Beast Love’s Song


~Beauty and Beast~
Remember the first dance we shared?
Recall the night you melted my ugliness away?, the night you left with a kiss so kind
I know my dreams are made of you, of you and only for you
Your ocean pulls me under, your voice tears me asunder
Love me before the last petal falls

Estado: Contenta
Música que escucho: Moonlight Densetsu (Diana Garnett)
Download: Nada…

Endless Story: A continuación podrán leer la primera parte del episodio titulado “Bella y Bestia son“. Este capítulo lo escribimos para un evento especial que se organizó por el día de San Valentín el febrero pasado. Como podrán ver se escribió por adelantado un episodio avanzado en la historia, pues se ubica temporalmente al finalizar el contrato de Engel como sirviente de Masamune. Al terminar de escribirlo continuamos haciendo capítulos anteriores, la idea era desarrollar en detalle la semana completa, pero el foro cerró. Estábamos produciendo un episodio en el autódromo, pero como quedó a medias decidí no subirlo al blog. Planeábamos seguir con un episodio de Masamune fingiendo estar enfermo y Engel como enfermera, me quedé con las ganas de escribirlo *sniff*… Pero bueno, aunque faltan capítulos de por medio no se pierde el hilo de la historia, se comprende que entre conflictos y buenos momentos por los que pasaron juntos esa semana la relación mejoró al llegar a este punto.
Aclaro que el mayordomo de Masamune es Caesar (reencarnado), usando el seudonimo “Sebastian”.


El baile de San Valentín. Esa noche del 14 de febrero deseaba disfrutarla junto a su persona amada, ¿y qué mejor que asistir a un evento de disfraces para la ocasión? Disfrazarse era un habitual en su vida siendo actor, y algo que siempre había disfrutado. También un fetiche, pues le encantaba hacer juegos de rol con su pareja, probándole vestuarios de diferentes personajes y oficios. Había recordado que una de las historias favoritas de Engel en la niñez había sido La Bella y la Bestia, así que propuso representar a la pareja protagónica. Además en cierta forma identificó su relación amorosa con la de aquellos personajes. ¿Qué era él para Engel?, una bestia egoísta en cuyo corazón no había amor verdadero. Había vivido más de cinco años bajo una maldición. La rosa, el símbolo de su amor, se estaba marchitando, y solamente la aceptación de “Bella” podría liberarlo de su condena. Pensó en la curiosa coincidencia, su cumpleaños era el 15 de febrero, por lo tanto sintió que el llegar de la medianoche era el tiempo en el que caería el último pétalo. Ese día especial debía conseguir algún progreso, o nunca se liberaría de su maldición.


Cuando escuchó el anunció de un evento especial por el día de los enamorados se dispuso a ignorarlo, no deseaba ir a ese lugar de locos innecesariamente, aunque ahora él ya estaba en ese cuadro, pero deseaba jurar que aún le quedaba un poco de cordura, aunque realmente no era de esa forma cada instante pasaba más confusión a su mente, aunque por ahora estaba feliz por no ir a ese baile, pero, tal parecía que alguien se negaba a su tranquilidad porque ese hombre llegó con todos los detalles del evento.

Deseó clavarle una vez más algo filoso en el ojo que él mismo hirió, aquel que parecía cobrar vida en momentos por ese nombre mágico que adquirió. Debido a que aún quedaba un día de ese “divertido” juego de fetiches terminó por ser obligado a ir, le dedicó una mirada de “odio” antes de irse junto a esa caja.

Abrió la caja viendo lo que allí había, y suspiró antes de tomar una ducha para prolongar más aquel encuentro con ese disfraz. Cuando salió miró largo rato aquello que extendió en la cama, y pensó dejarlo allí para continuar prologando su tiempo pero seguro que si lo hacia el otro terminaría entrado, y no pensaba dejar que lo viera con una simple toalla.

Empezó a vestirse, y fue acomodando el vestido, dejando caer su vuelo, luego prosiguió a ponerse la peluca tras peinar sus cabellos para que no se notaran, dejando así que quedara como si fuera el suyo propio, terminó con los accesorios, sólo así se miró al espejo, bueno, no podía decir que estaba mal.

Salió de la habitación encontrándose de golpe con la bestia, aunque sí lo era esta vez lo decía por el disfraz, aunque admitía que así se veía bien, y sin evitarlo sonrió. No supo si por verlo así o porque recordó cuando eran niños, esa vez su padre celebró un cumpleaños con una fiesta de disfraz, ella fue de princesa mientras que Masamune de príncipe, aunque en realidad nunca creyó que le quedara ese papel, terminando molestándolo toda la noche con eso, diciéndole que era un ladrón que se coló a la fiesta. Alejó sus pensamientos de aquel buen recuerdo porque toda la noche estuvieron juntos.


