Ranjiv’s Love Song


~Sadistic Love~
You lure me inside the darkness… SADISTIC LOVE
Since it’s a deep love, it hurts
I want to take control, depend on me, whimper in expectation
You made me have a dream
You fallen angel of temptation
You, a person so beautiful it’s almost cruel

Estado: Floja
Música que escucho: PAPERMOON (Tommy Heavenly6)
Download: Hetalia: The Beautiful World (cap2)

Endless Story: Suan y yo escribimos en simultaneo la historia del pasado de aquellos que poseen a Engel y Masamune. A continuación podrán leer parte del episodio en proceso titulado “Peligrosa obsesión“.


Una obsesión que había iniciado como rivalidad y admiración.
Como noble, a corta edad había comenzado a entrenar para desarrollar sus destrezas físicas y resistencia, preparándose así para ocupar el papel de sacrificio en el futuro. Kyrus había sido su oponente en el entrenamiento, su primer rival, aquel que no podía vencer en duelo de espada y que incluso había despertado habilidades mágicas primero. Su meta era superarlo.

Una obsesión que en cierto punto terminó volviéndose incluso interés romántico.
Con el tiempo había nacido en él un nuevo sentimiento por Kyrus. No solamente pretendía superarlo, lo deseaba. Quería dominarlo, hacerlo completamente suyo. Quería ser el centro de atención del otro. Había llegado a ser un amor obsesivo. Terminó de comprenderlo cuando descubrió que Kyrus tenía un amante, no podía soportarlo, los celos se apoderaban de él. “Algún día seré digno rival y merecedor de Kyrus”, se repetía.

Y había llegado el momento de cumplir su objetivo, finalmente. El cuerpo del hombre que había querido exterminar yacía frente a él. Estaba verdaderamente complacido sabiendo que aquel nunca más volvería a tocar a su obsesión. El filo de su espada de hielo había tajado el cuello del contrincante, acabando así la existencia que consideraba gran obstáculo. Kysley le había dado poca diversión, y entonces pensó jugar con él un poco más, aunque no pudiera hacerlo sufrir más, ver aquel cuerpo mutilado le daría mayor placer. –Me pregunto cuánto tardará en llegar Kyrus para reclamar tu cuerpo. Cuanto más tarde, más desfigurado va a encontrarte.-, habló para el difunto como si pudiera ser escuchado. –Los ojos de borrego triste con los que mirabas a mi obsesión, los odio.-, gritó clavando la espada en cada ojo. -¿Cuál zona de tu cuerpo será la siguiente?, ¿debería castrarte?…


Una batalla tras otra, sus tierras eran atacadas en unísono desde diferentes puntos, la sincronización de sus enemigos había sido esperada, el decidió ir en ese punto pues era el centro más problemático, necesitaba concentrar sólo estrategia, aunque los superaron en número aun así no permitía a nadie rendirse, y hasta él lo había acompañado aún cuando fuera un traidor.

Chocó su espada contra la de esos dos soldados que pensaban que tenian oportunidad contra él, y en un solo acto terminó con ambas vidas, pero, un fuerte latir se instaló en su corazón, no, no deseaba pensar que algo había sucedido. ¿Su hermano?, miró hacia donde este luchaba, sólo se notaba humo en el horizonte, estaba seguro que el soportaría hasta su retorno, pero de pronto un nuevo sentir le hacía girarse hacia donde había dejado a su juguete.
-¡Kysley!- Ese nombre que él le había dado se escuchó en un grito de voz desprendiéndose de sus labios, no, él no podía caer, aunque fuera un traidor no podía volver a cometer un crimen. Estaban en desventaja desde que llegaron a ese punto, se dio cuenta, pero, eso no significaba la derrota, no le importaba nada ya, en ese momento sólo debía de destruir al que osó tocar a su juguete.

