permanecían formando una escena fúnebre. Un gran candelabro dorado decorado con telarañas colgaba del techo, bañando con luz el interior del local. En el recorrido visual sobre las alhajas una pieza captó su interés, no para ella, parecía un buen regalo para alguien que conocía. Eligió un plateado anillo garra, con cara de lobo como nudillo. Al ser notorio que no era de su talla, la rubia le preguntó si era un obsequio para su padre, por el tono pícaro de voz comprendía que la mujer insinuaba que ocultaba una relación diferente y quería información, se trataba de la misma persona que el día anterior había cuestionado por el mismo asunto. Asintió, no tenía por qué negarlo, comprar ese accesorio para él no significaba ninguna revelación. Sacó de su bolso la tarjeta de crédito y pagó al vendedor, un hombre vestido de negro, muy pálido, con el cabello corto negro y ojos carmesí.

Al salir de la joyería, su colega quería dirigirse directamente al fondo, después detenerse a revisar los demás comercios, mostrándose impaciente por adquirir allí algo especial para aquella joven tigresa que tenía como pareja. Al final del corredor se encontraba un negocio que, a diferencia de los otros, no tenía vidrieras para curiosear desde afuera qué productos se vendían. La entrada era color rosa claro, “Sogno di farfalle” llevaba escrita con luces de neón color fucsia, la perilla de cristal fue girada por la mano de la dama de blanco que la invitaba a seguir el camino hacia el interior. Avanzaron sus pasos, se desplazó corriendo capas de gruesos cortinados de terciopelo rojo que se desplegaban tras la puerta prolongando el misterio de qué ocultaba el local, hasta descubrirse dentro de un mercado erótico. Les dio la bienvenida la vendedora, presentándose como “Madame Butterfly”, era una mujer de tez clara, larga cabellera lacia fucsia, ojos azules, vestida con un kimono negro y rosa, con alas de mariposa negra desplegadas en la espalda.
Se movió dentro del cuarto predominantemente rosado, su colega tuvo que arrastrar a la novia que actuaba tímidamente queriendo huir. La rubia y la pelirroja se enfocaron en un punto donde se exponían unos sensuales disfraces de policía y prisionera. Mientras tanto, ella entre tantos juguetitos centró su atención en un set de lobo que constaba de cola con vibrador y orejitas. Ante tal elección, la vendedora revolvió el perchero y sacó a la vista un disfraz de caperucita roja, sugiriéndolo para complementar esa compra. Era tentada a complacer a su encantador lobito.

Abandonó el sex shop llevándose consigo dos bolsas rosadas con mariposas negras estampadas. Su colega le afirmó que ese erótico juego para pareja que había adquirido seguramente sería una grata sorpresa para… La rubia dudó por un momento sobre cómo definir al hombre que conformaba la confusa relación, terminó optando por llamarlo por el nombre propio, Caesar. En un intento de replicar apenas movió los labios, a punto de emitir excusas sin sentido que pasaron por su cabeza, pero sus palabras mentirosas de negación fueron silenciadas. No afirmó que él fuera el destinatario de esa compra, pero tampoco lo negó, su silencio fue revelador. No sabía si quería congelar hasta la muerte a la mujer que la había introducido en ese lugar que intoxicaba a los visitantes en lujuria, justo cuando buscaba despejar su mente de esa clase de apetencias que la hacían sentir extraña, o si por el contrario debía estarle agradecida porque ese sitio era lo que necesitaba para terminar de exponer sus verdaderos deseos…

Un hombre encapuchado apareció y dejó en sus manos un volante que publicitaba al Fénix, un adivino que se encontraba temporalmente en la galería haciendo sesiones. Nunca había tenido un encuentro con una persona que se dedicara a tal arte y desconocía la precisión de aquella magia, pero le resultaba una propuesta interesante para proseguir con la expedición de esa área comercial. Se dirigió con sus acompañantes a ese lugar, allí dentro se les asignó un orden para acceder al recinto del vidente, la rubia y la pelirroja pidieron hacer consulta en un mismo turno.