Una melena similar a la de un león cubría todo su cabello y parte del rostro. Dos grandes cuernos llevaba sobre su cabeza. Dos falsos largos colmillos estaban pegados a cada extremo de sus labios, en la parte inferior de la boca. La blanca piel de su rostro había sido maquillada, mostrando entonces el mismo color pardo del pelaje. Llevaba un traje azul y dorado. Guantes peludos cubrían sus manos. Zapatos largos y peludos, con garras, imitaban los pies de la bestia.

-Te ves muy bella con ese vestido, pero aún más con esa sonrisa.-, expresó al encontrarse con su princesa.
Prosiguieron juntos al exterior del edificio donde luchadores y sacrificios asistían a clases para mejorar sus destrezas mágicas. El salón de fiestas se encontraba en el mismo terreno que pertenecía a la escuela, no tardarían yendo a pie, pero aún así él había alquilado un transporte sorpresa para Engel. Esa noche estaban dentro de un cuento de hadas, y creyó conveniente conseguir un caballo para la ocasión. Ayudó a su pareja a montar, y luego subió él rodeándola con sus brazos, llevando las riendas.


A salir lo primero que notó fue aquel caballo, y sólo se detuvo, era extraño ver a una persona que se arriesgaba en las carreras quedarse perplejo ante un caballo, pero, en realidad nunca fueron sus animales favoritos. Miró al otro que ya se acercaba a este, así que con pasos muy lentos terminó por acercarse aguardando hasta que el otro subiera, no pensaba estar arriba de ese animal él solo, cuando por fin pasó fue ayudado a subir.

Cerró los ojos estando arriba, y decidió no pensar donde estaba o con quien aunque en ese momento esa bestia le daba calma, sólo aguardo que le dijera que había llegado para poder bajar. Era momento de entrar a ese lugar lleno de bullicio, viendo las otras parejas, notando cada unos de esos disfraces.

La entrada fue lenta por su parte a tomar del brazo a la bestia, bueno, al menos algunos protocolos quedaban grabados, en realidad sólo por ello podía moverse tan bien dentro de ese vestido y con aquellas zapatillas, podía decir que por ahora estaba a salvo de no terminar cayendo.


Se desplazó por el gran salón junto a su prometida. La guió hasta unos arreglos florales naturales que decoraban el lugar. De allí tomó una rosa roja con la cual decoró los castaños cabellos de Bella. –Cuídala bien, no permitas que la rosa de mi maldición pierda todos sus pétalos antes de tiempo.-, le susurró. Reconoció en aquel salón personas que podían servirle, así que subió al escenario y habló a través del micrófono para todo el auditorio. –Esa persona es mi sacrificio y futura esposa.-, dijo señalando a Engel. –La amo, y exigiré una muestra de su amor esta noche. Su deber es proteger la rosa que decora su cabello. Para quien se interese en ser su rival, me convertiré en la pareja del día de San Valentín de quien logre arrancar hasta el último pétalo. Una sola hora para que se decida el ganador, tienen hasta cuando el reloj marque las nueve en punto.

Ante aquella propuesta tres se presentaron como interesados en participar. Marina estaba allí vestida como Ariel, la sirenita. La otra mujer que habían conocido en el parque de atracciones cuyo nombre desconocía, vestida de bruja. Y un hombre que nunca antes había visto, vestido del Sombrerero loco.


Vio que tomaba unas de las flores que adornaba aquella fiesta, rojo, un color hermoso, las rosas siempre fueron un símbolo impactante en su vida, adoraba esas flores, y por ello su jardín se encontraba lleno de rosales, pero, deseaba olvidar el significado.

Lo miró sin entender aquellas palabras, hasta que vio que iba hacia el escenario y lo explicó todo, notando como algunas personas salían de entre ese público. Deseó asesinar en ese mismo momento a esa bestia, pero no podía hacerlo, debía irse en un punto donde no lo encontraran, no pensaba correr con zapatillas de tacón, eso era demasiado molesto. Así que salió discretamente de aquel salón de baile, un aula de clases estaría bien, seguro que nadie andaría por allí en ese momento, al menos eso esperaba para poder estar tranquilo hasta terminar la hora.


Se quitó el parche y su ojo derecho le enseñó el camino que Engel tomó. Esta había decidido buscar escondite en la escuela, así que allí se dirigió él, montado a caballo para llegar más rápido, asegurándose de que nadie lo siguiera.

