Ranjiv x Kyrus’s Song


~Kairai~
Dominated, manipulated
On this fabulous, wavering night, you shall be my doll
Let me delude you, let me confuse you
Into a doll’s blurred dream
Your body oozing with heat, pure white skin
I just want to eat you up, love jammed deep down my throat

Estado: Indescriptible…
Música que escucho: French Navy (Camera Obscura)
Download: Nada…


Endless Story
: A continuación podrán leer la segunda parte del episodio titulado “Peligrosa obsesión“.


De pronto sintió un sopor, era como nuevamente rodearse de nubes de sueño que se aferraban a él, no pudo resistir tanto como quería, no sabía si por la pérdida de sangre o por todo, era… No tuvo más tiempo de sentir algo, sólo terminó rendido a merced de aquel que lo capturaba en esa fantasía.

Silencio, estaba rodeado por un profundo abismo de nada, no le temía, pues en su vida siempre vivió en tal oscuridad, aunque en el paso de tan doliente silencio escuchó una voz familia, un timbre que estuvo allí desde que él lo eligió como su fiel esclavo, siguió tal sonido hasta que pudo abrir los ojos viéndolo, su mano en automático se alzó acariciando aquel rostro antes de apartarse, y ver dónde estaba completamente confundido.

-¿Dónde estamos?-, demando en orden tratando de no sonar perturbado, pero, su visión parecía engañarle, de momento se veía en un lugar ajeno, y de pronto volvía a ese familiar castillo, buscó levantarse pero antes de siquiera moverse un poco se instaló un dolor en su vientre, se tocó, movió sus orejas que bajaron por el malestar.

Cerró los ojos. –Deseo descansar, llévame a la cama.-, Esperó ser llevado quedando dócil para ser mimado, aunque tratando de ubicarse porque sentía que algo estaba mal, y no llegaba a comprenderlo.


Sintió la calidez de aquella caricia. Él era quien gozaba del amoroso toque, pero al verse reflejado en los dorados ojos vio a alguien más, y entonces recordó que aquel cariño estaba dedicado a otro. Debía ser cuidadoso en sus actos, si no deseaba que su verdadero ser fuera descubierto.
-¿No lo recuerda, amo? Nos pusieron una trampa y usted fue tomado como prisionero, pero ya me deshice de sus captores.-, respondió a la pregunta falsamente. Entonces el felino dorado no gruñía ni le enseñaba las garras, se sentía en confianza como para mostrar debilidad. Sintió un intenso deseo de protegerlo. Eso era absurdo, cuando en ese momento él representaba la mayor amenaza. Solamente había hecho desgraciada la vida del que amaba, y allí estaba pensando en algo tan contradictorio como protegerlo. Había impedido que muriera, pero en aquella situación mantenerlo con vida parecía más un castigo que un privilegio. Y aunque pensó así no tenía planes de cambiar algo, egoístamente quería conservarlo como suyo, aunque lo condenara a toda una vida de infelicidad.
Levantó en brazos a su obsesión, quien le exigía cuidado. Se movió por el castillo actuando como perdido por momentos, para no ser sospechoso que se desplazara por allí como si fuera un lugar familiar. Cuando llegó a su dormitorio, recostó con delicadeza el cuerpo de su amado. Permaneció inmóvil sentado junto a este, sin estar seguro de cuales movimientos tenía permitido realizar ocupando el rol del fiel sirviente, decidió esperar a recibir una nueva orden.


Era cierto, sus tierras habían sido atacadas, y sus fuerzas militares se dividieron según la estrategia que dio, el mismo se sumergió en la parte del bosque, pero, fueron superados en número, aún así dieron una batalla constante sin importar los que iban cayendo, los pocos que quedaban en pie le temían mas a él si declinaba que al hecho de morir bajo la generosa espada de su enemigos.

Meditó conforme era llevado por ese lugar, sólo conociendo los movimientos de duda de aquella persona a través de sus pasos pues sus ojos estaban cerrados, sus orejas inclinadas pasivamente por su cabello, y su colita felina deslizándose por su cintura con tanta paz que apenas era notada su onda de movimiento.