-Pasen.- Resonó la voz desde el fondo de aquel recinto que se bañaba enteramente por la oscuridad, en el instante que caminabas tras de esas telas divisoras eras tragado por la oscuridad entrando a una nueva dimensión donde el misterio era acariciado hasta en el aire.
Cruzando las cortinas eras alejado del mundo exterior, al costado derecho se podía apreciar una iluminación naciente de fuego, era un candelabro de suelo que se alzaba precisamente como la ramificación de un árbol; desplegaba cinco brazos, cada uno de ellos de diferente nivel dando efecto de escalera, y de la punta de estos se sostenían cinco copas colgando desde una esfera morada que sostenía tres puntos de cadena que acariciaba la boca de cristal morado cubierto con metal oscuro que tenía grabados de flores negras con corazón del mismo tinte que el cristal principal, y desprendiendo de sus dos brazos campanillas mientras que el centro era una moneda fusionada a una flor de campanilla doble. El fuego que bañaba el interior daba la iluminación hipnótica que hacia juego con su gemela al costado izquierdo permitiendo visualizar el suelo por donde resonaban los pasos para llegar a los asientos frente a una mesa redonda con un mantel sangre.

-Bienvenidas.- Saludó el enigmático personaje tras el otro lado de la mesa, un hombre encapuchado, su mirada no se distinguida pues su rostro se bañaba por las sombras, y en el fulgor del nivel de la mirada solo se gobernaba por oscuridad pura como si fueran dos hoyos negros que absorben el alma. En el momento que ambas mujeres se sentaron sobre sus cabezas nació una mariposa rojiza que desprendía de la punta de sus dos alas un espiral capturando una esfera y seguía este hasta sujetar una base de campana donde nacieron las llamas que iluminaron la presencia de las visitas para que observara mejor lo que se presentaba en la mesa.

-Presente, pasado o futuro, cada camino tiene un peso distinto, la unión de dos es la desunión de uno mismo…- Presentó delante de ellas la interpretación que hacía en dibujos brillantes como si fuera una especie de polvo de estrella que aún radiaba luz. Una mano en palma arriba, un mazo de tarot, una estrella, y distinguía también un signo de interrogación, les permitió escoger cuando decidieron por la lectura de carta lo demás se borró. Les pasó el juego de cartas para que la revolvieran indicándoles como debía ser el proceso. A ser interpretación en conjunto sólo les permitió usar una mano a cada una, les indicó que dividieran en tres iguales, luego les hizo decidir por una pila apartando las otras, y empezó a acomodarlas en forma de abanico. Abría cada una de las carta iniciando la lectura, les fue indicando su camino, el ciclo nuevo que iniciarían como pareja llegando al pilar de la interpretación diciéndoles parte de ella solamente con una sonrisa que acariciaba a lo siniestro en una promesa futura de encontrarse de nuevo. Les permitió salir, desapareció la mariposa que alguna vez nació, tras un breve instante invocó al nuevo visitante, y el color del fuego cambió, pareció mezclarse con el engaño del cristal pues ahora no era morado si no color sangre igual que el mantel, un carmín más creíble que el mismo río que surcaba las venas.


Mientras esperaba su turno, curioseó las mercancías que aquel místico establecimiento exponía para la venta. Sacó de la biblioteca un título que le interesó especialmente, “Reencarnaciones”. Conocía numerosas historias sobre reencarnados, autobiográficas, puramente ficcionales, otras que mezclaban realidad y ficción. Se preguntaba si su alma era una novicia en ese mundo terrenal, o si era veterana por haberse aventurado antes en vidas pasadas. No todos los reencarnados tenían el privilegio, o la maldición, de conservar memorias de antaño. Había quienes afirmaban haber rescatado recuerdos de vida pasada olvidadas, pero lo perdido no siempre se podía recuperar, era lógico pensar que también existían personas que no lograban restaurar escenas que habían sido sepultadas bajo siglos obscurecidos. Ella había vivido años sin lograr rememorar acontecimientos que dataran de antes de su internación, quizás también tenía memorias de vidas pasadas que reponer. Apenas ojeó la primera página cuando la llamaron para asistir a su cita con el adivino, dejó el libro a la cajera para que fuera embolsado para llevar.

