Victim of Love’s Song


~Futatsu no Kodou to Akai Tsumi~
Shaking in red, in red, in red, to the edge of the dream, the dream
We met; destiny begins to turn; a secret that no-one, no-one knows
I fall, I fall, I fall, I certainly can’t return anymore, even if I carve out my sins
While I was walking in the abyss of loneliness, I was saved, by realistic eyes that never change
But a shadow born as the light is bright, deeply and pronouncedly creeps up to me

Estado: Enojada…
Música que escucho: Dont Speak (Sarah Menescal)
Download: 91 Days (cap8)

Segundo capítulo de las memorias de Conrad: “XVIII – La Lune”. Lamentablemente, el foro dedicado al Titanic fue eliminado. Egoísta decisión tomada por la administradora principal, falta de respeto para los usuarios. Éramos tres administradoras, me incluyo porque me habían dado el puesto. Si no podía encargarse más del sitio, bien pudo dejarlo al cuidado del resto, a saber por qué su decisión extremista. Aunque inconcluso, quiero añadir al blog este episodio. Dediqué tiempo a este personaje y no pienso renunciar a él, probaré insertarlo en un foro que preste a continuarlo como pasajero del Titanic, deseénme suerte.
Como preámbulo, les recomiendo leer “Manor”, obra sobre la cual se hace referencia en el presente episodio. Descubrí su existencia investigando sobre vieja literatura vampírica. Es un relato corto, de rápida lectura. Fue publicado por primera vez en el año 1884. Su autor es Karl Heinrich Ulrichs, abogado y activista gay de origen alemán. Click para descargar “Manor” en español.


Suite 18. La luna, según la cartomancia. Astro representante del lunático visionario sumergido en reino de los sueños y las pesadillas, con sus recuerdos estériles, sus esperanzas irracionales, sus fantasías engañosas, sus sentimientos confusos, sus influencias negativas del pasado, su masoquismo latente. Realmente no era un hombre de fuertes creencias divinas y esotéricas, pero el ocultismo siempre le había provocado curiosidad y le había dado funcionamiento como herramienta de ficción que sirve a literato, por popurrí de cultura general poseía ciertos conocimientos sobre aquel arte. Sin embargo ante una coincidencia así, podía decir que aquel número que lo acunaba lo definía tan perfectamente que irradiaba increíble “magia”, los azares del destino natural del hombre con sus tinos magistrales podían llegar a ser sorprendentes.

La luz del astro siempre revelaría la naturaleza bestial de los individuos y resaltaría las tendencias innombrables que surgían del abismo de la conciencia. Abrió su mente, dando una cordial bienvenida a la aventurera intrépida atraída por el misterioso poder de la luna. Trono de terciopelo rojo fue ofrecido a la princesa viajera, disponiéndola para degustar de la dulzura de una aperitivo que combatiría la amargura del torrente de palabras futuras. -Tarta Waldorf.-, presentó al exquisito bizcochuelo glaseado de chocolate con avellanas, que era exuberante centro de mesa. -Me atreví a pedir un adelanto de postre en la cocina. Confieso que desde niño algunas veces cedo a la dulce tentación sin respetarla como último plato de la cena. Más de una vez gané un regaño, sobre todo cuando la tentación había sido excesiva dejándome imposibilitado de pasar bocado.-, comentó divertido, añorando la época en la que era un crío mimado sin grandes preocupaciones a cuestas.


Rose había dado con la habitación de aquel caballero que conoció hace solos unos momentos, ingres{o a la misma en silencio cerrando la puerta tras de sí mientras se quitaba el abrigo que muy cordialmente le había ofrecido. -Muchas gracias por recibirme, Conrad, y por su gentil invitación.-, se acercó a la cama dejando el abrigo que ahora se encontraba impregnado con su perfume depositándolo ahí mismo quedando de pie al lado de la misma. Dio un rápido vistazo al lugar que era idéntico a su camarote solo que más pequeño. Accedió a sentarse sobre el pequeño sofá aterciopelado que le ofrecía sin decir una sola palabra tomando asiento. –Oh, gracias.-, dijo siendo sorprendida cuando él le mostró aquel exquisito manjar y algo que jamás que rechazara son los postres. -Aww, tarta, que rico, es muy amable, también me agradan las tartas y los dulce en general, y yo también solía y suelo llevarme regaños de mi madre a veces porque dice que perderé la línea comiendo esto, pero realmente no me importa.-, comentó observando el postre frente a ella.