A los pocos minutos llegó a aquel edificio, entró y se desplazó recordando el camino que había percibido por la conexión mágica con el ojo ajeno. Con su magia iluminó pasillos oscuros hasta llegar al salón indicado, en el segundo piso. Entró ocultando su presencia y sin luminiscencia para no ser descubierto. La silueta de su prometida apenas se dejaba ver por la luz que entraba por la ventana. La tomó por sorpresa y la empujó arrinconándola contra la pared. –Me alegra que vinieras a ocultarte aquí para proteger mi rosa de posibles ataques, me haces sentir amado. Mientras aquellos tres no nos encuentren, no desperdiciemos tiempo y disfrutemos en esta noche de San Valentín unos minutos a solas. Este sería un buen escenario para que jugáramos al profesor y la alumna, creo que ya sé cuáles serán los próximos disfraces que compraré y donde los estrenaremos.-, susurró a su amada al oído, deseando saborearla y tocarla usando el gran escritorio de maestros como soporte para cumplir una nueva fantasía que había nacido, pero estando ella vestida con aquel abultado vestido esa sería una posición complicada.

Se arrodilló ante su princesa. –Te incomoda moverte con estos zapatos, ¿verdad?- dijo liberándola de estos. Se quitó uno de los guantes y al levantarse suavemente fue pasando su mano debajo de todas aquellas capas de tela que formaban el vuelo del vestido, acariciando la suave piel que se ocultaba.


Estaba mirando el cielo nocturno desde aquella ventana, y es que esa noche era hermosa con esa gran luna iluminando el cielo, en realidad un paso bajo ese lienzo oscuro con destello de luz sería agradable, aunque sin lugar a duda no sería algo que comentara de alguna forma casual. Estaba tan distraído en esos pensamientos que no se percató del desliz de la puerta.

Se sorprendió cuando fue empujado hacia la pared, y al girarse iba a golpear al atrevido, pero al descubrir quien era sólo le miró con molestia, sin decirle nada, escuchando sus palabras. En realidad tenia por prometido a un pervertido, no era que ya lo aceptara como tal, sencillamente al parecer nadie aceptaba que rompió con el susodicho y menos ahora que por alguna razón su familia sabía que estaba en la misma ciudad.

-No pienso usar algo así…-, Advirtió al saberse en un uniforme, no, ya era demasiado con todo lo que le había hecho usar, le miró de cuclillas. -Aunque pueda moverme bien en ellos no son los mejores zapatos para correr, y menos con este vestido.- Lo empujó al sentir su mano, lo pateó, en realidad para que cayera y poder desprender su pie de aquellas manos, aunque tal vez ahora por esa posición tenía menos ventaja, era más como si entregara su pie para realmente ser acariciado.


-No debí meterte en una actividad como esta así vestida, pero cuando vi las rosas pensé que sería una buena forma de probarte como sacrificio y esposa. Necesitaba saber si en una situación así simplemente me entregarías sin ofrecer resistencia o había llegado a importarte lo suficiente como para protegerme como tuyo. Cuando te descubrí ocultándote, entonces encontré mi respuesta. Gracias por cuidar de mí, no soportaría tener que pasar el resto de la noche con alguien más.-, expresó y se dispuso a besarla, pero no alcanzó a hacer contacto con aquellos exquisitos labios, pues la sirenita y el sombrerero entraron en escena.

Marina y el otro se presentaron como pareja de batallas, sacrificio y luchador. Ambos sentían admiración por el actor y con trabajo en equipo planeaban ganárselo para compartirlo aquella noche.
-Si van a participar aliados, entonces yo actuaré como el luchador de mi prometida en esta contienda. Creo que es justo.-, exigió Masamune a aquellos que ya se veían dispuestos a atacar.


Escuchó aquellas palabras, y en parte ellas estaban equivocadas se decía a sí mismo, no lo había hecho por el mayor, sólo no le gustaba perder en las competencias. Sí, eso era todo, era mejor convencerse de eso antes de imaginar que estaba cediendo más y más terreno ante ese hombre. Se acomodó de nuevo sus zapatillas, además de arreglar el vuelo de su vestido como distracción, en parte para ignorar lo que venía.