Abrió sus ojos cuando la suavidad de la cama llegó a su cuerpo, observó alrededor, distinguiendo cada objeto y detalle de aquella habitación, arrugó la nariz, sólo había una persona con ese estilo peculiar, pero, no era que le desagradara del todo. Se movió sentándose, se fue quitando la ropa dejándola tirada, estaba desorientado, y eso le hacía estar de mal humor.

Decidió entretenerse con algo más hasta terminar dormido, le ordenó a su esclavo recostarse, cuando lo hizo se montó a él, lo besó tras darle un par de palmadas en su cabeza, se movió sobre la cadera de este con descaro, y sus manos fueron abriendo esas prendas tan estorbosas para su gusto.

No emitió palabra alguna sólo sus labios se acercaron a esa piel exquisita que buscó saborear al morderla, remarcando sus dientes en la palidez de aquel cuerpo, dejando rojizo notar bajo el rasgar del cuerpo.


Era la primera vez que tenía el placer de admirar aquella hermosa figura al desnudo. Recibió la orden de recostarse y obedeció. Sintió el peso del cuerpo amado sobre el suyo, tenerlo sobre él de esa forma tan sensual desató en todo su cuerpo un cálido sentir. Sus lenguas chocaron tras la fusión de sus labios, mientras las manos traviesas del rubio comenzaron a liberarlo de las prendas que estorbaban impidiendo un contacto directo de los cuerpos. El gatito interrumpió el beso boca a boca, pasando esos labios conquistadores a recorrer otras partes de su cuerpo. Nunca antes había sido besado, nunca antes había recibido ese trato.

En el tiempo que descubrió un nuevo sentimiento por Kyrus que era frustrado por la existencia de Kysley, pidió a dos sirvientes que le enseñaran sobre sexo. Él no aceptaría ser tocado por alguien que no fuera su obsesión, así que se limitó a ser un observador. Al ver a aquellos en el acto, imaginaba cuando se le presentara la oportunidad de penetrar el cuerpo de Kyrus de esa manera, y siendo excitado por la fantasía tuvo que consolarse a sí mismo, masturbándose.

Finalmente, aquel tan deseado lo satisfacería, pretendía mucho más de lo que este le había ofrecido al difunto Kysley. Simplemente no podía comprender como aquel sujeto se había podido limitar resistiéndose a penetrar a un hombre tan perfecto. Aún cuando como fiel siervo lo considerara una divinidad inalcanzable, estando él en lugar de Kysley sin dudas hubiera traspasado la línea, aunque aquello fuera tan prohibido como para un demonio ingresar al paraíso. Al menos tendría un privilegio del que aquel tipo nunca había gozado, y no planeaba alcanzarlo con un disfraz.

Por el momento le siguió la corriente al felino dorado, manteniendo aquella mascara un poco más de tiempo y sin hacer un movimiento osado que rompiera la ilusión. Quería disfrutar un poco más siendo dominado por el otro.


Su cola felina coqueta se adelanto a sus manos, y a sus labios, porque acariciaba con descaro la entrepierna del mayor, ignorando que eso sólo era una fantasía, en ese momento olvidó de razonar, sólo dejándose llevar por el placer siempre entremezclado con el dolor al no permitirle satisfacerse completamente si ese era su deseo.

No había suficiente sangre, se dijo al ver como se iba curando aquella herida hasta no emitir más aquel aroma delicioso, y sus garritas pasaron a rasgar la piel del vientre para dejarle un fluir más intenso el cual podía delinear con su lengua, dejando la sensación placentera de aquel sabor metálico, y de desgarrar más si así lo deseaba a la travesura de sus labios.

Movieron con lentitud sus orejas siempre tan coquetas a desearse ser observadas, nunca dejando la presencia de aquella cabeza pues era un buen punto de distracción de los demás al creerlo por ello inocente.


Sintió el cosquilleo de la peluda cola felina en su entrepierna, aquel toque provocó que su miembro se pusiera duro. Sintió dolor al ser su piel rasgada, pero inmediatamente el ardor fue dulcificado por la lengua que recorrió la herida en una suave caricia. Su obsesión parecía tener una adicción vampírica, degustaba la sangre ajena con placer.