Acomodó un mechón detrás de su oreja tomando un cuchillo que llevó al pastel, sacando un poco llevándolo a sus labios, saboreando el bocado, la textura y el sabor del mismo, realmente estaba exquisito. -Ups, perdón, lo siento, que maleducada y atrevida, debe pensar que no tengo modales.-, dijo apenada por la forma en que se estaba comportando, pero será que al estar lejos del mundo por unos momentos se sintió libre, libre de ataduras y de la sociedad hipócrita en la que vivía, dejando salir a la verdadera Rose que dormía en ella y que pocas personas conocían, la joven apasionada y sin tapujo que se escondía del resto del mundo por el miedo al que dirán. Dejó el cubierto a un lado con la mirada cabizbaja. -Conrad, ahora que estamos solos, puedo preguntarle qué es lo que le aflige tanto a su corazón, es algo que noté en su mirada cuando lo vi por primera vez, es como si en su interior estuviera viviendo un dilema que no llego a comprender.-, su vista subió para mirarlo a los ojos con infinita ternura.

Se hizo a un lado golpeando suavemente el cojín, indicándole que había un lugar a su lado. -Se que nos acabamos de conocer y tal vez yo no sea una mujer experimentada, pero la vida se ha encargado de golpearme muy duro a pesar de mi corta edad y conozco el dolor mucho más de lo que muchos puedan pensar.-, hizo una pausa pensando en un breve instante todo lo que pasó a lo largo de su vida, la muerte de su padre, las exigencias de su madre, estar con un hombre que no ama y que muchas veces reacciona violentamente al límite de golpearla, su vida no era justa, pero lo único que podía hacer es agachar la cabeza y aguantar. -Aún así… Quiero de alguna manera poder ser una compañía, alguien grata para usted, quizás cuando el barco atraque en Nueva York, el destino nos lleve por caminos diferentes, pero mientras el viaje dure, déjeme acompañarlo.-, sintió una mezcla de sosiego y sinceridad mezcladas, guardando silencio mientras se abrazaba a sí misma.


Habíase servido una porción de aquel postre, sin embargo lo dejó reposar inexplorado en un platito que se encontraba sobre la mesa, limitándose a contemplar el disfrute ajeno. La imagen ante sus ojos era lo suficientemente dulce para deleitar sus sentidos, inevitablemente su glotonería se centró en el saboreo de la tierna escena. -En mi suite tiene prohibido disculparse, le advierto que voy a enojarme si vuelve a hacerlo.-, sentenció regañándola en forma amistosa, buscando librarse ambos de tanta formalidad. Voz gentil preguntó sobre el asunto que lo afligía, en definitiva hablar sobre sus problemas más íntimos era lo que los había allí reunido, y sin embargo dudó sobre el amargar la encantadora noche con tragedias. Pronto acortó distancia, pasando a ocupar un lugar en el trono para dos donde se encontraba la dama. -Relájese, muchacha. El disfrute, es lo primero. Le confesaré que creí que sería la entrada ideal para nuestra velada, porque según dicen… El chocolate posee propiedades afrodisíacas. Su madre no percibiría su azucarada travesura si hiciéramos algo de ejercicio para subsanar…-, comentó continuando el jugueteo sugestivo. -Soy un maleducado y atrevido, lo sé. Sin embargo no planeo disculparme, no me hago responsable de mis actos.-, concluyó la frase con una delicada caricia que recorrió la mejilla de la pelirroja.

Habíase acercado con la intención de probar el dulce sabor directamente de la carnosidad de aquellos labios, de la humedad de aquella boca, sin embargo de pronto sufrió una parálisis poseído por el recuerdo. Esa mano que acariciaba estaba decorada por un símbolo de unión eterna, que lo dominaba con su peso pesado encadenándolo a un invisible amante. Era un anillo permanente, los delicados trazos en color negro condecoraban su piel, evocando un compromiso nupcial de antaño. Era una exigencia de un Denzel celoso, que había reclamado una alianza como pacto de amor. Alguna vez, ese tatuaje de boda secreta se camufló bajo una insignificante argolla dorada, para aparentar ante los ojos de los otros compromiso con una mujer que, aunque apreciaba de cierta manera, jamás amó. Pero desde hace tiempo, precisamente desde la ceremonia fúnebre de Montserrat, había fundido el oro dejando al descubierto la marca que, aunque también desgraciada, representaba unión con su único considerado amor. La inoportuna remembranza interrumpió el contacto, los alejó en el espacio. Tomó distancia sin dar una explicación, sintiéndose doblemente culpable… Un infiel, ¿acaso no estaba surcando mares para reencontrarse con su esposo? Un perverso, ¿corrompería a una virgen impulsivamente desesperado por conseguir algo de cálido consuelo?, ¿pretendía convertir a esa señorita en una mera temporal ramera?