¿Agradecimiento o irritación?, No estaba seguro de cuál de los dos sentimientos se instaló en él cuando vio a esos dos llegar, viendo como ambos se preparaban para pelear con él, y era desventaja tomando en cuenta que era uno contra dos, per, analizando todo el cuadro todavía podía ganar.
-No es necesario que me ayudes.-, le dijo al mayor mirándolo. -Está claro que ellos son inferiores a mi si no pueden lograr una tarea tan sencilla solos.- Sonrió, en realidad siempre había otra forma de ganar, y él ya lo había pensado, sólo que no lo había hecho porque así pudo escapar un rato de el bullicio además de tener diversión. -Así que es innecesario que los dos participemos en el juego, pueden venir ambos contra mi.-

Dio un paso por delante de Masa. -Noche amante de mi solitaria alma yo te invoco, desciende desde tu velo de descanso y funde la confusión de los sentidos de aquellos corruptos que desean derrocarme, hiere y aplasta esos cuerpos blandos que en traición se hunden en dos.- Empezó su invocación viendo como las sombras que se hacía por la colación de los rayos de luna se juntaban como una niebla espesa delante de él imitando la perfecta noche sin estrellas, deslizándose con gran desvelo a ser murmullos dentro de la nada.


Aceptando la petición de Engel, se mantuvo al margen de la batalla, actuando exclusivamente como un juez.

Su prometida utilizó una técnica para obstruir la visión de los enemigos, pero entonces escuchó la voz del sombrerero loco pronunciando un hechizo. –Lienzo mágico, pinta esto de blanco y traza un nuevo escenario.-, dijo cambiando con magia el panorama, no solamente deshaciéndose de la oscuridad, también alterando el espacio por completo. Se vieron rodeados por mar y arena, bajo un inmenso cielo claro. –Trampa de tentáculos, resurge del agua oscura-, pronunció la sirena tiñendo el mar de color negro y haciendo aparecer las enormes extremidades de un monstruo marino que aprisionaron el cuerpo del actor. –No intentes liberarte, en esta batalla tu prometida decidió que te restrinjas al papel de recompensa. Si te desenvuelves como luchador, tu acompañante perderá automáticamente. Que te libere con sus propios medios, si es que puede, por el momento eres mi prisionero-, le demandó Marina. Mientras el compañero de esta atacaba a Engel con una espada. La bestia aceptó no usar su magia aquella noche, confiando en que su amada no necesitaba ayuda para vencerlos y liberarlo de los brazos de aquella criatura.
Repentinamente la sirena posó sus labios sobre los ajenos, buscando crear una distracción para Bella.


Sonrió al virar su mirar por ese lugar tan fantástico, pero sin lugar a duda le parecía algo repugnante para ser un centro de batalla, el campo de duelo debería ser rojizo lleno de ríos de sangre, nada era mejor que eso, aquella ilusión era tan miserable que ni los tentáculos de esa criatura le maravilló, sólo le hacía estar aburrido.

Invocó una espada de fuego que utilizó para evitar el golpe del otro, y en un movimiento diagonal desde el centro del torso opuesto buscó clavar su espada en el cuello del contrincante, pero antes de acariciarlo con el filo se desvaneció junto con la ejecución de un hechizo. -Fuego de pasión que se desprende de dos corazones consume el abismo de la ilusión, y crece en el rencor de los celos para así seducir a los forasteros del apasionamiento, consume y destruye con la leyenda del desprecio que aquellos que han sido amigos ahora sean enemigos pues todo a sus ojos será falsedad.-
Emitió su hechizo notándose su cuerpo rodearse de fuego danzando a su alrededor con tanta pasividad antes de correr por todo aquel lugar que se había vuelto un paraíso mágico, y lo fue quemando hasta dejar nada de esa fantasía, el agua se evaporó en un segundo dejando ver el vapor antes de notarse con magma que fue consumiendo la monstruosidad de restricción que creó la otra. Dio paso al último efecto de su hechizo haciendo que él se viera como la compañera de ese sombrero, y que esa mujer se viera como él sólo para aquel que era su compañero.


El escenario se reconvirtió en el aula que había sido originalmente. El monstruo que lo sujetaba inmovilizándolo desapareció junto al mar negro y sus labios se liberaron del contacto de aquella mujer.
Vio como en la confusión el sombrerero atacó sorpresivamente a la sirena, dejándola inconsciente con un golpe. Entonces aquel hombre se mostró victorioso y exclamó que destruiría la rosa, pero al acercarse al cuerpo que yacía en el suelo la magia dejó de engañarlo.
El sombrerero pretendía continuar la batalla sin compañera de lucha, pero él lo detuvo. –Decidieron competir como pareja, por lo tanto, estando ella fuera de batalla tu lo estás también.-, declaró como juez.