-Llamas del infierno que lloran en delirio de carmín, ábranse delante de mis ojos y consuman cada ser vivo, consuman sus huesos, y perforen sus carnes hasta el más mínimo aliento olvidando de las cenizas de vida.-, conjuró conforme se iba acercando a donde yacía el cuerpo de su esclavo, el fuego se desataba con gran violencia, una llamarada que no veía entre enemigo o aliado, sólo consumía todo a su alrededor arrojando un golpe directo contra el que se veía como el culpable de aquel crimen. Lo apartó de aquel cuerpo que adoraba, viendo el daño que le causó cuando estuvo cerca, y se rodeó con fuego al sostener aquella persona.


Su espada fue pulverizada por las llamas ardientes, y su mano derecha quemada. Para no ser más herido, se protegió de aquel fuego que abrazaba todo a su alrededor formando una barrera.
-Llegaste más pronto de lo que esperaba, y yo que pensé que podría divertirme desarmando un poco más a tu muñeco…-, expresó disponiéndose a pronunciar un hechizo. Ese sujeto no merecía descansar tras la muerte en los brazos del demonio más hermoso, debía hundirse en lo más profundo del infierno sin consuelo.

-Humillado ante mi poder pereciste, ahora tu cuerpo ha de levantarse para servirme. Muévete bajo el control de mis hilos invisibles, como marioneta. Contagia la muerte a tus victimas.-, susurró.

Manipulado por su magia, el cadáver de Kysley atacó. El muerto mordió el brazo de Kyrus, con la suficiente intensidad para hacer que la sangre brotara. –Estás contaminado ahora. Ese cadáver no solamente se mueve a mi antojo, mi magia lo ha convertido en portador de un virus mortal. Tu cuerpo caerá enfermo, provocándote días de gran agonía hasta la muerte. Solamente un miembro de la familia Kadar puede detener el efecto, curarte del mal que se ha introducido en tu sistema. Si quieres sobrevivir, ríndete y entrégate a mí.


Odió a esa persona que estaba enfrente suyo bufándose de lo que había logrado, y es que derivó al único que realmente interesaba además de su hermano, no lo perdonaría, jamás en toda su existencia perdonaría a tal persona, no importaba que pasaran los años ese sentimiento seguiría existiendo enterrado en su cuerpo, de eso estaba seguro.

No esperó aquel movimiento al ser incompresible aquel hechizo a su lógica, y allí vio la ironía de aquello que estaba haciendo, como se atrevía a usarlo a él, eso no podía ser.

-Sangre de mi sangre que se funde en los delirios rotos, yo te invoco, funde tu control en el destierro de la conciencia muerta, purifica.- Purificó el poder sobre el cuerpo adorado, y cuando lo tuvo de nuevo en su poder le hizo una jaula mágica de protección que se extendía con lenguas de fuego pasivas, pero activándose hacia cualquier hechizo.
Vio la herida dejada en su cuerpo oyendo aquella respuesta, y rió por ello. -Prefiero mil veces hallarme muerto que rendirme ante una basura como tu.- Lamió sus dedos lentamente saboreando la sangre de su esclavo, esa que siempre probó día a día en todos esos años, disfrutó así como él le brindó de la suya, sólo por eso había podido anular el poder del otro, aunque no tan rápido como para no ser herido, pero no importaba. Lo único que de verdad importaba para él era que no se dañara la imagen de aquel que valía tanto como para seguir a su lado aún después de muerto. -Sólo le has ganado Kysley porque no hemos tenido descanso, si fuera una lucha justa no tendrías oportunidad.-, expresó abriendo entre él y ese noble un camino al desprender de ese sendero las llamas. -Nunca serás mejor que él, eres realmente patético.-, Descubrió aquel camino para atacarlo directamente con su espada, y aún cuando su cuerpo ardiera en los efectos de aquel veneno no importaba, debía de cortarlo en pedazos por humillarlo así.