Sin poder seguir soportando ver su culpa reflejada en ojos inocentes, se alejó aún más, acercándose al lecho sobre el cual se encontraba su valija abierta, de donde sacó un libro ligero titulado “Manor”. Lo abrió, contempló la vieja fotografía adherida en primera página, acarició al muchacho que posaba a su lado con pesares… -Mi amor me condujo hasta aquí. En mi tumba no he podido alcanzar la paz.- expresó fragmento que bien definía su actual circunstancia, uno de los diálogos que conocía de memoria de principio a fin. Fue la obra favorita de Denzel, cual alguna vez interpretaron juntos, fogueando con cada acto sus oscuras pasiones prohibidas. -Inexperimentada, usted se definió. Una adolescente con las hormonas alborotadas, y una ingenua, yo así la definiría para ser más preciso.-, soltó comentario feroz y volteó para reírse en la cara de la incauta. -Realmente su prometido debe ser pésimo para satisfacer a una mujer, como para que usted ose adentrarse en cueva de lobo. Más lamento informarle que se me prohibió probar la mercancía. ¿Rico el pastel, no?, gracias a un ingrediente especial pronto será la bella durmiente del bosque. Quizás la suerte le sonría, y su comprador sea un hombre más interesante que su prometido.-, declaró en el escabroso papel de villano. Quería darle una lección de vida a esa niña confianzuda, quien seguramente desconocía el duro golpe de la infame traición.


Se mordió el labio ruborizada completamente sobre todo por ese regaño amistoso. -Oh dis… De acuerdo, no volverá a suceder.-, aún apenada por lo ocurrido, aprovechó para tomar el tenedor y cortar un poco de pastel llevando un pequeño bocado a su boca, para degustarlo con más calma, sin embargo el mismo se quedó detenido en su garganta cuando escuchó aquel comentario un poco atrevido y esa tierna pero insegura caricia. Tragó con un poco de dificultad, pero aquel acto no duró demasiado al verlo detenerse con cierta culpa en la mirada, mientras poco a poco se iba alejando de ella. No hacía falta saber demasiado para darse cuenta que un gran pesar lo afligía, un gran dolor lo acongojaba, tal vez no llegaba a comprender la magnitud del mismo, lo cual provocaba que sintiera nostalgia, pena por aquel desconocido que despierta en ella ternura apiadándose de la situación aún desconociendo la razón.

Lo observó alejarse aún más dirigiéndose a su cama, sacando de su valija lo que parecía ser un libro y acariciar el mismo con cierta nostalgia, aún quedando más anonadada por sus palabras. -El amor es un pesar que aun no he experimentado, así como es una delicia también es el gran pesar de muchos.-, se limitó a decir, es verdad ella jamás había sentido amor, el amor puro que una mujer puede sentir por un hombre, tampoco la vida había sido negligente con ella en ningún aspecto, solo golpes, ordenes de una madre que solo le interesaba no perder la fortuna basándose en un buen apellido manchado y tapado por grandes deudas que su padre le adjudicó, un casamiento o una muerte en vida como ella solía llamarlo, golpes e insultos en ocasiones cuando algo de si le disgustaba a su prometido quien siempre la observó como un premio, un gran premio para la colección de triunfos de los Hockleys… Cosas que tal vez podría compartir con él si le daba oportunidad, pero eso no sería como ella pensó. Se puso de pie acercándose a él a paso lento cuando observó la forma en que la miraba y esas palabras que fueron un frio puñal que no esperaba de ninguna manera por parte de él.