Se sentía caliente, deseaba mucho más. Quería acabar con el engaño, dejar al descubierto su verdadera identidad. Era momento de romper la ilusión trayendo al gatito a la cruel realidad. Se preguntaba cómo respondería Kyrus al descubrirse sobre el enemigo en un acto tan sensual. Quería que se diera cuenta de que el único que podía entregarle placer de ahí en adelante era él y nadie más. De un momento a otro dejó de engañar a su amado con aquel disfraz, dejándole ver su forma real. Kyrus debía aceptar su destino como esclavo de un nuevo vinculo.


La sangre era deliciosa, siempre le gustó, un elemento que fue mezclando con el placer desde que se hizo consciente de ese sentimiento, uno que nacía en los cuerpos desde el inicio de sus vidas, saboreaba con tanta glotonería que podía parecer realmente delicioso, moviendo sus caderas en el gusto de no sólo ser su felina cola la que provocara.

Iba continuando pero se detuvo al notar ese piel más limpia, el pintar de las heridas que le hacía siempre a su esclavo dejaba leve huella, pero, esa piel era… Demasiado clara en realidad, temía alzar la vista, pero lo hizo viendo al otro, recordando lo que ese mismo hombre selló para que cayera en ese juego, le miró como odio, cómo se atrevía.

Buscó darle un zarpazo al golpea su cara con sus garras, pero apenas y rasguñaron aquella mejilla, sintiendo la sensación fría del leve hilillo de sangre que el mismo provocó, aunque sin mayor remedio soltó un gemido, se había estado excitando el mismo con la degustación de aquel fuego y en ese instante se encontraba en desventaja. -Eres un hijo de perra…-


Se mantuvo debajo del que le dedicaba una mirada de odio, sin mostrarse a la defensiva, aún cuando era perfectamente posible que su obsesión en un arranque de ira pudiera quemarlo vivo. No, Kyrus no necesitaba magia alguna, él se sentía derretir bajo aquel seductor cuerpo y el que hubiera detenido los movimientos que le provocaban placer era el peor castigo.
–Continúa, solamente para mí. Olvídate del otro.-, exigió, mientras enlazó su cola de león a la colita de gato. Aquella cola que se había mostrado flexiblemente juguetona en el coqueteo antes, entonces se sentía tensa por la presión del momento y buscaba relajarla. –Lo que más deseo en este momento es despojarte de tus rasgos animales, sería la señal de que logré poseerte, pero debo decir que las extremidades de minino te dan una apariencia especialmente adorable. ¿Te gustaría que deje esa inocencia intacta un poco más de tiempo?, si es así tendrás que satisfacerme de otro modo temporalmente.-, dijo extendiendo su mano hacia aquel bello rostro para delinear con sus dedos los exquisitos labios pálidos que hacían un contraste maravilloso con la sangre que había emergido de su propia piel.


-¡Jamás!-, remarcó sus palabras. -Nunca lograras que sienta por ti deseo, el único que me lo causaba era él, y será así hasta el final…-, sentenció, no dejaría nunca que su escudo cayera ante esa persona, era preferible quedarse virgen para siempre que ser sometido al deseo de aquel que lo estaba viendo como un esclavo solamente a su capricho, pero, aún cuando cediera al encanto de la piel no le haría ver que se entregaba a él, siempre traería en mente a su esclavo.

Mordió aquel dedo que dibujaba su labio. –Claro, te mantendré entretenido.-, expreso con una sonrisa saboreando sangre que desprendió su colmillo, y salió de encima suyo, moviéndose su cola como látigo para aparta la ajena. -Prefiero que cualquier idiota me quite mis apéndices antes de entregártelos a ti.-, declaró moviéndose por aquella habitación, mirando la salida y luego hacia las ventanas.

Desprendió su magia como lenguas de fuego que nacía del interior de su cuerpo atacando todo a su paso, aunque aún era algo difícil hacerlas brotar con un estilo de magia diferente donde la fuente de detonación era otro, pero no le importaba, empezó a ver explotar los ventanales haciendo que consumiera mucho más oxigeno, arremolinándose mucho más visible en la habitación.
-Mira que si quieres una puta puedes ir a buscar una basura, seguro que encontraras desprecios que deseen hacerlo.-, emitió con enojo por sólo pensar en cómo deseaba verlo.


Su cuerpo sintió la falta de aquel que lo abandonaba alejándose del lecho. Permaneció en la cama, sin apartar la vista de Kyrus en ningún momento. Cuando este hizo volar los ventanales, siguió sin hacer movimiento alguno resultando en aquella explosión su piel cortada por algunos vidrios.
–No pretendas que otros hagan tu trabajo. ¿Crees que dejaré que cualquiera me toque?-, respondió.