Accedió al recinto donde el profeta se encontraba, flamas daban una iluminación tenue al lugar, el vidente era eclipsado por las sombras. Tomó asiento frente a este, sintiendo que su alma era invadida por la intensa emoción con la que el misterio alimentaba a la curiosidad humana. Una llama más nació sobre ella, alumbrando mejor la mesa. Invocó al pasado, aquel que por si sola quizás nunca lograría ver, y al futuro, pues si estaba condenada a la desgracia una advertencia quizás pudiera salvarla. De los dibujos en polvo brillante seleccionó al enigmático signo de interrogación, le atraía por la peculiaridad de ser un elemento que se presentaba como desconocido mientras no fuera elegido, tenía interés por descubrir que herramienta adivinatoria se ocultaba bajo incógnita.


En la oscuridad de su mirada dibujó la presencia de la mujer que entraba a su recinto, le indicó el asiento frente a él para que descansara mientras le presentaba las opciones de adivinación, y tan pronto ella se posó en la silla sobre su cabeza apareció la luz, un corazón de hielo atravesado por una espada de fuego, una iluminación perfecta para la primera lectura. Lo sabía, en su ojos se rebeló el conocimiento de que daría dos caminos, su mirada tras encontrarse con la entrada de aquella mujer le hizo ver, la notó rodeada, enredada en una encrucijada del destino donde dos puntas de lazo se desprendían, y cualquiera que fuera jalado sería su perdición.

Sonrió. -Una elección magnifica para sus dudas.-, emitió en hilo de voz que parecía un eco de ultratumba, en el filo de su mano cruzó sobre aquella simbología de elección borrando en una barrida para sólo quedar la incógnita. Sus dedos sujetaron y tras de ella apareció un cofre blanco como la misma nieve, lo abrió sacando una pañoleta que cubría un par de objetos, un puñado pesado pero sin sobresalir demasiado. -Dele un soplido de vida.- Le extendió la pañoleta con ambas manos, y esperó que ella soplara, cuando así lo hizo, dejó caer el costal sobre la mesa. La tela se abrió desprendiéndose cada orilla hasta estirarse completamente y revelar lo que había en su interior, un desfile de finos huesos en diferente terminado desfilaron, uno sobre otro, algunos más alejados, y otros casi se veían como si recién se hubieran roto, en un extraño hilo se notaba aquellos que parecían formar una figura.

Un sonido de meditación escapó de sus labios al estudiar cada escritura impresa, las líneas que destacaban de aquellos huesos fundiendo en un color azulado pues casi parecía que arrancaron la sangre de aquel corazón flameante arriba de la mujer, y otros apenas acariciaban en el carmesí como la espada atravesada.
-Veo que ha surcado más vidas de las que se pueda mencionar.- Surcó sus dedos sobre el flotar de un desfile de huesos alineados. -Vivió en soledad en varias de ellas… Si… En busca de alguien, en algunas se encontraron pero fueron tenues momentos… Apenas la ilusión del calor ajeno…- Se detuvo en un hueso central donde parecía destacar con mayor fervor los colores reflejados por la luz. -Hubo un encuentro… ¡Ah, ya lo veo!… Alguien interrumpió el final perfecto… Hubo pérdidas…. El rompimiento de la ilusión de un ser naciente de ambas almas, y colorearon el rencor…- Acarició donde se veía rasgar el color rojizo, no eran toques directos solo lo hacía sobre el viento.