En ese momento sintió que la sangre se le helaba, sintió miedo. Un miedo que pensó que solo Cal podía ocasionar, pero es que acaso todos los hombres a los que se acerca eran despiadados y aprovechaban que ella era un mujer indefensa, joven, cualquiera podría humillarla, pasar por encima de ella. No, eso se acabó, si tendría que mostrar su otra cara lo haría sin vacilar, esta vez no se dejaría intimidar. La serenidad de su rostro cambió a un semblante más serio y a la vez denotaba tristeza. -Sabe, tal vez tenga razón, si soy inexperta, pero no soy una adolescente con las hormonas alborotadas y si ingenua… Por venir aquí con buenas intenciones y solo llevarme una decepción, pero sabe algo, no es la primera vez que me pasa, aún así sigo pensando que no todas las personas que conozca serán malvadas… Pero es claro que en mi entorno y mundo si.-, soltó ante aquella risa malvada. – Es más…-, dijo acercándose con una postura de osadía hacia el escuchando lo que tenía que decir.

Respiró hondo mirando el pastel con cierto temor, pensando si el mismo había sido una treta para dormirla y ser una víctima de sus abusos. -¿Eso es lo que cree?… ¿Que estoy con mi prometido porque me interesa o lo amo?, no, para nada…-, dio media vuelta regresando al sofá para tomar asiento mientras una lágrima resbalaba por su mejilla, que al instante limpió para no demostrar debilidad. – NO amo a Caledon, ni siquiera me agrada, hace un año que vivo un infierno con él, ¿y quiere saber la razón?, porque mi madre me exige que me case con él, porque de eso depende nuestra supervivencia, me da asco cada vez que me toca ,cada vez que debo “cumplir” con mis deberes de “esposa” abnegada, que se acerque a mi suplicando que abra mi corazón hacia él regalándome diamantes estúpidos o cualquier obsequio estúpido, como si de esa forma pudiera ganarse mi cariño…-, soltó con violencia abrazada a sí misma, quería escapar de ahí, marcharse a su camarote y acabar con su vida de una maldita vez, para qué continuar si el mundo estaba lleno de injusticias, lleno de dolor, ¿realmente valía la pena seguir con eso? No, por supuesto que no, pero cómo marcharse del lugar, ¿acaso debía actuar con impunidad para lograrlo? No, esa no era su manera de ser, por el momento se quedaría hasta que encontrase la forma de poder escapar.


La escuchó en el descontrol traumático, desembuchando respuesta que hacía frente a la adversidad con fiereza, y sin embargo reconocía como cada una de esas palabras de descarga eran contraproducentes, porque herían profundamente a la campeadora que las declaraba en voz alta. Deseó abrazarla para calmar el efecto del veneno, no importaba si en el intento aquella rosa le desgarraba la piel con el filo de las espinas… Pero apenas se movió un paso en el espacio, escuchó voz fantasmagórica de consorte, regañándolo por la falta de firmeza de un padre digno. Montserrat alguna vez lo había cuestionado, porque cuando se disponía a mostrarse firme ante el hijo que necesitaba una reprimenda, se ablandaba en cuestión de segundos perdiendo así el sermón toda credibilidad. Esa mujer que había sufrido dementes exigencias familiares no pretendía condenar a una vida infeliz llena de privaciones e imposiciones al adoptado, pero con buen criterio demandaba que ellos dos como figuras paternas tampoco debían permitirse caer en el otro extremo, no quería ser responsable de una precaria crianza que condujera al menor al desenfreno absoluto. Entendía el punto expresado por la joven Rose, desconfiar de las intenciones de los otros constantemente era un error, él lo cometía así que bien lo aceptó como crítica. Sin embargo, haber accedido con tanta ligereza a una invitación de tal índole de parte de un recién conocido, podía considerarse irse al otro extremo, le resultaba preocupante. Así que, por el momento se contuvo, mantendría un poco más de tiempo el escarmiento para que dejara marca más profunda.