El ataque de Kyrus alarmó a los guardias, quienes de pronto irrumpieron en la habitación en posición de ataque. Aunque estos solamente buscaban protegerlo como el señor del castillo, deseó aniquilarlos considerando aquella intromisión una verdadera molestia… pero cuando estaba por emitir un hechizo contra aquellos idiotas para recuperar la privacidad, recordó las palabras de su obsesión y cambió de plan. –Sujeten al prisionero.-, ordenó a aquel grupo de soldados.

El guardia especializando en defensa contra las artes mágicas transmitió un conjuro que dibujó en el cuerpo del rubio un sello para impedirle realizar cualquier hechizo, mientras que otros dos hombres, de gran fuerza física, se abalanzaron sujetándolo por las muñecas contra el suelo para restringir sus movimientos.

-Así que prefieres que cualquier otro te quite la virginidad… ¿Qué te parece si dejo que todos mis soldados te violen?, penetraran tu cuerpo una y otra vez sin darte descanso.-, dijo cubriéndose con una bata, abandonando la cama. Aquellas palabras eran para asustarlo en realidad, no planeaba dar a esos sujetos el privilegio de disfrutar del gatito.

Rió. –Sólo bromeo.-, aclaró luego de dejar espacio a la duda. Sacó de un mueble algo que le sería de utilidad, ya que el sello que en ese momento evitaba que fueran quemados hasta la muerte requería un importante desgaste de energía para el creador y no duraría mucho tiempo más.
Con la ayuda de sus sirvientes, aprisionó al gatito en bondage. Amarró el cuerpo de Kyrus, inmovilizando con sogas y cadenas las extremidades, y lo amordazó para evitar que pronunciara hechizo alguno, dejándolo en estado de sumisión absoluta sobre la cama. –Retírense.-, ordenó a los soldados.


Pensó en atacar a los nuevos intrusos, pero las llamas que lanzó contra ellos fueron restringidas, volvió a invocar pero no se conjuró nada, pues pronto la orden de aquel sujeto fue llevada a cabo, no tenía ningún arma así que tenia desventaja contra los otros soldados que se impusieron con todas su fuerzas sobre su débil cuerpo.

-Adelante.-, emitió sin sentimiento alguno. –Hazlo, da la orden, ¿realmente crees que eso me causará algún daño?-, cuestionó alzando un poco la vista, pues no se podía apartar del suelo por culpa de esos sujetos. Escuchó aquella risa con palabra de negación, no sabía si créele o no, pero como fuera el caso no importaba. -Si no es él no me importa ningún otro…-, expreso más para sí, era sencillamente que la única persona que él acepto para darle ese honor ya no estaba, así que daba igual si algún otro lo tomaba, las cosas debían de cambiar, el plan debía de ser uno basado en una nueva estrategia si quería recuperar todo lo perdido, no era ingenuo, sabía que había perdido sus tierras a mano de esos que los atacaron.

Buscó resistirse cuando trataron de atarlo con aquel cuero, pero, los otros lo dominaban, tampoco se los dejó fácil, al menos dejó a uno con suficiente dolor al lastimarle el ojo, aunque aún deseando habérselo arrancado sólo le causo un rasguño leve, seguro que le causaría molestia solamente por una semana.


No todos sus sirvientes abandonaron el lugar tras su mandato, uno de ellos tuvo la osadía de permanecer en la habitación. Despreció a aquel guardia inepto no solamente por no acatar de inmediato su orden, también debido al motivo por el que se había quedado paralizado ignorándolo. Ese tipo había quedado encantado por Kyrus, lo cual le parecía natural, pero le molestó que lo demostrara de esa forma tan descarada ante él, el señor del castillo y dueño absoluto del felino dorado. Era una imperdonable falta de respeto. -Te gusta mucho mi nueva mascota, ¿verdad?-, puso en evidencia lo que era demasiado notorio. -¿Deseas quedarte mirándolo?, porque podría darte ese privilegio. Considéralo una paga por tus servicios.-, expresó. El guardia gustoso aceptó quedarse para presenciar el espectáculo, tal como lo esperaba. Ante la respuesta positiva, lo decapitó sin piedad con una de sus técnicas. Tomó la cabeza del suelo y la colocó sobre el aparador, mirando hacia la cama. –Disfrútalo.-, dijo dándole unas palmaditas.