Vio el reloj de pared que se encontraba en el lugar, faltaban pocos minutos para que las agujas marcaran las nueve y la rosa que decoraba el cabello de Bella permanecía intacta.
Se acercó a Engel y la miró fijamente a los ojos. Recordó la visita al parque de atracciones, cuando ella, celosa, lamió sus labios de forma traviesa mostrándose como su dueña indiscutible. Con ese episodio en mente, esperaba una reacción similar después de que otra persona se había atrevido a tocarlo, deseaba que su amada buscara hacerle olvidar el beso indeseado de la sirena… pero después de un momento no percibió intención alguna de parte de ella, así que rompió el contacto visual y se resignó a regresar al salón de baile sin más. –Te esforzaste, aún cuando el premio no es interesante. Gracias por ganar, y me disculpo por haberte metido en otro de mis juegos.-, le dijo desanimado. Su ánimo no había cambiado solamente por el beso incumplido, se acercaba la hora de dar a su amada el obsequio de San Valentín y no se sentía confiado. Ella había protegido la rosa, pero eso no le aseguraba que reaccionaría bien ante el regalo que le tenía preparado.


Le parecía divertido ver como entre ellos se atacaban, pero, el único punto aburrido era que esa basura cayó tras un solo golpe. Bueno, en realidad ya no importaba más, al menos había ganado aquel asunto, y el mayor lo estaba confirmando en ese mismo momento.

Notó el deseo de anhelo de aquella mirada pero no hizo nada con ella, y es que no podía entregarle más de lo que ya en esos días le había dado, un leve destello de esperanza aunque luego se lo arrancaba de nuevo, aun así prefería guardar las cosas para el final de ese día de enamorados en el renacimiento del umbral del nuevo día.
-Es verdad, el premio no era interesante, pero no me gusta perder.-, emitió siguiendo sus pasos hacia el salón, y tomó del brazo a su compañero para andar con tranquilidad, al tiempo que se notaba alzar un poco el vestido sólo a lucir las zapatillas a cada uno de los pasos. La rosa que estuvo en su cabeza como premio se quemó sin dejara ni ceniza tras escucharse el toque de la hora señalada.

Dejaron atrás a los perdedores pero ni el hecho de verse ganador le dio consuelo, porque quemó vivas a esas dos persona, siendo solamente una ilusión realista que sólo los hizo vivir el infierno en vida, aunque a esa mujer que osó tocar lo suyo le dejó el rostro desfigurado en una fantasía más duradera que el infierno, una semana sería condenada a vivir una mentira.
Sonrió al escuchar los gritos de aquella mujer desde el fondo de aquella aula, y sólo continuo andando con su compañero sin permitirle el retorno para ir hacia aquel auditorio, en la cercanía de este escuchó de nuevo la música que se emitía en el interior.


Ingresó junto a su amada al salón de baile, guiándola hasta el centro de la pista. -Fábula ancestral, sueño hecho realidad. Siempre como el sol, surge la ilusión. Una historia ideal, mágico final…-, pronunció el hechizo transformando el salón de baile. De dorado se tiñó el lugar y comenzó a caer una lluvia de pétalos de rosas. Las personas que los rodeaban se vieron como objetos con rasgos humanos en aquella ilusión, como si ellos hubieran sufrido la maldición junto a la bestia. Besó la mano de Bella, invitándola a bailar. Notó que había perdido el guante al quitárselo para acariciarla. –Me estás devolviendo mi forma humana, me pregunto si cuando el reloj marque las doce romperás mi maldición por completo. ¿Sigues pensando que nunca podré ocupar el rol de príncipe encantador?-, le preguntó recordando cierta fiesta de disfraces del pasado.


Entraron a ese salón mágico y vio las diferentes parejas que allí se encontraban, cada una en un distinto personaje, era una situación demasiado peculiar, no lo podía definir de otra manera, pero, ello mismo le llamaba la atención. Volteó a ver al mayor al escuchar el hechizo, cuando volvió su vista a los demás todo era diferente, una ilusión para dos.

¿Romper la maldición?, era el destino de la doncella en hacer aquel acto mágico, pero él no tenía ese interés realmente, en cierto punto prefería a la bestia que al príncipe. -Aún no te veo como príncipe.-, aseguró al saber a qué se refería ese comentario, ese baile que tuvieron de niños fue uno de los más divertidos aunque no estuvieron realmente en el salón de la fiestas.
-Cuando te conocí te vi como un príncipe.-, admitió. Aceptó bailar con él caminando hacia la pista, permitiéndole tocarle para disfrutar de aquella pieza suave. –Pero… conforme te iba conociendo me di cuenta que no eras así.- Lo miró a los ojos. -Nunca podré verte como un príncipe encantador… Prefiero tenerte como una bestia de la que todos los demás desean huir, o un delincuente que todos acusan falsamente, pero que sólo una persona podrá conocer su verdadera identidad.-