-Y de nuevo soledad… ¡Oh, cruel agonía!…- Rozó el hueso roto señalando los añicos. -El destino los llevó uno a brazos del otro, pero nació una bestia, una batalla, los lazos se rompieron… ¡Ah, pero que veo aquí…!- Alzó la vista hacia ella pero con su capucha no se notaba aún así su rostro. -Perdió… Perdió su conexión con aquella persona, un nuevo lazo se creó… El pasado fue dejado atrás en la ignorancia de aquellas memorias a las que se aferraba.-
Concluyó su lectura, miró lo que no había interpretado acariciando sobre aquellos retrasos. -¿Esta realmente preparada para saber todo?-, cuestionó como adelantándose a la duda que deseaba formarse de los labios de aquella mujer sobre lo que no había interpretado, esperó escucharla. -Puede continuar con este medio de interpretación o escoger otro.- Alzó su mano acallándola. -Sí, puede cuestionarme lo que desee antes de seguir.-


Como matrioska que envolvía otra matrioska, misterio envolvía otro misterio. El signo de interrogación ocultaba un cofre, el cofre una pañoleta… Sopló tras la indicación del encapuchado, y entonces un costal se abrió revelando finalmente la técnica de adivinación, lectura de huesos. En el desconocimiento de ese arte, se preguntó si serían restos de un cuerpo que había sido suyo en otra vida. Lo escuchó atentamente, descubrió la gran proporción en la que su mente estaba sumida en una nebulosa al atribuírsele numerosas vidas… En varias de ellas vagó en busca de alguien, pensó en Caesar porque en ese momento no podía imaginar una vida sin él, ese hombre había sido capaz de domesticar a la salvaje leona, se había hecho responsable de criarla… Ella se había vuelto dependiente de él, más de lo que Caesar pensaba… Y entonces estaba descubriendo que la relación databa de siglos, saberlo le provocaba conferirle a la unión que ambos tenían un lazo de oro… Pero entonces la narración rompió su conjetura, ella y esa persona que buscó tanto en el pasado ya no estaban juntos…

Estaba shockeada, no quería que le hablara del futuro cuando en el presente se sentía tan confundida. Apenas movió los labios el encapuchado la acalló y respondió a su pensamiento, dándole la posibilidad de cuestionar sobre lo contado. –… Después de lo que me ha dicho, en el presente no sé qué es lo que quiero para el futuro, porque me siento tan confundida ahora no quiero que me lo revele, lo descubriré yo sola… No me arrepiento por haber preguntado sobre mi pasado, en realidad me gustaría conocer más sobre mis antecedentes… Muchas veces he sentido un vacío existencial, ahora sé que a causa de la falta de esa persona que amé en el pasado… pero… Un nuevo lazo, mi padre… No, mi novio… No, mi futuro novio…-, expresó su caótico sentir al que entonces veía como su confidente. Era extraño que ella se abriera tanto con alguien que no fuera Caesar, era reservada, pero ese individuo era una excepción a pesar de ser un completo desconocido, ese individuo la conocía ya mejor de lo que ella misma se conocía, era increíble… -Me gustaría poder recordar a esa persona que amé en el pasado, quizás entonces me sería más fácil definir si debo luchar por restaurar el antiguo lazo, o si debo luchar por volver más fuerte el nuevo lazo… Hábleme más sobre mi pasado, si es posible quiero más detalles, esta vez elijo que sea mediante la astrología…-


Aceptó la nueva petición de la mujer, en un movimiento desaparecieron aquellos huesos, era como si todo se borrara; el movimiento había sido rápido, para esos instantes siempre aprovechaba sus habilidades como hibrido, aunque claro que para la humanidad sólo era parte del juego de la adivinación. Le daba igual como lo vieran las otras personas, él sólo hacía eso por diversión y para coleccionar cosas interesantes que después podía usar para su provecho, no había nada más que ello, era lo único que le quedaba desde aquello.

La mesa tan oscura como la noche sin luna se vio cubrir de estrellas, no era la fijación de un cielo normal, era un reflejo de la carta astral de la mujer. Las personas que no conocían del todo el arte buscaban cuestionar muchos datos sobre su cliente, pero eso sólo los llevaba a idear mentiras para responder; en su caso no necesitaba nada de eso, las estrellas mismas le daban el conocimiento, más cuando seria de vida atrás su interpretación.
En el centro se reflejaron dos imágenes, en inicio eran sólo siluetas oscuras que no daban ninguna pista. El movimiento empezó cuando se fueron creando líneas hasta hacer una red en busca de enfocar cada grado con una precisión fija en una contestación. Cada detalle estaba en un ángulo preciso, no había error en lo que mostraba.