Cerró la puerta con llave para evitar interrupciones, y pasó a dedicarse exclusivamente a lo importante. Allí estaba su obsesión, sobre el rojo terciopelo, con las manos atadas detrás de la espalda con una soga, con las piernas flexionadas por las cadenas que con firmeza juntaban muslos con pantorrillas.

Dejó que su bata se deslizara hasta caer al suelo y subió al lecho, ansioso por pulir la joya más valiosa del botín del día. La temperatura del dormitorio había descendido por el aire frío que accedía por los vidrios rotos, pero pronto haría que el contacto de ambos cuerpos los transportara al más cálido verano.

Acomodó el cuerpo de Kyrus, abrió las piernas de este para quedar entre ellas, para poder posicionarse sobre él. Introdujo su lengua por el anillo de la mordaza, acariciando el paladar y la lengua de su adorado. Sus dedos mimaron las orejitas felinas que no tardarían en volverse inertes, planeaba guardarlas como un valioso recuerdo de ese grandioso día.

Quería probar más. Su lengua pasó a saborear las tetillas del prisionero, dando trato a ambas a su debido tiempo, acariciando con movimientos circulares antes de succionar; mientras con su mano buscó estimular el miembro viril ajeno.


Buscaba zafarse de alguna forma de aquello que lo ataba, pero no parecía ser posible, el removerse para lograr algún plan sólo provocaba que el cuero se fundiera mas con su piel dañándolo, no, era más bien una tensión que en una forma turbia le causaba un cosquilleo agradable, dejó ahogado un jadeo por verse suprimir su voz ante aquella atadura sobre su boca.

En realidad no era ni siquiera aquello que le causaba placer, el olor a sangre era el primer detonante, ese aroma que bañaba la habitación junto con el susurrar del viento, delicioso, le gustaba, le encantaba ese tinte carmesí de vida siempre que abandonaba el cuerpo, deseaba sentir mucho más ese aroma.

Pensó en invocar un hechizo, aunque fuera débil sería suficiente para liberarse, pero aún cuando lo pensaba se borraba pronto de sus pensamientos, el aroma fue mucho más presente, y miró de reojo donde el otro colocaba esa cabeza, era tal la emoción capturada que le hacía sentir una felicidad especial como cuando él torturaba.

Sus labios hubieran soltado un sonido de placer si pudiera, ver ese preciso momento capturado era excitante, el miedo, el desconcierto, sobre todo el dolor, ese fino sentimiento que valía más que cualquier otro. Le gustaba el sufrimiento ajeno, era tan bueno, no podía moverse mucho, pero era un hecho que deseaba ocultar un poco de la reacción de su cuerpo, el delatar del placer que corrió por él.

No tardó mucho en reaccionar a esa mano, estaba sensible, no sólo por él aroma, sino también por tener sus pensamientos en alguien más, en esa persona que lo capturó al encontrarse bañada de sangre, invocado esos pensamientos del pasado, el sabor de su sangre de nuevo en su boca, sus quejidos cada vez que lo torturaba… Lo deseaba…


Sentía como el cuerpo del prisionero se estremecía, los pezones y el miembro se pusieron erectos ante su contacto. Llevó su mano hacia la boca y lamió el líquido preseminal.

Buscó debajo de la almohada la daga que allí guardaba. La sacó del escondite y antes de usarla apreció la belleza de esta. Era una daga árabe de hoja curva, con mango de oro rodeado por la figura de una serpiente plateada con ojos de rubíes, y una funda dorada con el apellido Kadar grabado. Una reliquia que su familia había heredado generación a generación. Esta herramienta formaba parte de un ritual sádico y posesivo en el cual quien tuviera el liderazgo la utilizaba para marcar el cuerpo de la persona elegida. Su padre la había usado la noche de bodas con su madre, y esa noche se mancharía con la sangre de su adorado Kyrus. Con la filosa punta trazó sobre el vientre de aquel hombre que le pertenecía la inicial de su apellido. La marca quedaría permanentemente sobre la carne de su amado por el hechizo que encantaba la hoja. Acabado, delineó el grabado del cual brotaba sangre con su lengua.