La respuesta de su amada le dio felicidad y valor. Le parecía romántico que la princesa deseara mantenerlo como un monstruo para poder alejarlo del resto del mundo celosamente.
-Mi mente está filmando una pieza única, con la protagonista más maravillosa. Mientras mi conciencia exista en este mundo, la encantadora escena que acabas de dedicarme será reproducida miles de veces. Guardaré en mi memoria esas hermosas palabras para siempre, atesorándolas. Ya no necesito acomplejarme por nunca llegar a ser un príncipe azul, porque después de escuchar eso ser una bestia no es una maldición. Tu ausencia en mi vida lo es, no vuelvas a dejarme…-, expresó e interrumpió el baile para arrodillarse frente a ella. –¿Aceptarías domar a esta bestia con tu cadena del amor?-, preguntó sacando de entre sus ropas una cajita en forma de corazón que al ser abierta dejó ver un anillo de compromiso. La delicada pieza de joyería tenía la figura de una rosa por centro, cuyo color carmesí era dado por rubíes incrustados.


Oía las palabras del mayor, conociendo gran parte de sus sentimientos con lo que mencionaba, y daba pie al momento donde debía corresponder o rechazar, dejarlo en un punto congelado o tratar de ir hacia adelante. La pieza se detuvo, no, eran ellos lo que lo hacían, pues la música continuaba de fondo, lo miraba allí enfrente suyo inclinado, mostrándole aquel anillo.
La pieza de joyería era hermosa, lo emitía perfectamente pero… ¿Podía aceptarlo?, Sabia que en esos días había llegado a tener mayor seguridad por los sentimientos de ese hombre, pero, aún había fantasmas del pasado rondando alrededor suyo, no deseaba equivocarse una vez más para terminar sufriendo mucho más que en el pasado.

Sus labios parecieron pegados entre sí, y sólo atinó a besar la frente de aquella bestia. -Yo…-, Abrazó aquella cabeza. -No puedo llevarlo aún en mi dedo…-, Se separó viéndolo a los ojos. -Lo aceptaré, pero lo llevaré en una cadena, y el momento que lo veas en mis dedos será el instante que pondré fecha a nuestra boda…-


La notó dubitativa y sintió que la llama de su esperanza estaba por extinguirse, pero encontró consuelo en aquel beso gentil y en los brazos que rodearon amorosamente su cabeza, y el fuego fue reavivado cuando el anillo fue aceptado. Aún no obtenía la respuesta deseada, pero las palabras de su amada le dejaron claro que la tendría a su debido tiempo. Él era demasiado ansioso, y si hubiera podido la hubiera llevado al altar esa misma noche, pero por el momento debía conformarse y otorgarle a Engel el tiempo que exigía. Cerró la cajita y la entregó a su amada. –Esperaré.-, dijo poniéndose de pie. –No dejaré que te arrepientas, prometo hacerte feliz. Te amo.-, juró disponiéndose a besarla, pero apenas alcanzó a rozarla. De pronto perdió contacto con ella. La ilusión que había creado se desvaneció y se encontró sumido en la completa oscuridad. La balada y las voces de los otros dejaron de ser percibidas por su oído. Alumbró con su magia y se vio rodeado de nada. -¡Engel!-, gritó el nombre de su adoración sin recibir respuesta.


Aceptó la caja, y miró el terciopelo de su presentación, lo guardaría para luego ponerle una cadena, pero, en ese momento lo mantendría consigo. Lo miró al oír su voz en aquellas palabras que le llenaban de calidez, era una sensación dulce que aceptaba para poder recibir el roce de aquellos labios que se notaban próximos, pero nuevamente era interrumpido.
Se sintió frustrado por esa nueva interrupción, y buscó al intruso de aquel crimen, haciendo que el fuego rodeara su silueta para alejar aquella neblina rosa que se combinaba con aquella dimensión cristalina donde parecía todo reflejarse haciendo que fuera demasiado molesto estar allí.
El fuego ayudó a dispersar gran parte de la obstrucción visual por lo cual distinguió a una mujer, la miró, no se le hacía conocida así que empezó a recitar un hechizo para salir de ese lugar ni siquiera teniendo interés por saber porque estaba allí.


– Yo deseo formar un lazo eterno con el anillo que te he otorgado. El amor que siento por ti se funde en un hilo rojo, para conectarnos en un solo destino. Ilumina mi camino para llegar a ti.-, pronunció el hechizo de amor a su adorada. No importaba la distancia que tuviera que recorrer ni los miles de obstáculos que encontrara, él siempre buscaría el sendero de su amada. En el afán de seguir el mismo camino que ella por toda la eternidad, había hechizado el anillo de rosa que sería símbolo de su unión. Mientras ella lo tuviera consigo, la magia del anillo lo guiaría en la búsqueda. Atado en su dedo percibió el hilo levemente visible, pues no sería visto en su color más intenso mientras ella no lo llevara puesto. Solamente la elegida podía hacer funcionar el hechizo, si la joya hubiera caído en manos de alguien más él no hubiera recibido señal alguna.