Recreó una nueva y más resistente espada con su magia para frenar el ataque. -Deja de poner excusas para esa basura.-, replicó mientras su arma chocaba con la rival. Amaba verse reflejado en los ojos dorados de Kyrus. En un forcejeo logró apartar al contrincante, y tras un movimiento provocó que cayera. Se abalanzó dejándolo debajo del peso de su cuerpo, y clavó la espada contra el suelo, acercando el filo contra el cuello de este. Envolvió con cadenas invisibles el cuerpo rival, impidiéndole así movimiento alguno. –Podría hacer que las cadenas presionen tu cuerpo hasta romper algún hueso, pero eso sería una lástima. Admite tu derrota y júrame lealtad. Te divertirás conmigo.-, dijo deslizando una de sus manos entre la ropa del oponente, para jugar con sus dedos en el miembro viril ajeno. –Déjame darte placer para que olvides a tu juguete roto. Te haré sentir nuevas sensaciones que él no se atrevió a darte.-, dijo apreciando aquellas orejas felinas doradas que le despertaban un intenso apetito carnal. –Por ti me convertí en un poderoso león. Ahora no podrás escapar de mis garras, gatito.


Las espadas chocaron haciendo que la magia de ambos se repeliera como si se tratara de estática eléctrica, se veían rayos profundos que deseaban invocar una tormenta para la destrucción de su cercanía. Dio un medio salto hacia atrás antes de atacar de nuevo de un golpe bajo hacia arriba medio curvado, deslizando sólo el sonido de los golpes uno tras otro.

El golpe contra el suelo provocó que hiciera una mueca de dolor, pero no emitió ningún sonido. Escuchó esas palabras cuando sintió la repulsiva mano del otro, no sólo la sensación de esta sino también el crujir de aquellas cadenas contra su piel, era un arder que consumía al querer hacer crujir sus huesos, no era nada que quisiera realmente aceptar.

Gritó con fuerza haciendo que las ondas sonoras se concentraran en la emisión de su voz, no invocó ninguna clase de hechizo pues sólo lo pensó para poder deslizar ese evento sonoro, dejando que esa frecuencia repeliera al otro y destrozara su mente.

Atrajo de nuevo el fuego que se quedó en la espera de su orden, y lo rodeó quemando aquellas cadenas liberando su cuerpo. Sabía que estaba siendo imprudente al usar tanta magia a la vez, pero no quería ceder a la derrota.


El estridente sonido le provocó un fortísimo dolor de cabeza y un molesto silbido en el oído que no le permitía escuchar bien. Se sentía aturdido.

Su rival se veía agotado. Había vencido a varios soldados, el virus letal corría por su cuerpo, y sin tregua seguía en batalla, haciendo muestra del enorme poder que poseía. Lo consideraba un guerrero increíble, pero claro estaba que había llegando al límite. Había usado demasiada energía en pelea y la enfermedad le quitaba fuerzas.

-No está en mis planes dejarte perecer aquí. Te quiero vivo. Si murieras, entonces yo perdería el centro de mi existencia.-, declaró.
Comenzó a mover sus dedos delicadamente en el aire, acariciando las cuerdas de un harpa sin forma visible. –Magia en tus ojos, los parpados te pesan. Deambula entre sueños, guiado por la melodía que te dedico. Cuidado con el león que te asecha, hasta convertir tu sueño en la más horrible pesadilla.-, pronunció aquel hechizo para dormir al oponente, un encantamiento que de surgir efecto le permitiría capturar a su presa en el estado más indefenso.