-Le diré, tuve dos teorías respecto a su compromiso. Si imaginé el completo desamor hacía su prometido. Después de todo, en esta sociedad alienada no muchos gozan la libertad de elegir a su compañero de vida. Y su decisión de visitar recamara de un desconocido que la ha estado galanteando, reflejó la carencia de significado de ese compromiso para usted… Eso, o estaba sufriendo síndrome de enamorada desatendida por su hombre, y accedió buscando consuelo, más también cierta necesidad de venganza hacía el descuidado. Bien por usted que no sea lo segundo, tanto amor y sufrimiento dedicado a alguien que no vale la pena es un delirio, las personas podemos llegar a ser realmente patéticas.-, respondió a la indignada dama, insultándose a sí mismo. Tiró el libro sobre la mesa, y en un ataque de exasperación lo acuchilló precisamente perforando sobre el lado donde reposaba la imagen de Denzel, sellándolo en aquel sepulcro vampírico de añejo papel. -Ya está bien clavado. Ahora sí que nunca más saldrá de esta tumba.-, concluyó el rito susurrando dialogo de la obra. Más no tardó en reírse de su estupidez, esos hombres se habían equivocado después de todo, mientras el vampiro continuara viviendo en el altar de los recuerdos siempre podría volver a ser invocado…

-Espero que sea una buena chica, y me facilite el trabajo. Las mujeres gritonas son un fastidio. Si llega a chillar en son de que la socorran… Bueno, dudo que en este horario, donde todos se preparan en el salón comedor, alguien llegue a escucharla. Y si acaso cree ingenuamente que ante su falta en la mesa comenzarán a buscarla, lamento informarle que se equivoca. Su gente ahora está muy ocupada escuchando unas propuestas interesantes de parte de unos camaradas míos, si bien los conoce no le sorprenderá, esos avaros egoístas seguro siempre se ocupan más del dinero que de usted. Más le advierto que si intenta ponerse rebelde solamente ganará un castigo, realmente no me gustaría tener que tajar la piel de tan bellísimo espécimen, sería una verdadera lástima.-, sentenció jugando con uno de los cuchillos entre sus manos. -Desvístase, y expóngase sobre la cama. Es una orden. No tardará en llegar mi jefe junto a un posible comprador, hay que darles una presentación sugestiva que los bien impresione…-, exigió decidido a volver la actuación más perturbadora para lograr fuerte impacto sobre aquella espectadora participante. -Una adolescente con la cabeza repleta de fantasías romanticonas, como lo es usted, dudo que pueda encontrar placer alguno en que la toque un hombre cualquiera. Si tiene suerte, el efecto de la droga se manifestará a tiempo, será dulce anestesia que le evitará el amargo sufrimiento de ser manoseada por un hombre que no desea…


Rose se encontraba entre la espada y la pared, pecó de inocente tal vez mas allá de lo que realmente era y el tiro la salió por la culata. Buscando amistad y pasar un tiempo alejada de su familia, tuvo que haberlo hecho con alguien conocido. Tendría que haber buscado al señor Andrews, él seguramente le hubiese brindado lo que realmente buscaba, un amigo… Una persona a quien poder brindarle su amistad, pero aunque así lo quisiera él al igual que Caledon pertenecían al mismo círculo de amistades. Ahora si se encontraba completamente sola, lo único que quería en ese momento era morir, que todo acabara, poder reunirse en el más allá con su padre, se encontraba completamente segura de que ya no tenía ningún sentido la vida, solo restaba terminar con todo esto de una buena vez, y utilizaría a aquel hombre para su propósito, tal vez después de todo no fue mala idea haber aceptado la invitación… Ella saldría ganando.

De golpe su semblante que denotó miedo y ansiedad se tornó lleno de parsimonia y templanza, ahora él conocería el otro lado detrás de rostro que la chica muestra a diario.- Se lo que piensa, en esta sociedad que vivimos donde las mujeres solo somos simples juguetes de los hombres, pero se equivocó muy feo conmigo, pues el sexo no es lo que busco, es más, si mi prometido estuviera revolcándose con medio Titanic me importaría un bledo, yo no busco ”consuelo”, no soy una ramera.-, suspiró regresando para tomar asiento nuevamente en el sofá observando como aquel libro era rasgado por el cuchillo, pero no se inmutó, aquella mirada que irradiaba alegría había sido cambiada por una fría, opaca y lúgubre, que no expresaba absolutamente nada, ni siquiera el miedo que sintió al principio, haciendo caso omiso a las palabras anteriormente mencionadas, sacando un pequeña broche de su vestido para recoger su cabello nuevamente, tal vez hoy si llegaría un poco más tarde a la cena, lo que no sabía era que si Lovejoy andaba cerca podría escucharla y si debía tumbar la puerta abajo lo haría. Si, ella saldría ganando de todas formas.