Terminado aquel tatuado, volteó el cuerpo del rubio, dejándolo boca abajo, arrodillado formando su cuerpo una curva hacia arriba por el amarrado de las piernas. Se puso de rodillas frente a la entrada que debía trabajar. Ensalivó su dedo del medio y el dedo índice, introdujo el primero en la zona virgen que deseaba penetrar, luego metió el segundo, y rozó con la punta de su lengua aquel interior.


Estaba perdiendo delante de esa persona, su cuerpo se estremecía disfrutando de aquel placer, era una sensación que no podía controlar, sólo podía aceptar lo que estaba pasando de mala gana, desear arrancar un pedazo de la piel de esa persona que le hacía traicionarse a sí mismo y mucho más, pero no estaba pasando en ese preciso instante.

La sorpresa cayó cuando aquella navaja apareció, el dolor fundiéndose con su cuerpo, ese aroma brotando tan delicadamente para llenar todos sus sentidos, un aroma que no se despegaba solamente de su cuerpo, en su mente se dibujó lo que grabó en su piel, conoció el trazo de aquel movimiento sin mayor reserva entraba en una sola letra.

No sabía que pensar en ese instante, podía hacer desear saborear su propia sangre, provocar que el otro también se desprendiera de su vida, o maldecir de todas las formas conocidas a ese hombre por entrar… por rozar más allá que cualquiera haya hecho. Era un sinfín de emociones que no podía controlar él solo, pero estando clara una futura venganza.


La cola felina intentaba apartarlo con débiles golpes, la atrapó con su mano libre y la jaló violentamente. Esa resistencia inútil le resultaba adorable.

Apartó su lengua. Sacó los dedos del interior de Kyrus, con aquella mano sostuvo su miembro erecto y lo guió hacia la entrada a penetrar. Introdujo la punta, le pareció increíble que su pene pudiera entrar por completo en la estrecha abertura. Aplicó una fuerza mayor, logrando meterlo totalmente, sintiéndolo derretir rodeado por el placentero contacto.
Apoyó su torso sobre la espalda del rubio, una mano continuó estimulando el miembro ajeno, mientras la otra buscó hacer contacto con la boca amordazada. Metió un dedo por el aro, cubriéndose su mano de la saliva que se acumulaba en esa cavidad y chorreaba al no poder ser tragada.

Lo liberó de la mordaza, pues no le daría tiempo a recitar hechizo alguno. Apoyó ambas manos sobre la cama y comenzó las embestidas con un constante movimiento agresivo sobre el cuerpo dominado. La cama rechinaba, y los gemidos de su amado prisionero eran un deleite para sus oídos.


La resistencia continuaba aunque fuera débil y sin poder alguno, el movimiento de su cola felina no se detenía en un constante ataque contra ese infeliz que estaba sobre su cuerpo, pero en un acto terminó por ahogarse un quejido cuando ese jaló su cola, le hizo detenerse en el movimiento por el dolor causado, sus orejas se agitaron molestas.

Kysley, invocó en sus pensamiento el único nombre que tenía aprecio para él, ese que le había traicionado y a la vez era él que más deseaba en ese instante, era una intensa fijación por la relación de emociones que se seguía atando a una sola persona, no importaba que ya no estuviera, sólo deseaba seguir grabando con intensidad ese nombre en su memoria.

El dolor subió como una corriente fría por su vertebral hasta hacerse lucir en su nuca y seguir, no podía ni morder el labio por esa mordaza que también apagó el gemido doloroso que fue arrancado cuando aquel miembro penetró por completo su interior, abrió paso con violencia en su cuerpo virgen que dejaba ahora ese delirio sin explorar a una experiencia sin desear.

Cuando su boca fue liberada de esa mordaza buscó acallar, pero, era imposible cuando el frío y el ardor se entremezclaban causándole dolor que sólo podía emitirse en aquellos quejidos, pero, naciendo también la mezcla con el placer por la estimulación en su miembro, y peor fue cuando sintió que algo en su interior se rompió, era una sensación fuerte…

Un destello luminoso que opacó al mismo tiempo su vista, sus apéndices empezaron a ceder a la naturaleza al irse desprendiendo de aquel cuerpo que con tanto tiempo se vieron compartir vida, estaba perdiendo todo… Era así que dejó escapar el nombre de aquella persona que a la vez le dio un sentido a las emociones silenciadas, aún cuando pudiera herir al que destruía su cuerpo, era como un juramento de venganza, un acto sellado que siempre le haría tener presente, nunca entraría en sus pensamientos.