Buscó incorporarse, debía de continuar atacándolo y hacerlo desaparecer por completo, aún cuando en ese instante no lo matara sería suficiente tiempo para recuperarse, aunque parecía que no estaba logrando albergar fuerza en su cuerpo pues notaba sus llamas opacas. El color que hacia avivar su dolor estaba empezando a consumirse con rapidez, no sólo ello, su cabeza empezaba a doler haciendo a sus sentidos girar en la confusión de su vista nublada.
Cerró los ojos, era muy posible que su existencia estuviera llegando a su fin por culpa de aquel veneno que fue inyectado en su cuerpo, pero aún bajo esa condición prefería mil veces morir antes de aceptar una derrota con esa persona que buscaba humillarlo, no tenía planes de ser un prisionero de guerra, eso no era algo que realmente le atrajera en ningún sentido, era demasiado orgulloso como para verse sometido bajo las ordenes de otro.

-Infierno oscuro, infierno de salvación que albergaste mi existencia en tu corazón, reproduce dolor y destrucción, vuelve a ser puerta de muerte, abre los pórticos del caos y desde tu seno señala con dolor a aquellos que osen revelarse a tu existir.-, empezó a invocar, era todo o nada con ese último ataque, alzando su mano para que en el centro de su palma se concentrara todo su fuego haciéndose una especie de aro que en el fondo albergaba noche.
Se negaba a escuchar aquella melodía, pero parecía que calaba hasta adentro de su propia mente, y dejando el ultimo fulgor de su hechizo de aquella oscuridad nacieron miles de flechas contra el otro, flechas en rojo carmesí que dejaban motas de fuego a su paso las cual se unían para aprisionar a su rival tras clavarse en su cuerpo.
No estaba seguro de que le hubiera tocado al otro pues su vista perdió lucidez en el sentido de enfoque, sólo veía sombras que también empezaban a desaparecer. Volteó hacia donde sabía que estaba su jaula de protección, pues aún lo sentía aunque débil, lo atrajo hacia él. Aún cuando fuera un traidor, y lo hubiera dañado de una forma que sólo su hermano logró hacer, lo prefería a su lado dentro de la muerte.
-Lazos eternos que se funden de un mismo corazón… Aquellos… que no pueden estar… Busque el encuentro… Mil veces dentro del destino único…-, empezó a emitir un hechizo, aunque su cuerpo ya no podía ir más en contra de aquel ataque mágico del otro, y estaba terminando por confundirse su consciencia para entrar al sueño obligado… No logró terminar aquel conjuro, y cediendo a la oscuridad no vio que el cuerpo de su amado esclavo se desvaneció entre un juego que quemó todo llevándose con él cualquier rastro de existencia, y con ello su nombre mágico que salió de su cuerpo en una mota de luz rojiza fundiéndose con aquello perdido albergando ahora solo frío en su cuerpo.


El hacer sonar la melodía del sueño le había dificultado la defensa frente al ataque adversario. Sin detener la música creó un escudo de defensa, mucho más débil que aquel que había producido antes. La utilización de dos hechizos en simultáneo requería un importante desgaste de energía. Logró detener lo más intenso de la lluvia de flechas de fuego, pero el impacto finalmente logró romper la barrera y algunas llegaron a rozarlo, quemando la tela de sus prendas y también la piel, provocándole un intenso ardor.

Su rival cayó sumido en los efectos de la magia de sueño. El vencedor hizo uso de la espada una vez más, para cortarse a sí mismo y verter su sangre en aquel cuerpo que ardía en fiebre. Aquel flujo carmesí, la sangre de un Kadar, era el único antídoto para ese virus.
Asegurado que su obsesión no moriría, era momento de volverlo suyo, reclamar el premio de la victoria. –Momento de morir y de renacer, acepta una vida nueva a mi lado. Un matrimonio negro decorado con lágrimas. Unidos bajo un mismo nombre, seamos sacrificio y luchador. Visión compartida por temor a la traición, ventanas del alma superpuestas.-, pronunció y luego besó el parpado derecho del noble derrocado. El ojo derecho de Kyrus había sido marcado con una nueva leyenda, Obsessed.

Obtuvo finalmente lo que tanto anhelaba, se sentía satisfecho. Cargó el cuerpo de Kyrus y se dirigió a su castillo. Sabía que cuando su felino dorado despertara no aceptaría fácilmente la realidad y y se volvería violento. Aún estando debilitado era un peligro, así que lo encerró en un calabozo que suprimía todo poder mágico.