Alzó una ceja sin comprender hacia donde iba la charla. -¿Gritona?… Si, es lo que debería hacer, porque aunque todos estén en sus mesas cualquier personal del barco podría venir en mi socorro.-, tuvo ansias de hacerlo, de gritar a viva voz, pero no ahora o su plan no se llevaría a cabo.-, así que unos colegas suyos, seguramente sea como usted dice.- Lo que él no sabía era que a Ruth jamás le interesó tales temas y que sería cuestión de tiempo para que saliera a buscarla, pues ella nunca se cambiaba si Rose no estaba cerca, claro si Trudy no se adelantaba. Giró negando sin importar lo que él pudiera hacer. -Lo siento, pero no pienso desnudarme ni mostrarme ante desconocidos, podré ser una adolescente alborotada o ese es el concepto que tiene de mi, pero se equivoca, soy una mujer decente, no dejaré que nadie me ponga un dedo encima, de la única manera que podrá tenerme es asesinándome aquí mismo, es mucho más fácil desnudar a un cadáver, se lo aseguro.-, se puso de pie una vez más, esta vez cruzándose de brazos con un postura desafiante, claramente poco le importaba si aquel hombre hacía efectivas sus amenazas, después de todo era lo que ella buscaba.

Expuso sus manos y brazos sin mover ni un solo retaso de su vestido, jamás se mostraría desnuda ante nadie, a menos que realmente lo desee y se sienta cómoda, pero eso jamás ocurriría porque jamás podría conocer el amor que tanto anhelaba. -Bien, que está esperando, o piensa que le tengo miedo, tal vez al principio pero ahora no, estoy preparada para todo… No soy una mujer débil aunque lo aparente, como dije la vida se ha encargado de adiestrarme y formarme, el dolor es algo con quien convivo a diario, nada me escarmienta o me sorprende ya.-, caminó hacia la puerta abrazada a sí misma, intentando mantener escondido el pequeño broche que había encontrado en su bolsillo y con el cual pretende abrir la puerta…


Extremo, ¿acaso él no había traspasado el límite con el continuar su actuación hacia la depravación, convirtiendo la velada en un frenesí caótico? Lo pensó más sin embargo sin arrepentimiento alguno, porque su acto había logrado desnudar esa alma de toda mesura, exponiéndola en su máxima expresión autentica. En definitiva, las situaciones extremas podían hacer revolotear hacia la superficie lo mejor y lo peor de uno. – Débil. Veo que no, usted posee gran poder verbal e impetuosos sentimientos humanos. Realmente no creo que esos atributos innecesarios atañan a un impuesto amante, transformarla en eterna muñeca efectivamente sería la más práctica solución para su comprador… Miedo. Ciertamente, por lo que expone, ¿por qué habría de tenerlo? Usted ya no teme a convertirse en muñeca inmóvil que decore lecho sepulcral, porque bien conoce lo que se siente ser mera marioneta de perversos titiriteros, ¿o me equivoco? Después de todo, quizás ser muñeco embalsamado sin sentimientos sea una salvación…-, expresó invocando en su memoria al cuerpo inerte de Montserrat, yaciendo liberada de cada macabro hilo que la había unido a infaustos demonios. Él inclusive, aunque había intentado funcionar como un ángel aliado, podía figurarse como uno de aquellos horrores en la vida de la mujer.

-La mayoría de las relaciones se fundan puramente en el utilitarismo, diría que ese es el problema principal de esta sociedad, enseña que somos meras herramientas para conseguir status, en el proceso menospreciando el valor que tiene un ser humano… Realmente usted debe desesperar a ese hombre… Su señor prometido simplemente actúa en armonía con las leyes de este mundo. Después de todo, cuantas mujeres se dejan cegar por el brillo de esas piedras preciosas, decorando así un compromiso sin amor… Pero usted le rompe el esquema, ese brillo para usted es insustancial, desea un tesoro invaluable que él no sabe como otorgarle. Usted no se revolcaría en la mierda para conseguir ese brillo insípido, frígido, porque usted requiere un brillo más intenso que mejor combine con su propia destellante calidez… Realmente no la he estado menospreciando por ser una fémina. Lo que usted ha vivido aquí hoy, como víctima, lo ha sufrido más de un mortal. Solamente quería alertarla sobre los monstruos que se ocultan bajo el brillo de las mascaras perladas por la hipocresía, vivimos constantemente en un siniestro carnaval… Están quienes juegan el papel de esposos y esposas sin sentir verdadero amor, quienes juegan el papel de ser aliados escondiendo las dagas de la traición…