Usando el anillo para encontrar la dirección correcta, después de andar un rato por el oscuro abismo divisó las apasionadas flamas de su obsesión. Esta luchaba con una mujer que reconoció. Aunque la competencia por destruir la rosa de Bella había acabado, la bruja no se daba por vencida. Se recriminó por pensar en un momento así que la princesa lucía salvajemente sexy en plena batalla con el vestido reducido prácticamente a la nada. La elegante prenda dorada había terminado hecha jirones en el combate.


-Dios de la destrucción que fecundas en mi, revela tus cien ojos y abre diez de ellos para que nada se oculte a tu mirada, seduce cada ilusión a una realidad pura que morirá con el deseo de mi destierro…- Concluyó el hechizo, en su espalda nació un primer círculo recostado, y luego otro que le atravesó a esta en vertical, notándose cubrir mucho más siendo inclinado lentamente, dejando que la forma del inicio o el fin se fuera perdiendo, de la línea central se notaron ojos que miraba hacia todos lados haciendo que se expandiera la sensación de ser observados por aquellos reflejos siendo un ambiente muy pesado donde se encontraba, pero, no le causo miedo a él.

Atacó directamente a esa bruja con una espada que invocó, y no le importó lastimarla a consciencia atravesándole el hombro, aunque tuvo un mal cálculo. El nerviosismo de esa mujer hizo que atacara sin medir su magnitud, así que apenas pudo escapar de ese ataque, viendo los jirones de su ropa, pasó su vista hasta donde estaba la bruja.
Miró un abanico en la mano, al parecer el producto del ataque de viento cortante, eso era demasiado molesto, no le gustaba especialmente ese vestido, pero verse así tampoco era lo suyo. Rasgó mejor aquella falda dejando que quedara corta, suficiente para moverse. Cambió a una lanza siendo un arma larga así evitaría estar en su rango de ataque.

Volvió a atacar, pero siendo esquivado por aquel odioso objeto de adorno, rompió cualquier objeto de defensa que creó. -Que en mi deseo tu mirada se centre en mi cuerpo, y que diez ojos más se abran para mí, en el deseo de mi ilusión hacia la verdad de la muerte.- Aquel símbolo creado por círculos se poso sobre él, y de unas de las líneas horizontales se abrieron otros diez ojos, pero siendo diferentes a los primero que eran azulados, en esta ocasión siendo rojos, y empezaron a emitir un zumbido que crearon ilusiones falsas de muerte que se enterraba en la psique de su enemigo.


La bruja gritó y cayó retorciéndose cuando el hechizo la sumió en terribles alucinaciones, rompiendo así con la oscura dimensión, llevándolos de regreso al salón de baile.
Varios ojos se centraron en el sufrimiento de la mujer, pero para su desagrado otros tantos se focalizaron en la sensual princesa. Se apresuró en cubrir a Engel con su chaqueta e intentando usar su cuerpo como barrera para ocultarla más la empujó para apartarla de la multitud. –Vámonos de aquí, tenemos que cambiar tu ropa.-, le dijo receloso por aquellas miradas que se habían atrevido a deleitarse con la belleza de su amada.

Volvieron al edificio de junto y pidió a su prometida que le permitiera usar el teléfono celular, él no había llevado el suyo. Ingresó al dormitorio que ella conservaba en La séptima luna aunque tenía una residencia aparte, y recibió el móvil con el cual llamó a su casa para pedir un par de nuevos disfraces de su colección, la cual había aumentado considerablemente esa semana. –Sebastian, en el armario de disfraces hay un cofre, necesito que traigas a la escuela las ropas que se encuentran allí dentro.-, ordenó a su mayordomo.

Cortó la llamada dejando el celular en una de las repisas del cuarto y volteó, siendo entonces tomado por sorpresa por el accionar de su prometida. La vio liberándose de lo que quedaba de aquel vestido, allí estaba ella mostrándose sin cuidado alguno ante su presencia, demostrándole confianza. Quería hacerle el amor, pero ya había recibido tanto de su adorada ese día que temía arruinarlo todo exigiendo más, por ese miedo controló su deseo. –Otro disfraz para ti está en camino.-, le comunicó. Al acercarse al cuerpo de ella, notó algunas heridas de guerra y se dispuso a sanarlas. –Resultaste lastimada por mi culpa, no debí involucrarte en disputas innecesarias. ¿Qué clase de novio soy?, seguro otro te hubiera dado un día de San Valentín más romántico.-, expresó enfadado consigo mismo. –Recuéstate para descansar un poco, me ocuparé de curarte.