La muerte llegaba a él, y aún dentro de aquella oscuridad preámbulo de su fin se sentía bien, estaría cerca de aquel destino que deseó compartir pero que fue negado por la influencia de alguien más, no importaba hasta donde tuviera que renacer, encontraría la época perfecta para hacerlo, deseando seguir estando unido a una existencia corrupta.

Su destino estaba consignado a sumergirse hacia la oscuridad, pero, alguien impedía ese sendero. Un destello frío como mil agujas contra su cuerpo, el fuego lo estaba consumiendo, estaba ardiendo, despertó de aquel letargo con un grito intenso al sentir que se incendiaba, y sólo hizo que desprendiera una llamarada de fuego contra aquella celda especial que no tardó en desvanecerse como humo.

Miró, observo ese lugar húmedo y oscuro, trató de levantarse pero sólo sintió el frío roce de cadenas, el trinar de ellas le reflejaron como ahora parecía ser un animal salvaje atado. Deseó invocar, emitir algún sonido, pero de sus labios no se desprendió nada. Gritó con fuerza, expresó mil y una maldiciones, pero sólo había silencio, uno que se escocía con el lamento frío que allí nacía.
Empezó a jalar las cadenas para arrancarlas de esas sucias piedras, y no le importaba el hecho de provocarse sangrar las muñecas donde se aferraba el metálico adorno, no, no importaba si terminaba desagrado, eso sería mucho mejor, así podía continuar su camino a la muerte como estaba escrito, pero antes debía de terminar con el infeliz que le hizo eso, cuando lo viera le arrancaría la piel vivo.


Un guardia le avisó que Kyrus despertó del hechizo de sueño, era hora de jugar con el nuevo sirviente. Ordenó que fuera liberado de su prisión, sin darle importancia a lo que suelto pudiera destruir. Estaba muy debilitado, tampoco creía que existiera tanto riego, el prisionero no estaba en su mejor estado para volverse caótico. Dejándolo tras las rejas buscaría desangrarse hasta morir, no permitiría que su obsesión lo abandonara de esa forma. Quizás darle algo de libertad le haría bien, conocería el sitio donde viviría de allí en más, y hasta podría descargarse matando algunos soldados si las fuerzas aún se lo permitían. El león simplemente permanecería sentado en su trono, observando los movimientos del gatito a la distancia con ayuda de la magia.

-Ojos cubran los muros del castillo, muéstrenme los movimientos del demonio perdido.-, recitó un hechizo para que las paredes de su fuerte cobraran vida y le transmitieran el preciso escenario donde su obsesión actuara.


Ardían aquellas heridas que se estaba provocando, y sus brazos ya estaban bañados en sangre, pero ni eso le hacía detenerse, sólo lo hizo cuando escuchó la pesada puerta de hierro abrirse. Miró a un par de guardias, uno se acercó abriendo aquellos grilletes, liberando sus manos ensangrentadas. No hizo nada por unos instantes, hasta verse completamente libre.
Notó que pensaron en ayudarlo, pero eso fue el primer error, porque al tenerlo confiado de sus herida le retiró su espada, y lo siguiente de saber de ella era que ya estaba enterrada en su vientre.
Deliciosa piel atravesada, eso era delicioso. Miró al otro, se levantó en un instante, titubeo pero cuando pudo moverse mejor atacó al otro que esquivó su primer golpe, haciendo el choque metálico crujir como eco por todo el calabozo. Le dio poca importancia buscando encontrar un espacio hueco y lo miró, le clavó la espada en el hombro haciéndole ceder en el peso del arma para cortarle el cuello.
Se apoyó contra la pared calmándose un poco, miró sus heridas, y luego sus prendas. Bueno, daba igual, no era de su gusto así que cortó pedazos de ellos para hacerse vendajes antes de continuar por aquel lugar, conociéndolo y buscando salir de allí.