Tomó un largo trago del licor que se encontraba servido sobre la mesa, como sedante, preparándose para declarar su propio testimonio. -”Los vampiros de Londres”, fue un grupo parasitario dedicado a engatusar astutamente a la clase alta. Ellos jugaban el papel amatorio, amistoso o familiar, dependiendo de las necesidades de las víctimas. Di asilo a uno de ellos, sin saberlo. Cuando lo conocí, lo consideré como un diamante que requería ser pulido con cariño para poder exponer su máximo esplendor, quería enseñar al mundo ese exquisito brillo que unos infelices llamados “dueños” buscaban opacar. Le abrí las puertas, le permití entrar en mi familia, en mi hogar, en mi corazón, en mi cama… Lo acuné como a un hijo, lo admiré como mi colega, y llegué a desearlo como amante… Quizás si hubiera indagado en un principio sobre su origen, algún dato pescado hubiera podido advertirme… Él se cruzó en mi camino siguiendo un plan maléfico, cuando lo descubrí ya era un caso irremediable, ya no supe en qué creer. Había vivido con ese individuo los meses más felices de mi existencia, pero entonces solamente parecía un sueño inconsistente. No me había enamorado de un ser autentico, me había enamorado de un personaje malicioso creado para estafarme, me había dejado cegar por un brillo ilusorio. Y sin embargo, ingenuamente, me esforcé por creer que realmente llegó a estimarme, que había tomado interés en mi persona más que en mis propiedades. Después de todo, si yo había llegado a verlo como algo más que un hijo, ¿acaso no pudiera ser que él dejara de verme como un simple puente para alcanzar el glorioso trono?

Se quitó la camisa, dejando ver las cicatrices trazadas sobre la piel de su espalda, aquellas que el tiempo no había logrado borrar. -Descubrí esa verdad el día que su gente nos atacó. Aparecieron para castigarlo, porque habían descubierto que había traspasado los límites de su rol inicial. No creo que eso fuera reprochable para cualquier miembro, fue porque él era diferente… Él era amante del jefe de esa mafia, así que fue tachado como infiel traidor. Fue curioso, sabe. Como mi hijo, mi heredero, él pudo quitármelo todo. Solamente le bastaba ganarse un lugar en la familia, nuestra confianza, nuestro apellido, y luego hacerme sufrir un accidente desafortunado para quedarse con mi fortuna. ¿Qué más podía ganar fingiéndose mi enamorado?, me pregunté. Quizás su ambición era tal que buscaba que borrara a mi esposa de todo título de propiedad, para así manejar hasta el último centavo solo, pudo parecerle más fácil y menos sospechoso que tener también que borrarla del mapa. O tal vez se revolcaba conmigo por algún episodio de resentimiento hacia su jefe, su relación era complicada. ¿O pudiera ser acaso que realmente se había enamorado de mi? La verdadera respuesta no la sé… Bueno, al menos en una cuestión acerté cuando lo elegí, aquel joven tenía las facultades de un actor formidable.

Volvió a cubrirse con la camisa dejándola a medio abotonar, y tomó otro trago de aquel licor antes de proseguir con su historia. -Cuando lo perdí, moví todos mis contactos buscando pistas sobre su paradero, incluso me metí en circunstancias peligrosas para encontrarlo, pero todo fue inútil. La última vez que lo vi agonizaba de dolor ante las torturas de su jefe… Así que llegué a aceptar que había muerto… Hace muchos años había dejado de buscarlo, aunque sin dejar de recordarlo cada día. Sin embargo recientemente me llegó una información inesperada, increíble… El reencuentro es posible, por eso me dirijo hacia tierras americanas… Soy tan iluso, que realmente no embarqué con la finalidad de decepcionarme completamente para poder superarlo, lo hice por el anhelo de tener una nueva oportunidad para volver a profesarle mi amor. Subí a este barco sonámbulo en medio del ensueño, sin embargo ahora que espabilé me domina la cobardía suscitada por la realidad. Todos estos años me aferré a mi versión favorita de la historia, y llegar a descubrir que me enfrasqué en un completo engaño, irónicamente mantenido por mi mismo… Sería un golpe fatal. Soy un hombre patético, que prefiere continuar cegado por el brillo de una joya falsificada.

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