La miró, y eso se le hizo entretenido, era divertido verlos sufrir, aunque… Nunca disfrutó de eso pero era esos momentos donde parecía que esa parte oscura que llegó con la magia medio dominaba dentro de su cuerpo, le hacía ser extraño, un verdadero engaño era en el que se encontraba, vio de nuevo que todo era igual o casi pues su vestido estaba no de la mejor forma.

Aceptó irse, aunque no le importaba ser visto por tantas persona, era algo natural, eso era lo que siempre pasaba con las demás personas, menos con aquel hombre que lo llevaba y que lo cubrió, era como si con esa persona su forma de ser cambiaria completamente haciendo que fuera demasiado femenina, tanto que hasta él mismo se molestaba por actuar así.

Le permitió entrar a la habitación a prestarle su móvil para que hablara, se sentó en orilla de la cama, pero seguro que tardarían en llegar con algo nuevo así que se despojó de aquel vestido, retirándose todo lo que tenía encima, dejando sólo su ropa interior antes de advertir por el peso de la mirada del mayor que este había terminado. Se iba cubrir pero el otro le ganó al sostenerlo mirando sus heridas, no se preocupó por ellas pues sanarían en un momento.
-Ya no soy una delicada dama que debas cuidar…-, emitió mirándolo a los ojos. -Eso no es nada comparado con la batalla que libro con mi familia, lo que he vivido desde que supe la verdad me ha hecho soportar este tipo de cosas aunque sigo sin creer en este mundo…-, declaró refiriéndose a lo mágico.


Esperaba al menos poder mimarla un poco, pero al escuchar aquella respuesta de pronto volvió a sentirla distante. -Que para ti estos rasguños no signifiquen nada no cambia el hecho de que tu prometido es un bruto que te ha hecho pasar la noche de San Valentín luchando. Es verdad, tú eres más fuerte que yo. Soportaste tantas cosas sola, en cambio yo… siento que me derrumbo si no estás conmigo. Tú no me necesitas como yo te necesito… Aún así, podrías dejar que te consienta algunas veces.- expresó quitándose parte del disfraz que sobrecargaba su cuerpo, dejando que la espesa melena y cuernos de bestia cayeran al piso. Abrazó a Engel, haciendo que su peso terminara por recostarla en la cama. –Permíteme permanecer así un momento. Deja que transmita a tu cuerpo algo de mi energía.-, le dijo comenzando a sanar las heridas en aquel contacto. -Realmente fui el arma perfecta para tu familia, impuesto a ti como futuro esposo ocupando con gusto aquel papel, buscando retenerte, dándote la hija que no deseabas… pero quiero que sepas que siempre actué siguiendo mis propios sentimientos, cuando de ti se trata me convierto en una bestia incontrolable. La idea de perderte me desespera, me vuelve loco. Mi amor por ti es verdadero, mis acciones no tienen relación con los designios de terceros… y sobre la fortuna de los Matvéyev, yo solamente estoy interesado en quedarme con la pieza más valiosa del tesoro, te quiero a ti.-, declaró buscando ser excluido de aquellos sentimientos negativos que Engel tenía para la familia.


No sabía cómo tomar aquellas palabras, las sentía tan sinceras, pero, era que aún en todo ello seguía buscando dejar una distancia, pues si le permitía estar aun más cerca de lo que ya se encontraba de derrumbar esa gran muralla que se hizo sería un gran error, el hecho de que pasara a confiar ciegamente en él le llevaría a sentir de nuevo ese gran dolor de traición.
Mordió su labio, y sintió la suavidad de la cama atraparlo, teniendo el cuerpo del otro encima suyo, se removió, pero terminó aceptándolo sólo por unos momentos, necesitaba creer un poco, aunque a la vez no deseara hacerlo, y es que siempre terminaba por encontrarse tan confuso con aquel hombre.
-Yo…-, ¿Podía realmente aceptar esas palabras?, en realidad no lo sabía porque si terminaba aceptando y él le volvía a causar daño, sabía que de esa vez no podría recuperarse, era tanto su dolor la primera vez que olvidó todo, aunque ya no doliera tanto seguía siendo una herida abierta que no podía sanar del todo causándole escalofríos de desconfianza.
Cerró los ojos, no podía, aunque quisiera no sólo podía creer. Era sólo dar otro paso, le había aceptado el anillo, pero, tenerlo… No era lo mismo que llevarlo debidamente, ese paso era algo que tardaría… -Masamune.-, sólo dijo el nombre abrazándolo, no podía decirle más.

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