Los ojos cubrían las paredes transformando el castillo en grotesco. Estos observaban al prisionero que se desplazaba como perdido en laberinto, buscando una salida a la que el león nunca le permitiría llegar. Un espejo reflejaba una visión selecta de aquellos millares de retinas, mostrándole al mago solamente lo que quería ver. A primera vista notó que el gatito se había apoderado de una espada, entonces supuso que los guardias del calabozo habían sido asesinados a sangre fría.

Vio que conforme avanzaba, su nueva mascota disfrutaba matando soldados. Le parecía hermoso descargándose tan violentamente, y estaba sorprendido por la agilidad de este a pesar de todo el desgaste que había sufrido en el campo de batalla.

Su deleite por las imágenes transmitidas llegó a su fin, inesperadamente el gatito se puso cariñoso con uno de aquellos siervos.


Volvió a andar tras sentirse un poco más estable, pero las basuras continuaban apareciendo causándole malestar, no le quedó más que defenderse con la espada pues aún cuando sentía magia en su cuerpo era tan diferente a la que solía sentir, y es que esta era mucho más desgarradora en un sentimiento que no comprendía del todo, y estaba claro que persona lo había atado sin su consentimiento, así que sólo la ignoraba.
Continuó sus pasos doblando en otro pasillo donde notó a un guardia que se hallaba solo, y viendo algo que le pareció interesante, al parecer poseía magia. Se fue acercando a él de forma pasiva, hablándole con palabras que endulzaban el oído antes de rodearle el cuello con sus brazos, le susurro al oído un trato adecuado, el cual estaba logrando efecto, este aceptó curarlo.
No le importaba comportarse de esa forma porque al final sólo se trataba de una estrategia, y en cualquier caso todo era válido, sólo era utilizar a los demás para lo deseado. Su cola felina se movió de forma lenta haciéndose doble tentación para aquel que pensaba que estaba ganando algo al brindarle curación a él. Siguió dejando palabras en su oído, era más como hipnotizarlo con ellas, y es que aparte de curación debía lograr que le llevara a la salida. Sintió la mano de ese guardia en su trasero, pero por ese momento lo podía tolerar ya que estaba aceptando, luego su felina cola rodeó aquella muñeca apartado.

Volvió a tener distancia de ese hombre cuando empezó a guiarlo hacia un camino, y aunque lo seguía estaba en alerta porque sabía que nada era fácil, menos cuando veía aquello en las paredes, no lo notaba completamente más que en parpadeos pero sospechaba de qué iba eso.


No soportó ese coqueteo. Aquel atrevido guardia que tocaba lo que no era suyo recibiría un cruel castigo. Ese hombre no era consciente de que se había metido con el prisionero equivocado, pero aún así había sido un error que pagaría caro. Y el gatito había excedido los límites de lo permitido, tenía derecho a masacrar a aquellos peones, pero no a tener esa clase de contacto con ellos.

Ordenó a su grupo de guardias de más confianza que arrestaran al soldado en falta. –Denle veinticuatro horas de tormento y luego mátenlo sin piedad.-, exigió. –Yo me encargaré del gatito.-, agregó abandonando su trono.

El grupo selecto rodeó al prisionero y al condenado. Uno de los encargados inmovilizó a Kyrus, mientras los otros rodearon al que tenía las horas contadas. Sin ser consciente de la gravedad de sus actos por no reconocer al rubio como el favorito del gobernante del castillo, y con una clara desventaja en número y poder, el soldado en falta se entregó sin oponer resistencia. Llevaron al que sería castigado a la cámara de tortura, dejando a Kyrus preparado para ser devorado por el león.