-Hmm…Kysley…-, Su voz era dolora, vulgar, unas lagrimas surcando sus ojos siempre secos, odiaba… y continuaría odiando a ese hombre, nunca, aún cuando un día pudiera llegar a sentir algo de placer por ese cuerpo, no sería dicho… Sólo aquel nombre que soltaba en ese instante estaría con ellos como un fantasma, lo juraba como una venganza sellada con su sangre y las lagrimas saladas que ahora brotaban de su ser sin consuelo.


Su cuerpo se descargaba con desenfreno, llenando con su esencia en cada estocada, ardiendo por la placentera acción. Se sentía extasiado siendo protagonista de la impetuosa invasión, pero esa felicidad fue perturbada cuando su obsesión lo hirió emitiendo ese nombre, arruinando el perfecto momento. Aquella palabra que no estaba cargada de magia alguna era más poderosa y devastadora para él que cualquier hechizo.
Sabía el peligro que representaba estar con ese hombre explosivo y disponía su cuerpo a los riesgos porque lo valía, comenzaba a ver esa clase de relación creada como una emocionante aventura que lo haría vivir al límite, pero ser segundado como amante era una tortura que le resultaba inaceptable.

Tironeó del pelo dorado, disgustado. – No te atrevas a pronunciar ese nombre ante mí nunca más.-, ordenó y soltó la cabellera. Con un movimiento brusco giró el cuerpo de Kyrus, cambiándolo de pose para verlo a los ojos, buscando que su sola imagen inundara los pensamientos del prisionero. La rotación manteniéndose el miembro dentro provocó una severa lesión interna al sometido. Gotas de sangre brotaron, cayendo unas sobre su morena piel y otras pasando a ser imperceptibles sobre el rojo terciopelo.

Su pene abandonó la presión de aquellas estrechas paredes cuando el rubio perdió la conciencia tras un agudo quejido, liberándose aún más sangre de la hemorragia provocada. Rápidamente se ocupó del grave daño causado, desató y envolvió al inconsciente en brazos, cubriéndose a ambos con las mantas del lecho, buscando mantenerlo caliente, sanando con su magia curativa a aquel cuerpo que había desvirgado con una incontrolable bestialidad. Lamió las salobres lágrimas que decoraban la piel de las mejillas de su obsesión. En su puño tenía los apéndices felinos de ambos, planeaba guardar los de su adorado como un tesoro, y hacerle entrega de los suyos… le pertenecían a Kyrus, aunque no podía pretender que fueran guardados como algo valioso.


Escuchó su queja pero poco le importó, era el único nombre que diría, en sus pensamientos siempre tendría a su esclavo, lo heriría una y otra vez con ese nombre. El cansancio empezaba a invadirlo, ese calor ardiente lo estaba quemando más de lo que podía hacer su fuego, pero, no era aquello que lo llevaba a la oscuridad, era todo, un agotamiento masivo por tanta pérdida de sangre, sus muñecas que dejaron brotar de nuevo ese carmesí al abrirse otra vez las heridas hechas por su propia mano, y ahora esa causada por la destrucción de ese hombre.

Sus parpados pesaron tanto que sólo se permitió sumergirse en la perdida de la realidad, el calor profundo que lo consumía desde sus entrañas, aún en el sueño seguía sabiendo la verdad que el otro deseaba ocultarle, no sabía cuánto tiempo pasaba, los horas incluso los días era polvo para él, y su cuerpo que se resistía a seguir ordenes naturales.
Un sumergimiento hasta la muerte le venía bien, no era importante despertar hasta saberse sano, pero, su magia, no, era mejor dicho esa magia, era tan extraña para él que dentro de su inconsciencia la estaba rechazando, estaba permitiendo apagar el fuego que siempre lo acompañaba, buscaba enfriarse hasta no quedar ni una chispa rojiza.

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Una respuesta a Ranjiv x Kyrus’s Song

  1. Suan dijo:

    Como siempre Ran es malvado xD
    Alli se ve como siempre tortura al pequeño e inocente Kyrus xD

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