-El presente está ligado con el pasado.-, eso parecía destacar algo obvio. -Aquella persona está ligada a la presencia de otra, ambas aparecieron en el mismo tiempo del pasado dentro de tu destino, sin embargo una fue más fiel que la que añorabas.- Miraba con detenimiento cada detalle revelado, el saber que podía decir y que no. -Aquel que sostuvo tu dolor acompaña tu alma y tiene la llave de tu pasado…-
-Guerra…. Fuego contra hielo en una lucha eterna, en un encuentro…- La miró, viendo si estaba entendiendo el ser más claro, a veces no era tan posible al ir leyendo. -El alma que amas es fuego puro, las llamas fueron apaciguadas, y hubo entrega, pero el engaño siempre prevaleció… Naciendo en el destiempo.-

-Su alma retorno al origen, una pista te doy…- La tomó de la mano, y la llevó a rozar una de las silueta dibujadas; le permitió ver con su mente un breve destello de una persona consumida en fuego, aunque no en una apariencia adulta era más joven, casi infantil, no podía ligar bien los tiempos por alguna especie de interferencia así que apenas pudo invocar algo de la primera vez que se encontró con aquel que compartía su destino, no estaba seguro si vio realmente de forma nítida pero algo seguro que alcanzó a apreciar.
En un error cuando iba apartar su mano hizo que los dedos de la mujer tocaran la otra silueta, la miró al rostro viendo su reacción, pues él había soltado aquella mano que guiaba así que lo que allí ella notaba sólo era para ella aunque sabía que era. -Lo es.-, contestó la pregunta. -Es la persona que tiene tu llave del pasado, tan cerca y egoísta arrebata las memorias.-

Hizo encender todo en fuego. -Consumido en llamas fue, el último encuentro de los amantes… La salvación vino en sueños y en él atrapó los recuerdos… ¿Cual relación es sincera si ambas vienen juntas?- Sonrió levantándose, tal vez realmente no le había contestado nada. Recogió algo de la oscuridad, ni siquiera se notaba que era, le entregó lo que parecía ser un cuadro, no se notaba en la oscuridad pues de negro se envolvía. -Un presente.-, la invitó a que lo viera, un cuadro dibujado por aquel amante que ella buscaba, una antigüedad… El que lo recordara o no dependía de ella, pero, ahora magia se instalaba en ese arte, bien decía que los sentimiento del autor crecían conforme pasaban los años, y la firma allí estaba, así que ir a buscarlo o no dependía de ella, él llegar e interrogar al otro también, si deseaba ignorar lo que vieron sus dedos era su problema, el sólo jugaba.


Sobre la superficie estrellada se trazaron las constelaciones de su universo personal. Quien sostuvo el dolor causado por las penurias de un complicado amor, en el presente seguía siendo su guarda. Lo figuró como su lobo guardián, ¿quién más podía ser si no era Caesar? Siendo así, aunque no habían sido amantes, su relación con él si tenía el sabor del añejamiento. Aunque no estaba del todo segura si estaba interpretándolo correctamente, o era lo que quería entender por un deseo de hacer relucir el brillo de su estrella centinela. Después de siglos de obstinación buscando arraigar en su tierra de hielo una preciosa flor de fuego, sin los mejores resultados tal parecía, ¿estaba dispuesta a darle privilegio al lobo guerrero que intentaba imponerse como heredero de su amor?