No tardó en sentir alerta, y no fue para menos, pues como si de la nada se tratara aparecieron nuevos soldados. Miró con detalle aquel uniforme que portaban, sabía reconocerlo, no por nada sabía quién era el dueño de esas tierras, un hombre que odiaba con toda su existencia por haber eliminado a su juguete favorito, eso jamás se lo perdonaría.
La desventaja era clara, pero aún así se movió para atacarlos antes de que lo tocaran, pero al parecer tenían claras órdenes de no tratarlo tan mal, pues sólo vio que lo limitaban, sintiendo mágicas cadenas rodearle en una triada al notar a los tres que quedaron a una distancia prudente de él sometiéndolo.
Maldijo por los bajos a verse atrapado así por esos peones, y si quería por lo menos salir de allí para prologar su entrevista con ese hombre debía de liberarse, era consciente de que la magia que ahora dominaba en su cuerpo no era suya, pero no pensaba sólo esperar pasivamente en ese lugar, prefería consumirse así mismo que hacerlo.

-Sangre de inocentes que rodean mi cuerpo os imploro su presencia delante de mí, que sus cadenas se abran y extiendan mi libertad hacia las tormentas eléctricas de la salvación.-, emitió aquel hechizo antes de notarse rayos desprenderse de su cuerpo chocando contra aquellas cadenas para romperlas, lográndolo, aunque eso mismo le provocó un mareo. -Que aquel sentimiento que está dormido se despierte por los ríos carmesí en los que deslizo mis dedos.- Tocó el suelo, y sabía que no se podía mover de allí caminando con tranquilidad entre esos hombres que eran por decirlo de la elite de aquel ejército de ese infeliz, así que emitiendo el hechizo hizo que bajo sus pies se abrieran agujeros negros atrapándolos. Sonrió, por lo menos se deshizo de ellos momentáneamente hasta que descubriera el trunco, le permitió respirar hondo para caminar aunque sólo podía hacerlo con el apoyo de la pared.


Provocó que Kyrus cayera inconsciente nuevamente bajo los efectos de la melodía del harpa mágica. Los ojos que cubrían los muros se desvanecieron. Liberó a los soldados aprisionados por la magia del felino dorado, estos se alejaron rápidamente del escenario en el que actuaría el maestro.

-Una imagen que se rompió regresará en una restauración momentánea. Una voz perdida volverá a ser escuchada. Nostalgia, déjame ser un espejo al pasado, un engaño que refleja una vida de antes que no puede ser olvidada.-, pronunció alterándose mágicamente para representar a quien después de muerto seguía viendo como rival en el amor. Aunque le desagradaba verse y escucharse como el otro, contradictoriamente deseaba ser aquel afortunado. Quería sentir el placer de recibir contacto voluntario por parte de su obsesión. Los ojos dorados que le expresaban desprecio lo excitaban, pero por una vez deseaba ser contemplado con un sentimiento diferente. Actuaría como el otro en busca de emociones de las que quizás nunca podría gozar siendo él mismo. Lo envidiaba por ser el elegido de Kyrus. Había ganado una batalla, pero no la guerra. Kysley aún después de muerto sobrevivía en la mente de su obsesión, sellar parte de la memoria de Kyrus por momentos le parecía la única solución para llegar a ser el primordial, aunque lograr aquel objetivo con magia le provocaría cierta insatisfacción.

Se acercó a Kyrus, para despertarlo de un breve sueño. Lo sujetó con gentileza, levantando mitad de aquel cuerpo que adoraba del frío suelo de piedra. –Amo, abra los ojos, despierte de la pesadilla-, susurró al oído del rubio.

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3 respuestas a Ranjiv’s Love Song

  1. Suan dijo:

    >.> Ellos son una monada xD aunque sigo pensando como moriran xD

    bueno ya te di unas ideas xD solo a que ver que hacen esos dos al final

    XD! terminar en tragedia eso es seguro

  2. Estos dos ya en el pasado tenía una relación conflictiva: Ranjiv/Masamune tratando de conseguir a Kyrus/Engel xD

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