Percibió la fugaz imagen de un niño, felino de cabellos y ojos dorados, que evocó en su memoria la imagen del vampiro que la había seducido en Rumania. Creyó que debía tratarse de un parecido coincidente, porque esa persona en ese tiempo era un hombre, no un infante. Si no se trataba de la misma persona, ¿acaso esa atracción que había sentido se debió a un parecido físico que le causó inconscientemente nostalgia?
El mes anterior había asistido a una fiesta de disfraces en el castillo de Bran. Mientras Caesar se encargaba de terminar de establecer una estadía de noche completa para solamente los dos, ella buscó escapar de la multitud que para entonces la tenía agobiada, yendo al dormitorio del rey que planeaba usar para su descanso. Al ingresar al lugar descubrió a un intruso en la cama… En su cabeza lo había denominado “intruso” siéndolo ella también, lo cierto era que en ese momento aún no recibía la autorización de acomodarse en ese aposento por parte del personal, trabajando en eso estaba su compañero. Planeó despertarlo para liberar el lugar, pero de pronto el bello durmiente le inspiró cierta ternura, era raro que tomara esa clase de consideración hacia ese usurpador al respetarle el sueño. Embelesada se quedó inmóvil sentada al borde de la cama, en silencio, contemplándolo durante varios minutos. Ese rostro no le era desconocido, el año anterior había visto online una serie de cortos de terror protagonizados por ese joven, además de varias fotografías en la red, era un reconocido actor y modelo. Se tentó a acariciar las orejitas de gato, un contacto suave pero que interrumpió el sueño. El rubio despertó molesto, recriminándole por osar tocarle los apéndices de esa forma, pero se calmó al frotar sus orejitas de leona como retribución, quedó con ganas de más mimos al romperse el contacto. Pasaron a conversar amenamente tras presentarse, sobre la estadía en Rumania y las vestimentas que ambos portaban, hasta que sorpresivamente el vampiro de cabellos dorados la recostó en el lecho carmesí causándole un sobresalto al acelerarse su pulso pero manteniéndose dócil al asalto. Fue víctima de una ardiente lujuria al sentir la intensa mordida de la criatura de la noche sobre su cuello, y el roce de aquellas manos traviesas sobre su busto. Por suerte o por desgracia alguien los interrumpió, caso contrario… Muy posiblemente se hubiera entregado por completo a la merced de un extraño.

Confirmó el papel de Caesar en su historia al descubrirse la figura del hombre de cabellos azulados y ojos ámbar sobre la mesa. Una vez más tenía sentimientos confusos por ese ser, esta vez al no saber si estar enfadada porque se había atrevido a mantener en secreto la existencia de su amante o estar halagada por tal intervención hecha con ferviente adoración hacia su persona. El incumplimiento de su voluntad por parte de su sirviente había sido un crimen, ella no había decidido desligarse de su amante de antaño sino sido acaparada recelosamente en un momento de confusión, pero había sido una transgresión con buena intención a final de cuentas. Fue por amor, para ella era una regla de normalidad el ser egoísta por una pasión arrebatadora, buscó justificarlo. Y conociendo a ese caballero de brillante armadura, seguramente había sido impulsado por una mezcla de egoísmo con necesidad de protegerla.

Aceptó lo ofrecido por su servidor con curiosidad, apenas distinguía ese objeto en las sombras de ese recinto así que a pasos apresurados salió del lugar para apreciarlo en detalle. Era un retrato de un león imponiendo supremacía, mostrándose imponente pisoteando un mar de cadáveres. La potente imagen la hechizó evocando en su mente la vista del pintor en proceso de elaboración, un muchacho rubio dándole la espalda al concentrarse en las pinceladas. -¿Siempre enalteces a tus enemigos en tus pinturas, o debo considerarlo una declaración de amor?-, cuestionó al unísono voz masculina y femenina, sin recibir respuesta alguna por parte del artista. La imagen del pasado se desvaneció cuando sus dos acompañantes la arrastraron al presente, preguntando intrigadas qué secretos le había revelado el vidente. Acarició con las yemas de sus dedos la firma, era clara, el nombre de esa persona era “Kyrus”. Como el nombre del hermoso vampiro que había encendido ardientemente su pasión en Rumania, parecía más que una simple coincidencia, tenía que ser la misma persona. –Tengo que irme…-, se limitó a responder. Pagó por el servicio, tomó sus bolsas y se marchó sin dar explicaciones. Esa noche vagaría por Roma intentando ordenar sus pensamientos y emociones alborotadas.

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